La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA) abrió una investigación exhaustiva sobre los motores de gasolina V8 de 6.2 litros (denominados L87) de General Motors, luego de identificar algunas fallas en su mecánica y, posteriormente, que esta no sea solucionada con la reparación oficial de la marca.
El motivo que encendió las alarmas regulatorias: los vehículos intervenidos en los talleres oficiales de la marca siguen sufriendo averías catastróficas en pleno funcionamiento.
La medida afecta a cerca de 600.000 camionetas y SUV de Chevrolet, donde destacan modelos como Silverado, Tahoe, Suburban, GMC Sierra, Yukon y Cadillac Escalade, que fueron llamados a revisión para corregir severas fallas de fabricación.
El origen técnico del fallo
El origen de la crisis está en componentes internos del motor y proviene de defectos de fábrica en componentes críticos del bloque interno:
- Inconsistencias en cigüeñal y bielas: Partes vitales que sufren desalineaciones o acabados fuera de tolerancia técnica.
- Contaminación por residuos: Presencia de virutas y sedimentos metálicos en las galerías de lubricación del cigüeñal que dañan aceleradamente los cojinetes de biela.
- Gripado y bloqueo en marcha: El desgaste prematuro provoca fricción extrema, rompiendo el motor de manera súbita y dejando el vehículo sin tracción en carretera.
Estas condiciones pueden provocar daños en los cojinetes y, finalmente, la destrucción del motor. Cuando la falla ocurre mientras el vehículo está circulando, existe un riesgo particularmente importante: la pérdida de propulsión, que puede aumentar la posibilidad de un accidente.
Ahora bien, la crisis que hizo que las autoridades colocaran bajo la mira a este daño fue que, aun con la reparación oficial, no se resolvió el problema.
¿Por qué la reparación oficial no resolvió el problema?
La llamada a revisión original (campaña 25V-274) planteó una solución en los concesionarios dividida en dos vías, pero de acuerdo con los reportes de la Oficina de Investigación de Defectos (ODI) de la NHTSA, ninguna de las dos erradicó el fallo de raíz:
- Inspección y cambio de viscosidad de aceite: Si el motor superaba una prueba visual y de descarte, el taller se limitaba a aplicar un aceite de mayor viscosidad, instalar un nuevo tapón de llenado y reemplazar el filtro. El error puntual fue que un aceite más grueso no corrige un componente defectuoso ni remueve las virutas internas preexistentes, lo que derivó en 473 quejas de motores rotos tiempo después de dicho mantenimiento.
- Sustitución completa del motor: Si la unidad no superaba la revisión, se instalaba un motor de reemplazo cero kilómetros. El error: Varios de los motores de repuesto entregados mantenían el mismo defecto de fabricación en su cigüeñal o se producían bajo la misma cadena de suministro deficiente, registrando al menos 26 fallos catastróficos tras el cambio total.