En el marco del Foro Anual Innovación para el Desarrollo I+D /Humanamente: Salud mental, el activo para el desarrollo, realizado el jueves 22 de octubre en Bogotá, la discusión sobre el bienestar psicológico tomó escala internacional con la ponencia “El estado emocional del mundo”,a cargo de Dan Foy, líder de investigación global de Gallup en Estados Unidos.
Respaldado por el seguimiento demográfico que realiza anualmente la encuestadora en más de 140 países, Foy explica cómo las mediciones de bienestar han dejado de ser simples estadísticas de percepción para convertirse en indicadores determinantes de la competitividad económica,la confianza comunitaria y la estabilidad de las naciones.
En diálogo con SEMANA,el investigador profundizó en los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones frente a las plataformas digitales y la urgencia de redefinir las políticas públicas para salvaguardar el tejido social.
SEMANA: ¿Qué emoción predomina en el mundo actual y qué revelan las mediciones globales al respecto?
Dan Foy: Es una excelente pregunta. En términos generales, todavía vemos que las emociones positivas predominan a nivel global: la gran mayoría de las personas en el mundo se sienten respetadas, disfrutan de sus días, ríen y viven experiencias gratificantes. Sin embargo, al mismo tiempo hemos observado una tendencia realmente preocupante durante los últimos 10 o 15 años: algunas emociones negativas han comenzado a aumentar de manera sostenida. Mientras las emociones positivas se han mantenido prácticamente estancadas, hoy la gente reporta con mayor frecuencia preocupación,estrés y rabia; estados que hace 20 años simplemente no eran tan comunes como lo son en la actualidad.
SEMANA: Estos hallazgos forman parte de las mediciones de Gallup. Es fundamental comprender qué está ocurriendo a nivel global. ¿Qué nos muestran los estudios de Gallup sobre este panorama?
Dan Foy: Es fascinante profundizar en los datos emocionales para entender la experiencia humana. A través de la encuesta mundial Gallup World Poll, durante 20 años hemos consultado anualmente a personas en más de 140 países,entrevistando a ciudadanos del común mediante métodos que nos permiten representar fielmente a cada nación en su conjunto. Sabemos que las emociones están estrechamente vinculadas a aspectos cruciales de la vida: por ejemplo, cuando las personas enfrentan dificultades severas, esto predice con gran certeza un incremento en las emociones negativas. Por el contrario, cuando gozan de mayores niveles de bienestar, experimentan emociones positivas con regularidad.
Al hablar de bienestar nos referimos a algo mucho más integral. Las emociones son fluctuantes: cambian día a día e incluso hora tras hora; podemos sentirnos muy bien en un momento determinado y no tanto después. En cambio, evaluar el bienestar implica tomar distancia y preguntarnos cómo marcha nuestra vida en su totalidad, observando la relación entre nuestra comunidad, nuestras conexiones sociales, la salud física y el sentido de propósito en el mundo, y analizando cómo estos factores determinan resultados trascendentales.
SEMANA: ¿De qué manera el estado emocional de la población determina la productividad de las empresas y la estabilidad de un país?
Dan Foy: Es una gran pregunta. Para abordarla, me gustaría comenzar desde el nivel individual y avanzar hacia lo macro. A nivel individual, nuestras investigaciones demuestran que cuando nos va bien en la vida y prosperamos en múltiples dimensiones, somos más productivos, más saludables, nos sentimos más a gusto en los lugares donde vivimos y aportamos mucho más a nuestras familias y a nuestros trabajos.
Al trasladar esto a las organizaciones, sabemos que aquellas que cuentan con más empleados prósperos registran menores tasas de rotación y ausentismo, una mayor productividad y un compromiso laboral notablemente más elevado. Por lo tanto, las empresas que se enfocan en promover el bienestar y en ayudar a sus colaboradores a florecer logran diferenciarse con claridad frente a las que no lo hacen.
Pero el impacto va más allá. Cuando pasamos del ámbito organizacional a la sociedad en su conjunto, observamos que en aquellas sociedades donde la mayoría de las personas prospera existen mayores niveles de paz, mayor confianza en las instituciones y mejores indicadores de salud pública. Por el contrario, en entornos marcados por el conflicto y la polarización social, el bienestar de la población se desploma con rapidez. Incluso quienes no se ven afectados directamente por la confrontación sufren el impacto de vivir en ese clima, el cual genera una carga constante de negatividad en sus emociones y en su calidad de vida.
SEMANA: ¿qué diferencias existen entre hombres y mujeres frente a estas emociones y al bienestar?
Dan Foy: Es una pregunta muy pertinente, aunque revela una realidad dolorosa. Al analizar las emociones negativas a nivel global, encontramos que las mujeres son significativamente más propensas a experimentar emociones negativas en su día a día que los hombres. Gran parte de esta brecha obedece a la sobrecarga de responsabilidades que históricamente ha recaído sobre ellas en los hogares, el cuidado de los hijos, la familia y las diversas exigencias sociales.Otro de los aspectos que evaluamos en la encuesta y que siempre llama mi atención es si las personas se sienten seguras caminando solas de noche en el sector o ciudad donde residen.
