Entre los múltiples comandos que tiene a disposición un conductor en el habitáculo de su vehículo, destaca uno que poco se utiliza en el aire acondicionado. Muchos desconocen su funcionamiento y pasa desapercibido, pero puede ahorrar combustible.
Se trata específicamente del botón de recirculación del aire, el cual, al comprender su funcionamiento, no solamente mejora el consumo de gasolina, sino que también impacta directamente el confort térmico para los ocupantes del automotor.
¿Cómo funciona la recirculación y por qué ahorra energía?
El botón de recirculación —identificado habitualmente con el ícono de un automóvil con una flecha curva en su interior— cumple una función sencilla pero determinante: cierra las rejillas de ventilación externas para evitar que entre aire del exterior, haciendo pasar el aire que ya se encuentra dentro de la cabina a través del sistema de enfriamiento.
Este modo, que se puede activar cuando está encendido el sistema de aire acondicionado, hace que el compresor del aire acondicionado no necesite trabajar a su máxima capacidad constantemente, tratando de enfriar el aire caliente y húmedo que ingresa desde afuera.
En su lugar, el sistema procesa un aire que ya ha sido previamente enfriado, alcanzando la temperatura deseada en menos tiempo, manteniendo el flujo fresco sin exigir la demanda energética que tradicionalmente consume cuando trabaja el aire acondicionado.
Esto impacta directamente en el consumo del combustible, puesto que el compresor de aire se acopla directamente al motor o la batería en el caso de vehículos eléctricos e híbridos. En consecuencia, al reducir el esfuerzo del sistema, disminuye la carga sobre el propulsor.
Esto se traduce en una mejora en la eficiencia energética y un ahorro de combustible que puede situarse entre el 10% y el 15% durante el uso del aire en días calurosos.
Al aislar el habitáculo del entorno exterior, impide la entrada de gases de escape, humo de otros vehículos, polvo, polen y malos olores, lo que resulta especialmente útil al transitar por túneles, zonas industriales o tramos con alto tráfico de vehículos pesados.
¿Cuándo no se debe activar?
Pese a sus notables ventajas, los expertos recomiendan evitar la recirculación continua en trayectos muy largos o durante días fríos y lluviosos, ya que mantener el habitáculo sellado por tiempo prolongado causa una acumulación excesiva de dióxido de carbono (CO 2).
Esto es generado por la respiración de los ocupantes, lo que produce somnolencia y fatiga al volante. Además, la humedad acumulada en el interior favorece el empañamiento de los cristales, comprometiendo la visibilidad y la seguridad vial.