La Crassula ovata, conocida popularmente como árbol de jade, es una suculenta originaria de Sudáfrica que se caracteriza por sus hojas gruesas y carnosas, capaces de almacenar agua. Su crecimiento vertical y ramificado hace que, con el paso de los años, pueda desarrollar un tronco leñoso y adoptar la apariencia de un pequeño árbol.

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Una de las principales ventajas de esta planta es su resistencia y facilidad de cuidado, por lo que suele ser una alternativa adecuada para quienes comienzan a cultivar plantas. Con las condiciones apropiadas, esta suculenta puede vivir durante décadas y alcanzar una apariencia frondosa.

Más allá de sus características y su valor decorativo, el árbol de jade está asociado en distintas culturas con la prosperidad, la abundancia y la buena suerte. En China, por ejemplo, es popularmente llamado “planta del dinero” y suele colocarse cerca de las entradas de viviendas o establecimientos, debido a la creencia de que puede atraer fortuna y favorecer la prosperidad.

Muchas personas se alarman cuando el árbol de jade empieza a perder hojas y creen que ya no tiene solución Foto: Getty Images

Sin embargo, aunque se trata de una planta resistente y de bajo mantenimiento, puede presentar problemas si no recibe las condiciones adecuadas. Factores como un riego inadecuado, la falta de luz o el ataque de plagas pueden afectar su crecimiento y apariencia. Cuando la planta empieza a mostrar señales de debilidad, es común recurrir a diferentes métodos para recuperarla.

De acuerdo con la creadora de contenido Jardín De La Chita, dedicada a la jardinería y al cuidado de plantas de interior, para conseguir un árbol de jade frondoso y con un tronco grueso, es ideal garantizarle una buena exposición a la luz solar. Lo ideal es que reciba algunas horas de luz directa al día y que se cultive en una mezcla de tierra con buen drenaje para evitar la acumulación de humedad y prevenir la pudrición de las raíces.

Además, la creadora de contenido recomienda podar el árbol de jade cuando sea necesario para favorecer su crecimiento y darle una forma más frondosa. Para realizar el procedimiento, es importante utilizar unas tijeras de poda limpias y desinfectarlas previamente con alcohol al 70 %, retirando cualquier exceso antes de utilizarlas. Luego, se pueden cortar algunas hojas o ramas de la parte superior de la planta, según la forma que se quiera conseguir.

Después de la poda, puede agregarle abono a la raíz para aportar nutrientes y favorecer el desarrollo de la planta. Debido a que el árbol de jade es una suculenta, necesita muy poca agua y es fundamental dejar que la tierra se seque por completo entre cada riego.

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Según información del sitio web Pur Plant, durante el verano, el riego puede realizarse aproximadamente cada una o dos semanas, mientras que en invierno debe reducirse considerablemente. El agua debe aplicarse directamente sobre el sustrato, evitando mojar las hojas, y es importante retirar el exceso acumulado en el plato de la maceta. Ante la duda sobre si necesita agua, lo más recomendable es esperar.