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| 7/26/2019 4:56:00 PM

Nairo, el campeón que abrió pasó a la época más grande del ciclismo colombiano

La historia del cóndor es una cátedra de esfuerzo, superación y valentía. Y también de éxito, incluso en los momentos más difíciles. Así ha sido su asombroso trasegar sobre la bicicleta.

Tour de Francia 2019: La historia de Nairo Quintana Nairo Quintana en su victoria de etapa en el Tour de Francia 2019. Foto: Marco Bertorello / AFP

Raúl Malagón, el primer mecánico de Nairo Quintana, murió en su ley, sobre una bicicleta, cuando apenas tenía 41 años y anhelaba que los muchachos a los que les hacía trabajos gratis pudieran competir en el extranjero. La vida se le fue muy temprano para alcanzar a ver cómo ellos llevaban ese sueño mucho más allá de lo que él se pudo imaginar.

El 21 de noviembre de 2007 salió de su taller de bicicletas, en el parque de Arcabuco, hacia uno de los enjambres de abejas que tenía a las afueras. Era el bicicletero y el apicultor del pueblo. Aún no es claro cómo pudo morir en una carretera que conocía de memoria, pero la hipótesis es que una roca se metió en el espacio que había entre la llanta delantera y el guardabarros. La rueda se trabó, se frenó en seco y Malagón salió volando por encima del marco y cayó al suelo de cabeza. Fue una muerte dolorosa para Nairo y sus amigos, para los muchachos que por esos días apenas soñaban con ser profesionales.

En su taller quedó una colección de bicicletas, entre las que está la todoterreno que solía prestarle a Nairo para que entrenara y en la que disputó algunas de sus primeras competencias. Era una "burra" de hierro, pesada y con un defecto que el campeón tardó en descubrir: tenía una biela más larga que la otra, lo que lo obligaba a hacer esfuerzos distintos en ambas piernas.

Vea aquí el más completo especial sobre el Tour de Francia 2019

Pedro Camargo, uno de los amigos de la época, recuerda que cuando Nairo se aparecía por el taller, Malagón aprovechaba para cantaletear al muchacho, pero siempre se la prestaba. Ahora es Camargo quien anda en esa bicicleta por el pueblo. Se la compró al hermano de Malagón "por un precio muy bajo".

¿Ya le habrá cambiado las bielas? - le preguntó Nairo a Camargo, entre risas, hace unos meses, cuando estuvo en Arcabuco entrenando para el Giro centenario.

Cayetano Sarmiento, el mejor amigo de Nairo y su eterno compañero de entrenamiento, cree que Malagón les prestaba bicicletas duras de montar a propósito, para que ellos se hicieran más fuertes. El mecánico ya era consciente de la grandeza que Nairo tenía guardada.

Durante mucho tiempo, Nairo tuvo que andar en bicicletas prestadas. Tenía 8 años cuando, junto a su hermana Leidy y a escondidas de don Luis, su estricto padre, se iban a la casa de un vecino cargados con frutas de su finca que le entregaban al niño a cambio de que les prestara por unos instantes una pequeña bicicleta roja.

Pasaron 5 años más para que, a los 13, Nairo tuviera una propia. Su papá no quería -le daba miedo- que el muchacho anduviera sobre dos ruedas por esas carreteras llenas de camiones y tractomulas. Aún así, el joven la compró con sus ahorros. Su familia vivía con lo justo, y era más barato llegar al colegio en bicicleta que pagar el bus que lo llevaba hasta Arcabuco, a 18 kilómetros de casa, por una loma empinada sobre los 2.500 metros sobre el nivel del mar.

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El trayecto hasta el colegio se volvió un juego. Nairo era, entre sus amigos, el que vivía más lejos. Entonces, recuerda Leidy, recogía por el camino a los demás compañeros. Se iban en caravana, competían y molestaban. A veces, incluso, Nairo volvía desde Moniquirá, a donde acompañaba a don Luis cada miércoles -día del mercado- a vender frutas en la plaza. Nadie se imaginaba entonces que esos trayectos duros y cotidianos lo estaban forjando para la gloria. Pero para alcanzarla aún faltaba mucho sacrificio.

