El desarrollo de los buques de guerra ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Si antes su fortaleza se evaluaba por la potencia de sus cañones y, más tarde, por la cantidad de misiles que podían lanzar, en la actualidad el factor decisivo es la capacidad de detectar amenazas a gran distancia y reaccionar con rapidez.

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En este contexto, Japón inició la construcción del “destructor” más grande de su historia con un objetivo centrado en la defensa antimisiles. La embarcación está diseñada para identificar y responder a misiles balísticos e hipersónicos, proyectiles que viajan a velocidades extremadamente altas y pueden recorrer cientos o miles de kilómetros en cuestión de minutos.

Cada uno tendrá un desplazamiento cercano a las 14.000 toneladas y una longitud aproximada de 190 metros, dimensiones que los sitúan entre los buques militares más grandes de su tipo y los hacen comparables, por tamaño, con algunos cruceros utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.

Japón inició la construcción del “destructor” más grande de su historia con un objetivo centrado en la defensa antimisiles. Foto: Getty Images

Aunque mantendrán la clasificación de destructores, su diseño refleja la evolución de la guerra naval moderna. En lugar de priorizar grandes piezas de artillería, incorporarán avanzados radares, sistemas electrónicos, potentes equipos informáticos y numerosos misiles interceptores destinados a detectar y neutralizar amenazas aéreas. De esta manera, estos buques dejan atrás su papel tradicional para convertirse en piezas clave de los sistemas de defensa contra misiles de largo alcance.

La creciente amenaza que representan los misiles hipersónicos ha cambiado las prioridades de la defensa naval. En este contexto, la capacidad de detectar un ataque con la mayor anticipación posible resulta más importante que la potencia del armamento, ya que el tiempo de respuesta es extremadamente reducido.

Para afrontar este desafío, el nuevo destructor japonés estará equipado con el radar SPY-7, considerado uno de los sistemas de vigilancia más avanzados del mundo. A diferencia de los radares convencionales con antenas giratorias, este utiliza paneles electrónicos fijos integrados en la estructura del buque, que emplean miles de módulos para dirigir el haz de radar de manera casi instantánea hacia cualquier punto.

Aunque gran parte de las capacidades del nuevo destructor japonés siguen siendo confidenciales, un documento de 60 páginas publicado por el Ministerio de Defensa del país permite conocer algunas de sus principales características. Entre ellas destaca la incorporación de 128 silos de lanzamiento vertical, una cifra que supera ampliamente la de otros buques de guerra modernos y refleja su enfoque en la defensa.

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El diseño también contempla la instalación del radar en una posición más elevada, con el objetivo de ampliar el horizonte de detección. Esta configuración mejora la capacidad para identificar misiles que vuelan a baja altitud y proporciona más tiempo de reacción. Asimismo, la embarcación ha sido concebida con espacio suficiente para incorporar futuras tecnologías para enfrentar armas hipersónicas.

El origen de este proyecto está ligado al cambio de estrategia de Japón en materia de defensa antimisiles. Tras cancelar el sistema terrestre Aegis Ashore, el país optó por trasladar esas capacidades a una plataforma naval móvil. De esta forma, el destructor podrá desplegarse en distintos puntos del océano Pacífico según las necesidades operativas, ofreciendo una mayor flexibilidad frente a posibles amenazas.