La gastronomía colombiana se caracteriza por tener una gran variedad en los productos que se consumen diariamente.

Colombia es un país en el que, dependiendo de la región, así cambian los hábitos de consumo. Sin embargo, un estudio realizado por Servipunto deja en evidencia cuáles son esos cambios que se han podido ver con el pasar del tiempo.

Servipunto ofrece a diferentes compañías la posibilidad de rastrear el desempeño de sus marcas, con el fin de que estas también puedan tener una retroalimentación constante sobre el comportamiento de sus consumidores.
De acuerdo con la investigación adelantada, se muestra que la visita de usuarios a tiendas de barrio cayó un 7,1 %, mientras que el valor de las ventas creció un 1,4 %. Según lo citado por el medio de comunicación El País, esto “no refleja un mejor desempeño, sino un gasto por compra inflado por la necesidad”.
Todo esto supone que los colombianos están prefiriendo hacer una planificación de sus mercados en almacenes de cadena, que en muchas ocasiones tienen descuentos que resultan beneficiosos para los usuarios.
El líder de Data Analytics de Servipunto, Juan Pablo Muñoz, ha precisado que “estamos ante una migración de lealtad estructural. El consumidor ya llega a la tienda de la esquina con el mercado comprado; llega con la bolsa de las tiendas de descuento o de bajo costo y solo entra por lo que olvidó o por el formato mínimo que le permite llegar al día siguiente”.
Colombia, en los últimos años, ha tenido cambios drásticos con el auge de tiendas de “descuento duro”, las mismas que se ven casi en cualquier barrio y que ofrecen productos de buena calidad a un precio bajo, por las características específicas del modelo de negocio.
Pues en este se busca reducir costos de infraestructura, con empleados que tienen asignadas varias tareas dentro del establecimiento y otras estrategias que han tenido gran acogida en la población colombiana.

Esto también ha generado una desventaja competitiva para las tiendas de barrio, que cada vez encuentran más obstáculos para poder subsistir, y que se han relegado a un consumo del “desvare”.

Teniendo en cuenta esto, los diferentes tenderos tendrán que pensar nuevas estrategias para poder competir contra un mercado que cada vez es más cambiante y que supone retos distintos a los que se tenían hace algunos años.
Muñoz afirmó que “la industria y los tenderos que ignoren esta nueva realidad del ‘desvare’ seguirán perdiendo terreno frente a formatos más ágiles”.