El carro donde a su papá se le salieron las lágrimas

Los sueños se empezaron a cumplir cuando Nairo conquistó su primera "grande". En 2005, ya había ganado las competencias del pueblo, y vencido en las carreras que armaba -y en las que apostaba- su padre. Pero necesitaba que su talento se conociera más allá de Arcabuco. Entonces vino la oportunidad.

En una carretera del pueblo está estacionado un Chevrolet Jimny rojo, modelo 2001, medio destartalado, que le pertenece a la alcaldía: el primer vehículo de apoyo que acompañó a Nairo en una competencia. Su primeros entrenadores, Rusbel Achagua y Jaime Poveda, se lo pedían prestado al mandatario para acompañar a Nairo en las carreras.

Durante mucho tiempo, Nairo tuvo que andar en bicicletas prestadas. Tenía 8 años cuando, junto a su hermana Leidy y a escondidas de don Luis, su estricto padre, se iban a la casa de un vecino cargados con frutas de su finca que le entregaban al niño a cambio de que les prestara por unos instantes una pequeña bicicleta roja.

Poveda agarró el volante, Rúsbel se montó como copiloto y don Luis y Nairo se embarcaron atrás. Viajaron hasta Sutamarchán, donde comenzaba la carrera del Club Deportivo Boyacá, una ronda de prestigio entre los aficionados, a la que llegaban juveniles de todo el país. Era la oportunidad para mostrarse pero no pintaba fácil. Nairo correría solo, sin equipo, y entre sus rivales estaba Darwin Pantoja. "Él era el coco de Nairo", recuerda Achagua.

La primera etapa, hasta Tunja, se la llevó su contrincante, el favorito. Le ganó por 37 segundos. Fue un golpe duro, pero Nairo ya mostraba que tenía cabeza fría y pecho caliente para reponerse a la derrota. Al día siguiente, el recorrido era entre Moniquirá y Tunja, por la carretera que Nairo recorría todos los días para ir al colegio. La conocía de memoria. La estrategia que le marcaron sus entrenadores era sencilla: "Cuando aparezca la loma, arranca".

En video: El brutal ataque con el que Nairo propició su épica victoria de etapa

El Chevrolet Jimny acompañó a Nairo. Don Luis, desde la ventana y entre lágrimas, como aún lo hace cuando lo ve correr por televisión, soltaba gritos que parecían sollozos: "Vamos, mi chinito. Hágale, mi negro". Cuando Nairo pasó por su pueblo se llenó de ímpetu y desató la fuerza de sus piernas. Pantoja se le pegó a la rueda pero pronto le perdió el ritmo. Nairo lo dejó viendo polvo. Le sacó más de dos minutos.

Así ganó su primera "grande", así, al fin los equipos de ciclismo se fijaron en él. Le hicieron pruebas de potencia y se dieron cuenta de que el pequeño moreno ya era un fenómeno. La escuadra de la Lotería de Boyacá lo incorporó a sus filas. El sueño de Nairo empezaba a volverse un asunto serio. Rusbel aún conserva como un tesoro, en un armario especial en su casa, a las afueras de Arcabuco, la camiseta con la que el muchacho se hizo campeón por primera vez.

La camiseta del mejor escarabajo del mundo

Había pasado un mes desde la consagración de Nairo, con la victoria en el Giro de Italia, su primera grande (sin comillas) y Achagua estaba cumpliendo años. El 3 de julio de 2014, el campeón acababa de volver al país con esas ansias de estar entre los suyos que aún siente cuando está en Europa.

Cayetano Sarmiento, el mejor amigo de Nairo, llamó a Achagua y lo invitó a su casa. Cuando llegaron, de sorpresa, salió el campeón, el que ya era, sin discusión, el mejor escarabajo del mundo. "Le traje un regalo", le dijo a su primer entrenador. Y sacó la camiseta. La primera maglia rosa que Nairo vistió en ese giro, cuando ganó en la mítica etapa del Stelvio, en una de las subidas más duras del ciclismo, que esa vez estuvo pasada por la nieve. "Todavía huele a champaña", le dijo cuando se la entregó. Achagua lloró de alegría. Antes de esos días de gloria hubo mucho sacrificio.

