Cuestión de buena estrategia
SEMANA: Los Gobiernos batallan para que sus economías crezcan y eso a veces genera choques, como cuando el Banco de la República sube tasas. Pero, incluso con crecimientos superiores al 7 por ciento, nada cambia. ¿Por qué?
Peter Siegenthaler: Como Banco Mundial, queremos contribuir al diálogo sobre el crecimiento, porque la desigualdad es uno de los problemas que lo frena. Es mucho más que un asunto de justicia social. Cuando el país tiene un crecimiento potencial del PIB en 2,9 por ciento y llegamos al 2,6, algo pasa.
La tarea es doble; se requiere avanzar primero en alcanzar el potencial y luego en subirlo (antes dicho potencial era de 4 por ciento). Se puede llegar, sí. Es cuestión de buena estrategia económica, porque aquí hay grandes activos: recursos naturales y talento, entre otros, que están repartidos en el país y que se pierden por la falta de esas conectividades y por la dificultad para brindar oportunidades a la gente, principalmente a los jóvenes. No es solo buscar una cifra; la calidad del crecimiento es lo importante.
¿Es malo el crecimiento impulsado por consumo?
SEMANA: ¿Por qué se critica un crecimiento basado en el consumo? ¿Qué es, entonces, lo que sirve?
P.S.: En efecto, el crecimiento actual de Colombia depende del consumo, mientras la inversión es baja y preocupante: cayó del 20 al 16 por ciento del PIB. Y es la inversión la que fortalece el capital físico –infraestructura, transporte y vivienda– y crea oportunidades.
Hoy la parte más dinámica de la economía colombiana es el sector de servicios sin mucho valor añadido: peluquerías, lavanderías y similares. Es algo muy diferente al sector moderno de servicios, que implica tecnología, informática y turismo sostenible.
Entonces, el crecimiento se está dando, pero en sectores que no tienen tanta capacidad de generar empleos de calidad ni innovación. Eso explica el otro problema que hay en Colombia y es el poco cambio en la productividad. Las empresas son chicas y no pueden crecer. El sector informal es muy grande, lo que no permite mejorar la situación de la gente en condición de pobreza. Es un modelo de crecimiento que no causa esos círculos virtuosos que generan dinámicas. Por ello, además de pensar en crecer, hay que establecer cuáles deben ser las fuerzas que deben estar detrás del crecimiento.
SEMANA: ¿Cuál es la razón para que la productividad no mejore?
P.S.: Existen dos factores para que haya producción: empleo y capital. La productividad es cuánto producto se genera combinando estas dos cosas. El problema en Colombia es que la mayor parte de las empresas no pueden crecer porque no pueden invertir en aumentar la capacidad de los empleados, lo que tiene que ver con la educación y la formación. Lo otro es el tema de la innovación, que tiene que ver con la tecnología, porque con una máquina moderna se produce más y mejor que con una vieja. En consecuencia, la productividad en Colombia lleva 30 años estancada, está en cero, no se mueve. La economía produce hoy prácticamente lo mismo, con los mismos insumos, que hace tres décadas.
SEMANA. ¿Qué tanto pesan las decisiones de los gobernantes en ese congelamiento?
P.S.: Si bien son decisiones empresariales las que llevan a tomar riesgos y a comprar, por ejemplo, una máquina que permita internalizar esa producción que antes se traía de fuera, para tomar ese riesgo hay que tener la seguridad de que habrá un retorno. Es decir, se necesita un entorno estable: inflación baja, contexto económico y político sano. Cuando hablamos de política pública para fomentar la productividad, lo primero es tener reglas claras, estabilidad macroeconómica e institucional.
SEMANA: ¿Qué tanto de eso cree que tenemos?
P.S.: La estabilidad de las instituciones macroeconómicas es un factor positivo en este país. La independencia del Banco de la República, por ejemplo, no ha cambiado ni en gobiernos de derecha, de centro o de izquierda. Eso es de gran valor para un inversionista externo interesado en el largo plazo.
Pienso que hay que definir los sectores que, por tener mucho potencial para impulsar la economía y generar empleo, se deben expandir. Agricultura es uno, no solo porque puede ayudar a la seguridad alimentaria, sino porque puede contribuir a aumentar el ingreso rural. Pero también es un sector clave para la competitividad a fin de fomentar las exportaciones del país.