Como es previsible, existen diferencias muy marcadas entre hombres y mujeres a nivel global. Sin embargo, un hallazgo revelador es que las brechas más pronunciadas no siempre se presentan donde uno imaginaría: muchos de los países con mayores disparidades entre géneros pertenecen a la Unión Europea, donde caminar solo de noche no implica los mismos riesgos extremos que podrían vivirse hoy en lugares en conflicto como Ucrania. Esto demuestra que, incluso en naciones con un alto nivel de desarrollo material e institucional, persisten profundas desigualdades en la experiencia de vida cotidiana entre hombres y mujeres, lo cual evidencia que todavía queda un largo camino por recorrer.
SEMANA: ¿cuál es la situación de los jóvenes, los niños y las nuevas generaciones?
Dan Foy: Existe una preocupación generalizada por la juventud. Hay varios aspectos que resultan particularmente elocuentes. Enfocándome en el caso de Estados Unidos, donde medimos estos datos con regularidad, vemos que hacia 2010 casi dos tercios de los jóvenes se consideraban prósperos en su vida cotidiana; hoy esa cifra ha caído al 44 %. Se trata de un desplome de 20 puntos porcentuales en el bienestar juvenil en apenas 15 años.
¿Qué explica este fenómeno? Tengo la teoría de que guarda una relación directa con la tecnología, los medios digitales y la transformación de nuestros vínculos sociales. Las redes sociales representan un tema complejo: poseen elementos muy positivos, pero también dinámicas sumamente desafiantes. Nuestros datos constatan que a medida que aumenta el uso de las redes sociales, se incrementan las emociones negativas y disminuyen las positivas.
A esto se suma lo que la investigación nos enseña sobre lo que constituye una buena vida: el contacto comunitario, los lazos humanos reales y el bienestar físico. Al observar el panorama mundial, encontramos que casi el 20 % de los jóvenes afirma pasar cinco horas o más al día en redes sociales. Es una cantidad enorme de tiempo. Si dormimos ocho horas,pasamos cinco en pantallas, y debemos estudiar, trabajar, comer y cuidarnos, prácticamente no queda tiempo para nada más. ¿En qué momento se participa de la comunidad, se construyen relaciones humanas auténticas o se cuida de uno mismo? El problema fundamental quizás no radica únicamente en lo que las redes sociales nos hacen directamente, sino en lo que nos arrebatan en términos del tiempo indispensable para cultivar otras áreas de la vida.
SEMANA: Si pudiera implementar una sola medida de política pública en relación con las redes sociales y la salud mental para generar el mayor impacto positivo, ¿cuál sería?
Dan Foy: Es una pregunta de gran envergadura. Aunque existen múltiples políticas que ameritan reformas, centrándome exclusivamente en las redes sociales observo que muchos países debaten hoy si deberían prohibirlas por completo. Personalmente, me genera reservas una prohibición total; no creo que esa sea la solución. El punto neurálgico radica en qué hace la gente dentro de esas plataformas y en el diseño mismo con el que se distribuye el contenido: los videos de formato corto y el desplazamiento infinito están diseñados para atrapar y sumergir al usuario cada vez más profundo.
Otras de nuestras investigaciones evidencian que, especialmente entre los jóvenes, pasar horas consumiendo estos videos cortos en TikTok o plataformas similares resulta claramente perjudicial. Por ello, más que prohibirlas, considero indispensable exigir mediante políticas y prácticas inteligentes que las compañías tecnológicas modifiquen los mecanismos de presentación del contenido. La tecnología y las redes han permeado prácticamente todos los ámbitos de nuestra existencia y representan una fuerza de enorme magnitud que debemos asumir con seriedad.
Asimismo, en la actual era de la inteligencia artificial nos adentramos en una nueva frontera sobre la captura de nuestra atención. Ya vemos indicios de personas construyendo vínculos afectivos con amigos artificiales en lugar de hacerlo con seres humanos reales. Si bien la recolección de datos sobre este fenómeno apenas comienza, como sociedad debemos reflexionar, advertir que ya vivimos un proceso similar con las redes sociales y anticiparnos a las consecuencias antes de dejar que la situación vuelva a salirse de control.
SEMANA: ¿Qué consejo daría a los jóvenes, los padres de familia y la audiencia colombiana en torno a la salud mental y el bienestar digital?
Dan Foy: En primer lugar, recomendaría a todos visitar Bogotá, pues es una ciudad maravillosa y Colombia es un país extraordinario. Más allá de eso, sugeriría volver a lo básico y fundamental; a esas recomendaciones sencillas que solían darnos nuestros abuelos: dormir bien, alimentarse de forma saludable, hacer ejercicio, salir al aire libre, leer un buen libro y cuidar de uno mismo. Estos hábitos cotidianos tienen un valor invaluable.
En cuanto a los padres de familia, mi consejo es priorizar el acompañamiento activo y el estímulo temprano de los hijos.En una de las conferencias del foro se explicaba cómo una parte determinante del desarrollo cerebral ocurre durante la primera década de vida y cómo este se moldea profundamente a partir del entorno y el contexto. Por ende, la prioridad debe ser garantizarles a los niños un ambiente positivo, saludable y enriquecedor, evitando que las redes sociales y las pantallas absorban ese periodo formativo tan decisivo.