El primero en llegar a Europa fue Cayetano

A veces, cuando llovía o se hacía tarde, Nairo dejaba la bicicleta y tomaba el bus hasta el colegio. En la ruta conoció a Cayetano Sarmiento, su gran amigo. Junto a él, que le lleva dos años de edad y ya estaba metido en el ciclismo aficionado, empezó a soñar con el profesionalismo. Entrenaron duro por mucho tiempo. Nairo, entonces un adolescente, le decía que tenía dificultades para arrancar, que cuando lo atacaban le faltaba potencia para responder. Y ambos diseñaban formas de mejorar esas falencias.

En esa época, la única forma de que un colombiano llegara a un equipo europeo era ganando en esas tierras, explica Cayetano. Ahora, luego de lo que ha hecho la generación dorada de escarabajos, los equipos vienen a Colombia a buscar corredores.

Habían entrenado juntos durante tres años por las vías de Boyacá y Nairo ya se había mostrado al ganar esa primera "grande" local. Entonces, el departamento les quedaba chico y salieron a recorrer el país. En 2008, en la Vuelta al Valle, Cayetano quedó primero y Nairo segundo. Luego intercambiaron los puestos en Anapoima. Corrían en equipos distintos pero eso poco les importaba, igual, cada que veían una loma bien seria, se escapaban juntos, como si siguieran transitanto por las vías de Cómbita y Arcabuco. El entrenador de Nairo en la Lotería de Boyacá le decía que no ayudara a Cayetano, que se le pegara a la rueda y se aprovechara de él, pero el campeón lo desobedecía. Le importaba más la amistad, dice Cayetano.

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En 2009, Cayetano fue escogido como miembro de la Selección Colombia que correría el Girobio -el Giro de Italia juvenil-. Pese a que ya figuraba en los podios en las carreras nacionales, Nairo no fue escogido. Su gran amigo viajó a Europa. El sueño compartido, el mismo que tuvo Raúl Malagón, el primer mecánico, empezaba a volverse realidad. Nairo estaba emocionado por el logro de su amigo pero aún no dimensionaba la grandeza de lo que se avecinaba.

Cayetano arrancó la competencia con dificultad. En Europa, en el terreno plano, se corría muy rápido y él no estaba acostumbrado. Entonces apareció la montaña y se fugó. Una descolgada descomunal, de esas que ensayaba con Nairo, fue suficiente para quedar campeón de la carrera y para que el Acqua & Sapone, un equipo profesional europeo, lo contratara. Nairo lo llenó de felicitaciones. "Ojalá yo también pudiera estar allá", le dijo.

En esa época, la única forma de que un colombiano llegara a un equipo europeo era ganando en esas tierras, explica Cayetano. Ahora, luego de lo que ha hecho la generación dorada de escarabajos, los equipos vienen a Colombia a buscar corredores.

Al año siguiente, en 2010, cuando tenía 20 años, llegó el momento de Nairo. Fue seleccionado para correr el Tour de L‘avenir -el tour de Francia en la categoría juvenil-. Ganó las dos últimas etapas que terminaban en montaña y quedó campeón. Ahora era Cayetano quien lo llamaba, desde Italia, a felicitarlo. El par de amigos boyacenses habían conquistado el ciclismo juvenil. Dos años antes, no lo habrían creído posible.

En 2011, los amigos volvieron a entrenar juntos, pero muy lejos ya de Cómbita o Arcabuco. Cayetano se había radicado en Italia y Nairo, que se preparaba para correr el mundial con Colombia es Pasión, fue a visitarlo. Los campeones juveniles montaron juntos como si siguieran en las carreteras de Arcabuco y, en el camino, Nairo le contó a Cayetano que Movistar lo quería fichar, pero que no estaba seguro de aceptar. Su amigo lo empujó a hacerlo.

La lucha por el Tour

En 2013, Nairo Quintana era un relativo desconocido en el ciclismo mundial. En Boyacá, quienes lo vieron pasar la adolescencia montado en su pesada bicicleta de hierro, atravesando la vía entre Tunja y Moniquirá, esa que pasa por su casa familiar, ya sabían de la potencia que guardaba ese cuerpo menudo de 1,67 metros de altura y 58 kilos de peso.