La apertura con Venezuela
SEMANA: ¿Cómo ve el impacto para Colombia de un posible cambio político en Venezuela tras la salida de Maduro?
P.S.: Un cambio así es una gran oportunidad. Pero Colombia cuenta, además, con otros sectores de gran potencial para impulsarse. El turismo, que ya viene creciendo con fuerza, cuenta con modelos interesantes enfocados en atraer visitantes de alto ingreso que se pueden utilizar.
En energía, la transición energética y la diversidad de fuentes renovables del país ofrecen un alto potencial. Y en salud, pese a las preocupaciones por gobernanza y sostenibilidad financiera, no debe olvidarse que es un sector dinámico cuya demanda crecerá por los cambios demográficos, con una población cada vez más envejecida, que requerirá más servicios. Esto también representa empleo y oportunidades económicas para el país.
Petro lo ha dicho... y entonces?
SEMANA: Muchas de las cuestiones que usted dice que Colombia necesita impulsar las propuso este Gobierno. ¿Por qué no han funcionado?
P.S.: Hay aquí un tema complicado, que además es un desafío, y es la ejecución, porque hay muchas estrategias y planes, y tener esa visión es bueno. No obstante, desde nuestra perspectiva como banco de desarrollo que financia proyectos de infraestructura y sociales, entre otros, y va por todo el país, hemos visto que ha sido bastante difícil la ejecución.
Eso tiene que ver con muchos factores. Por eso quiero enfatizar que, más que pensar en grandes estrategias, lo que se debe mejorar es la ejecución. Allí hay que ver con detenimiento la manera en la que el Estado está organizado, también con relación a la descentralización. Por ejemplo, el proyecto que tenemos en el Pacífico, de infraestructura, ha sido muy difícil de ejecutar, y no es porque la gente no quiera. No es porque no haya buenas intenciones.

SEMANA: En ese ejemplo, ¿cuál es el freno? ¿Tiene algo que ver la corrupción, que a veces parece exacerbarse en las regiones?
P.S.: En algunos casos son factores como la topografía, la falta de conectividad, que hace difícil el traslado de materiales de construcción, e incluso el conflicto. Pero también, insisto, hay mucho de la capacidad de ejecutar. Es una cuestión de juntar elementos para generar dinámicas positivas. Se puede, como lo muestra el proyecto de un puerto sofisticado y complejo en Urabá, que se ha construido en pocos años. Si se puede allá, se puede en toda Colombia.
Reformas tributarias no son el único camino
SEMANA: La crisis fiscal que tenemos es aguda. ¿Cree que el único camino para enfrentarla es hacer reformas tributarias?
P.S.: El problema de la situación fiscal es que se necesita seguir con la inversión y los programas sociales, y, a la vez, hacer un fuerte ajuste, que en el Banco Mundial calculamos en 4 puntos del PIB a 2028. Es un ajuste muy ambicioso y de los más duros que se haya visto en la historia del país. Es claro que no se puede conjurar la crisis fiscal solo con una reforma tributaria, porque tendría que ser de una magnitud tal que la economía no aguantaría.
En cuanto a la deuda, lo preocupante no es su nivel, sino la tendencia que lleva. De hecho, no ha crecido tanto como porcentaje del PIB en los últimos años, pero con los déficits de ahora va a crecer. Esa es la tendencia que hay que revertir. De lo contrario, seguirán efectos indirectos, como la necesidad de financiar a tasas más altas, lo que, a su vez, limita el margen de maniobra para bajar la inflación.

Entre lo político y lo necesario
SEMANA: El problema es que en Colombia suele haber un elemento político que a veces, por oposición al Gobierno de turno, desconoce las propuestas que podrían funcionar. ¿Cómo hicieron en su país, Suiza, para quitar ese elemento político?
P.S.: Aunque ese tema político ha estado en toda la historia del país, hay un factor que creo que sí es relevante y es el de la descentralización. En el sistema político suizo, las decisiones se toman en el nivel más bajo posible. En un pueblo, si hay que construir un puente de un lado a otro, se decide localmente. Están los recursos porque los impuestos se pagan en el pueblo. Se une la disponibilidad del dinero público con la capacidad de decidir y todo fluye. Temas como defensa y comercio internacional están entre lo que queda para el nivel central. Por todo eso, en Colombia implementar la reforma al Sistema General de Participaciones (SGP) es una oportunidad, pero también implica riesgos si no se hace bien.
SEMANA: Se dice que usted ha recorrido todo el país. ¿Qué destacaría de las regiones?
P.S.: Soy un caminante. En Colombia hay lugares que no existen en ningún otro sitio del mundo. Para llegar al nevado del Cocuy, por ejemplo, recorrí un camino muy largo en auto. En alguna variante vi ese panorama que llevo en la memoria como una foto inolvidable: todo era verde en los alrededores y blanco en la cima. Pero, definitivamente, más allá de todo, la gente es el gran activo de este país.
