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Alejandra Carvajal, columnista
Alejandra Carvajal, columnista - Foto: Foto suministrada por la columnista a SEMANA

No eran necesarios más impuestos, ahora sí aumentará la pobreza

La inflación, uno de los peores impuestos que se puede poner a los más pobres, será protagonista en la era Petro. Es altamente criticable la política económica del actual gobierno.


Por: Alejandra Carvajal

Puerto Rellena en Cali fue uno de los lugares más simbólicos durante las protestas. Allí se aglomeraron cientos de personas indignadas por distintas razones, siendo una de ellas la reforma tributaria que en su momento planteó el anterior gobierno. Llegó a llamarse a este sitio Puerto Resistencia, pues era uno de los principales cuarteles de la Primera Línea a nivel nacional.

Puerto Rellena debe su nombre al buen número de puestos de venta de rellenas con agua de panela que administraban mujeres que habitaban este sector de Cali a finales de los años 60. Como parte del “rebusque”, los ingresos de sus hogares se basaban en las ventas callejeras de estos productos. Esta es una práctica que aún subsiste, no solo en esta zona del Pacífico, sino en todo el territorio nacional.

Lo que nunca imaginaron los manifestantes de Puerto Rellena, era que uno de los primeros actos del gobierno de Petro iba a ser poner impuesto a la morcilla y a las bebidas azucaradas que la acompañan. Sin duda, sus finanzas se verán menguadas como consecuencia de esta medida y la economía de sus hogares se verá gravemente afectada.

Como parte de la modernidad y de la emancipación femenina, las mujeres al salir a trabajar empezaron a tener menos tiempo para cocinar. Las comidas “rápidas” y alimentos de similar preparación se convirtieron en el eje de la dieta de millones de hogares, no solo en Colombia sino en el mundo.

Hay miles mujeres, que no sabemos hacer sopa más allá de la que viene en polvo y lleva el rótulo de Maggi o alguna empresa afín; al no haber tiempo para hacer jugo de fruta, -parte esencial del menú de un país tropical como el nuestro-, radica en los té instantáneos, la Pony Malta, la gaseosa o el jugo que viene en caja o botella. Este tipo de impuestos atenta contra la lucha y la conquista femenina, pues a las que no les alcanza para pagar, el mercado les alcanzará aún menos.

Aquellas mujeres que pasan dos horas viajando en bus para ir a sus trabajos y otras dos regresando a sus casas, gastarán más tiempo cocinando, teniendo que levantarse no a las 5 sino a las 4 de la mañana, lo cual implicará una disminución significativa en su calidad de vida. No toda la comida que se va a gravar puede ser considerada chatarra, lo que hará en el fondo es que los niños coman menos, pues no habrá como comprarla. La salud pública no mejorará, empeorará por falta de calorías.

Ahora bien, si se pretende aumentar el recaudo con esta clase de tributos para invertirlo en un mayor gasto público, como los programas sociales que prometió el actual gobierno, se incurre en error. La inflación es el peor de los impuestos, implicando un grave golpe para el bolsillo de los pobres.

Así las cosas, se estaría gravando a los más humildes doblemente al poner impuestos a varios de los alimentos que más consumen y al generar una mayor inflación. La explosión social que puede generar este tipo de medidas en el mediano y largo plazo será de un calado similar a las manifestaciones que se presentaron hace pocos meses en todo el país.

Lawrence Summers, quien se ha desempeñado como secretario del Tesoro de los Estados Unidos, economista del Banco Mundial y director del Consejo Nacional de Economía de Estados Unidos, ha advertido recientemente que aumentar los impuestos puede ayudar a combatir la inflación, pero que el recaudo resultante de estos tributos no debe destinarse a financiar programas sociales, porque generarían una mayor inflación, el cual insisto, es el peor impuesto que se le puede poner a un pobre.

Si a esto le sumamos una reforma laboral encaminada a aumentar salarios por concepto de horas extras y recargo nocturno, el impacto en materia inflacionaria va a ser de grandes proporciones. El ponerle freno a Ecopetrol y bajar la producción, así como poner impuestos al carbón y al petróleo, ineludiblemente afectará las rentas nacionales.

Si realmente quiere generarse riqueza y ayudar a los hogares colombianos, en especial a aquellos que reciben menores ingresos, este tipo de medidas pueden ser fallidas y convertirse en un verdadero color de cabeza para el gobierno nacional. Así las cosas, puede ser peor, mucho peor, el remedio que la enfermedad. Disminuir la pobreza, como lo prometió el actual gobierno, no requería de este tipo de impuestos. Por el contrario, con esta clase de medidas, aumentará.

Nota final: Una de las banderas progresistas es la equidad de género. Fortalecer relaciones con gobiernos como el de Irán, que a las ya muchas restricciones en contra de las mujeres ha sumado esta semana la de no permitirles aparecer en comerciales de televisión o prensa, es bastante contradictorio. Señores progresistas, ¿dónde está la coherencia que se endilgan?