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Pero en Europa, esas mismas condiciones físicas y sus rasgos indígenas lo hacían parecer un rival insignificante, al que los demás competidores, blancos de más de 1.80 metros menospreciaban, insultaban y hasta trataban de apartar a codazos en plena competencia.

"¿A mí cuando me van a respetar?", les preguntaba Nairo a sus compañeros de filas en Movistar.

Él mismo se encargó de que esos agravios terminaran.

Nadie esperaba mucho de Nairo en su primer Tour de Francia, en 2013. Estaba llamado a ser gregario de Alejandro Valverde, a cortarle el viento durante los ascensos, y a aprender cuanto pudiera entre el pelotón conformado por la élite del ciclismo. Y jugó ese papel hasta la etapa 15, cuando llegó el momento de escalar el Mont Ventoux. Entonces el debutante se paró sobre su bicicleta y puso tanta potencia en los pedales que nadie más se atrevió a seguirle el ritmo. El mismo grupo de ciclistas que llegó a irrespetarlo apenas pudo verle la espalda.

El esfuerzo había alcanzado dimensiones agónicas para el colombiano, que parecía un cadáver sobre la bicicleta.

Nairo rodó solo varios kilómetros, hasta que Christopher Froome, la máquina, el portento del ciclismo mundial, apareció en la estela del colombiano con la intimidante camiseta amarilla del líder. El gigante de 1.85 metros también empezaba a escribir su leyenda. Pese a que el año anterior había quedado subcampeón, era la primera vez que llegaba al Tour como líder de su escuadra. Hasta entonces había sido el gregario de Bradley Wiggings, pero su sed de triunfo lo había llevado a desafiar a su jefe de filas en plena competencia.

Froome alcanzó a Nairo cuando faltaban 7 kilómetros para la meta. La leyenda de los grandes deportistas suele escribirse desde la relación con sus rivales más poderosos: Federer y Nadal, Messi y Cristiano. En ese instante nació una nueva dupla de firmes contrincantes para el ciclismo. Ambos pedalistas avanzaron juntos durante un trecho largo en el que se alternaban la punta de la carrera.

Cuando solo faltaba un kilómetro para la meta, Froome atacó. El esfuerzo había alcanzado dimensiones agónicas para el colombiano, que parecía un cadáver sobre la bicicleta. Con la mandíbula desencajada, dejaba colar el aire por la boca seca: su señal particular de agotamiento.

El novato cruzó la meta en segundo lugar, y apenas lo hizo, dejó de pedalear y avanzó con el impulso que traía hasta la zona en donde lo esperaban los periodistas. El desconocido era ahora el foco de las cámaras. Todos querían registrar las palabras del principiante que le plantó la cara al líder. Pero Nairo no podía hablar, apenas respiraba. Un miembro de su equipo lo agarró por el lomo y él se desplomó. Lo sentaron en el asfalto, con las piernas estiradas, los brazos desgonzados y la mandíbula clavada en el pecho. Estuvo inconsciente durante varios segundos.

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Pero el colombiano sabía que esa demostración no era suficiente para posicionarse en el pelotón. Tenía que probar que no solo era un debutante temerario, sino un escalador de raza, un ciclista de talla mundial. Seis días después, ya vestido con la camiseta blanca que lo acreditaba como el mejor joven de la carrera, atacó de nuevo a Froome, que esta vez no pudo seguirlo. Ese día, el británico conoció la sombra de Nairo. Y el colombiano ganó la etapa, el título de la montaña y se instaló en el segundo puesto de la clasificación final, un escalón más abajo que el británico.

Cuando Nairo volvió a Francia en 2015 ya era otro ciclista. En apenas dos años había pasado de ser un gregario debutante al líder del Movistar, jefe incluso de Alejandro Valverde, uno de los ciclistas más relevantes del siglo XX. El colombiano acababa de ganar el Giro de Italia y varias clásicas. La ingenuidad que podía aún notarse en aquel ataque suicida en Mont Ventoux, era ahora una madurez sorprendente para sus 25 años.

A estas alturas ya era impensado que algun ciclista del pelotón se atreviera a meterle el codo a la revelación de ese deporte. Pero aún faltaba mucho por aprender.

