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| 3/27/2019 12:00:00 AM

Geoffrey Till, el historiador naval que le debe su oficio al chillido de una gaviota

Este británico, uno de los expertos en estrategia naval más reconocidos del mundo, inauguró la octava edición de Colombiamar en Cartagena. En la Heroica, nos contó su vida.

Historia de Geoffrey Till, historiador naval Geoffrey Till, historiador naval. Foto: David Amado

A una casa de la ribera este del río Dart, en Inglaterra, llegó una gaviota. Se posó sobre el alfeizar de la ventana de la habitación donde dormía recién llegado Geoffrey Till con Cherry, su esposa, y comenzó a graznar. El chillido despertó a la pareja y entonces, detrás de la gaviota, la vieron: fulgurante, la vista perfecta de la ciudad de Dartmouth, un bosque de luces cautivantes. En ese momento, Till supo que quería permanecer allí y, para que fuera posible, debía seguir enseñando historia naval, un tema al que se había acercado “básicamente por accidente”.

Nació en 1945 en Londres. Hijo de Violet y Arthur Till, oficial de la Real Fuerza Aérea Británica, vivió sus primeros años en Portland, Hampshire, en una de las bases navales más importantes de Gran Bretaña. En 1967, con 22 años, logró conseguir su primer trabajo como profesor asociado de historia naval en la Britannia Royal Naval College, luego de que la Universidad Nacional Australiana lo rechazó cuando quería hacer un PhD sobre contrainsurgencia. Desilusionado, vio el anuncio de la vacante en el Sunday Times y pensó: “Yo sé de historia naval, podría aplicar a esto”. Al poco tiempo se había instalado en Dartmouth.

Till aprendió de este tema mientras cursaba su pregrado en Historia en el King’s College de Londres en 1964. Durante el tercer año tuvo que decidir si especializarse en historia monástica o militar. Sin tener claro cuál de los dos caminos tomar, supo que un profesor suyo, Michael Howard, ofrecería un curso sobre la guerra franco-prusiana, lo que inclinó la balanza hacia la segunda opción. “Allí había una parte dedicada al conocimiento naval y me pareció interesante”, afirma. Así, casi por azar, comenzó su carrera, que lo llevaría a convertirse en uno de los expertos más importantes del mundo en estrategia e historia marítima.

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En 2018, Till recibió el Premio Hatterdorf, con el que el Naval War College de Estados Unidos reconoce las contribuciones originales en este ámbito. Actualmente dirige el Centro Corbett para Estudios de Política Marítima y ha escrito y participado en más de una veintena de libros. Entre estos se destaca Seapower: A Guide for the Twenty-First Century, de 2004, un bestseller que ya va por su cuarta edición. Además, ha sido profesor, decano e investigador asociado en varias universidades y centros de pensamiento.

Vital y curioso, Till se deleita con cosas simples como sentarse en un café a leer el periódico o a escribir, y siempre está dispuesto a responder cualquier pregunta que le hagan, como demostró a su paso por Cartagena. A esta ciudad llegó el 12 de marzo para ofrecer la charla inaugural de la octava edición de Colombiamar.

La Heroica es solo la más reciente de las ciudades que su profesión le ha permitido conocer, en las que puede hacer dos de las cosas que más disfruta, además de estudiar: viajar y visitar iglesias. “Todavía me interesa la historia, así que ciudades como esta, llenas de atmósfera, de relatos locales, me parecen muy atractivas”, dice. De hecho, apenas aterrizó en Cartagena visitó la catedral de Santa Catalina de Alejandría. Pero llegó por accidente, pues encontró cerrados el Palacio de la Inquisición y la iglesia de la Santísima Trinidad.

Till no rechaza los accidentes, los abraza. Lo dice mientras recuerda la frase de Otto von Bismarck, “el hombre no puede controlar la corriente de los eventos, solo flotar con ellos y maniobrar”. Aunque cree en el azar, le cuesta imaginar una vida distinta a la academia. Si pudiera vivir otra existencia, le gustaría haber sido su profesor y mentor Michael Howard porque, como académico, siempre quiere saber cosas. “Eso me guía día a día, tratar de conocer la respuesta a la pregunta ‘por qué’”. Por eso, con frecuencia se cuestiona qué sería de él si hubiera cursado historia monástica, o rechazado su trabajo en Dartmouth. “Habría tenido una vida muy distinta. Así que creo que le debo bastante a esa gaviota”.

*Periodista Especiales Regionales SEMANA. 

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