Ese año, la segunda etapa del recorrido fue definida por vientos que a ratos parecían el anuncio de un tornado. Una de esas corrientes partió el pelotón y cogió a Nairo mal ubicado en el grupo. El colombiano quedó rezagado, mientras Froome y Alberto Contador jalaban la fuga y le metían tiempo en el llano, donde Nairo tenía pocos argumentos para defenderse.

Las consecuencias de ese descuido las cargó durante el resto de la ronda, acentuadas por un estado de forma implacable de Froome. Solo hasta la penúltima etapa, en el mítico puerto del Alpe d‘Huez, el nuevo jefe del Movistar pudo sacudirse. Junto a Alejandro Valverde y Winner Anacona, su compatriota y gregario en la montaña, se fugaron del campeón. Al final, el colombiano entró segundo a la meta y le descontó 1:25 minutos a Froome. No le alcanzó para destronarlo. Quedó a 1:12 del campeón pero le sacó más de 5 minutos a leyendas como Nibali y Contador.

Anacona cuenta que para el Tour del 2016 el equipo se había preparado muy bien. Incluso se concentraron en los Alpes meses antes, para llegar adaptados a la carrera. Pero arrancó la vuelta y pronto se empezó a rumorar que el colombiano no andaba bien. Él mismo, frente a los medios, lo reconoció y dijo que sufría una alergia. Sin embargo, dentro de las filas de Movistar, el mensaje era otro. "Nairo aún estando enfermo intentaba mostrarse sólido ante el equipo. Y eso nos transmite coraje", recuerda Anacona.

Froome, por el contrario, estaba entero y lo demostró desplegando las habilidades que lo hacen único. Sobre el final de la octava etapa, el británico se lanzó en un descenso inverosímil. Recostó su pecho sobre el manillar de la bicicleta, adelantando su cuerpo sobre el vehículo tanto como era posible. Nunca se había visto a un ciclista descender así y nadie pudo seguirle el ritmo.

En la etapa 12, de nuevo el Mont Ventoux fue el escenario del duelo entre el británico y el colombiano. Nairo, tal vez recordando la hazaña, atacó dos veces a Froome, pero el entonces jefe del Sky resistió y respondió con un arranque al que solo le pudieron seguir Richie Porte y Bauke Mollema. Nairo, doblegado quizá por los padecimientos físicos, quedó rezagado, mientras su último hombre y su gran amigo en las filas, Alejandro Valverde, lo jalaba para que las diferencias en el cronómetro no se volvieran irreversibles.

Y cuando parecía que Nairo iba a quedar sepultado, incluso que perdería las posibilidades de quedar en el podio, sobrevino el incidente que quedó en la historia del tour. Porte se chocó contra una moto de la organización y generó una caída entre la triada que lideraba el grupo. Froome fue el más afectado. Su bicicleta se quebró y el británico -en una escena que se volvió icónica- corrió por la carretera en busca de una nueva. Cuando finalmente la consiguió, era evidente que no se ajustaba a sus medidas de gigante.

La organización decidió decretar el final de la etapa con los tiempos previos al accidente, y así Nairo evitó una pérdida de tiempo que, por las energías mermadas que se le veían en la etapa, pudo ser mayor. En el resto del recorrido, la supremacía de Froome fue indiscutible. Al final, el colombiano logró el tercer puesto en la general, un gran resultado en un recorrido tan sufrido para él. Como si escribieran juntos la leyenda, esa fue la tercera vez que Froome ganó la gran vuelta, y la tercera vez que el colombiano estuvo a su lado en el podio.

El desquite para el boyacense llegaría esa misma temporada, cuando ganó la Vuelta a España y por primera vez se subió un escalón más alto que Froome en el podio definitivo. Demostrar que lo puede derrotar en una de las grandes vueltas fue sin duda un hito en la carrera de Nairo Quintana.

Para 2017, la apuesta de Movistar fue por el Giro centenario, mientras que Froome, como ya es costumbre, se guardó para el Tour. El colombiano se batió en Italia contra un inspirado Tom Dumoulin, que corrió como nunca antes en su carrera y le arrebató la camiseta rosada. Fue, sin embargo, una gran presentación la de Nairo, que se montó en el podio de una gran vuelta por tercera vez consecutiva (Tour 2016, Vuelta 2016 y Giro 2017). Una hazaña que solo han alcanzado tres hombres más en la historia del ciclismo.

Nairo llegó al Tour, esta vez, sin un rótulo tan claro de favorito. El mismo Froome, que ya lo veía como la amenaza firme, no lo tuvo en cuenta entre sus rivales principales. Se anticipaba que luego del duro desgaste en Italia, solo una proeza haría que Quintana sobresaliera entre el pelotón. Pero la esperanza estaba entera. Nairo es hombre de hazañas.

La primera etapa, una contrarreloj pasada por la lluvia, se encargó de dar el primer golpe de realidad. El asfalto castigó a Valverde, la diestra de Quintana, y puso a tambalear sus posibilidades de luchar contra un Froome cobijado por un equipo lleno de gregarios prodigiosos que, como Mikel Landa o Sergio Luis Henao, podrían ser con facilidad las cabezas de otros equipos élite.

Hay una afición que apenas empieza a conocer el ciclismo y que, acostumbrada a sus rendimientos asombrosos, solo espera que Nairo arrase.

En adelante, los hombres que mostraron mayor fuerza fueron los mismos que no disputaron el Giro, a excepción de Landa que, sin embargo, se retiró de la carrera en Italia. Pero al colombiano le alcanzó la energía para dar muestras de un gran nivel, como lo hizo en la etapa 13, en la que protagonizó una fuga endiablada en un puerto de primera categoría y cruzó segundo la meta, sacándole dos minutos a Froome y su grupo.

En 2018, el boyacense sufrió varias caídas que por poco lo obligan a retirarse, y a pesar de esto fue capaz de lograr una victoria en la jornada más dura de montaña. Pese a que sufrió pinchazos y problemas al comienzo de la etapa. En el último puerto, se escapó del pelotón y con un ritmo tremendo fue recogiendo, metro a metro, a los escapados. Y a todos los dejaba viendo su estela.

Cuando faltaban 6 kilómetros para la meta, Nairo ya estaba solo en la ruta y así cruzó la meta. Fue una etapa glorioso. Sin embargo, la mala suerte que había pasado al comienzo de ese Tour había pasado su factura, y no pudo alzancar el top de la general. Alcanzó el puesto 10 en una carrera que también se le escapó a su archirival, Froome. Geraint Thomas se llevó la amarilla y ese año, el mundo conoció las capacidades de Egan Bernal, que demostró su fuerza en la montaña y fue clave para que su equipo, el Sky, se llevara el título a pesar del mal momento de su líder natural.

Nairo llegó al Tour de 2019 con una situación complicada. Ya no era el líder único del Movistar, y tenía que compartir ese estátus con Mikel Landa y Alejandro Valverde. Ya era un hecho, aunque oculto, que no seguiría en la escuadra española, que además se mostró fraccionada y errática en sus estrategias.

Nairo perdió las posibilidades de título en el Tourmalet, cuando atacó y luego no tuvo fuerzas suficientes para mantener la estrategia. Eso le cobró factura y tiempo. También, la consideración de líder del Movistar. Sin embargo, una vez más, el orgullo del Cóndor se despertó. Y en la etapa 18, el colombiano protagonizó un ataque épico que nadie pudo seguirle en el Monte Izoard. Allí ganó su tercera etapa de Tour.

Hay una afición que apenas empieza a conocer el ciclismo y que, acostumbrada a sus rendimientos asombrosos, solo espera que Nairo arrase. Pero en el entorno ciclístico saben que hay miles de corredores que lo dieron todo por arañar un centímetro de gloria sin conseguirla, que añorarían estar en tan solo uno de los repetidos podios que Nairo ha conseguido durante su carrera. Y su misma historia, llena de sacrificio, de humildad pero también de orgullosos sacudones, demuestra su grandeza. Nairo seguirá escribiendo su leyenda y, seguramente, no renunciará a su sueño amarillo mientras tenga piernas aptas para pedalear sobre una bicicleta.

*Esta historia tiene como base un perfil actualizado publicado en 2017 en Semana.com.

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