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La plaza Roemerberg está vacía en Frankfurt, Alemania, la madrugada del martes 9 de marzo de 2021. Una bandera alemana y una europea están fijadas en el ayuntamiento de la izquierda. (Foto AP / Michael Probst)
(Foto AP / Michael Probst) - Foto: AP.

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“Quiero trabajar con mi título en Alemania”: difícil, pero no imposible

En Alemania, el proceso de homologación de títulos puede ser tedioso y, en ocasiones, imposible. Pero ese no es el principal obstáculo: aprender el idioma sigue siendo el mayor desafío. Acá algunas experiencias.

Gabriela Vílchez y Giovana Figueroa son dos de las 7.130 personas de nacionalidad peruana registradas oficialmente en 2020 en Alemania. Vílchez, que lleva en Alemania desde 2006, se recibió de abogada en Perú y realizó un máster en España, donde conoció a su esposo alemán. Cuando la pareja decidió trasladarse a Alemania a vivir, ella tuvo que hacer un curso obligatorio de integración para aprender el idioma y la cultura alemana. “Eso me quitó mucho tiempo para la tesis doctoral que estaba haciendo. Al final la dejé y me puse a estudiar alemán, porque sentí mucha presión, ya que mi permiso de residencia estaba condicionado a la superación de ese curso, aun estando casada con un alemán”, dice a DW.

Sin embargo, es indudable que los lazos familiares en Alemania facilitan las cosas. Para los latinoamericanos que no los tengan, Gabriela Vílchez recomienda venir a través de rutas bilaterales establecidas entre Alemania y el país de origen o programas oficiales como los que detalla la página “Make it in Germany”, que tiene versión en castellano.

“Pisar tierra”

En cuanto a la homologación de su título de Derecho obtenido en Perú, a Gabriela le recomendaron en dos universidades que empezara la carrera desde cero. “Hay profesiones, como Arquitectura, en las que la homologación es un trámite administrativo, pero en Derecho no me reconocieron nada”. Vílchez acabó haciendo un máster de Derecho alemán para juristas extranjeros, pero, finalmente, los obstáculos que encontró le condujeron a reorientar su actividad laboral en la estimulación musical temprana. En Bonn dirige la iniciativa Semilla Amarilla, grupo de encuentro de familias hispanohablantes, y está acreditada como profesora de varios programas de música para niños.

Dos títulos superiores peruanos en Informática y Finanzas no impidieron que su compatriota Giovana Figueroa también se viera finalmente obligada a reorientar sus pasos hacia el universo infantil. Tras 10 años en Alemania, reconoce que el idioma ha sido su gran batalla. Luego de hacer el curso obligatorio de integración al llegar al país, logró una plaza de practicante en la oficina de finanzas de una gran empresa alemana, donde no pudo continuar después su vida profesional por no poder hacer un caro y exigente curso de lenguaje especializado. “Siendo una persona acostumbrada a sobresalir, me sentí mal por no aprender rápido el idioma”, dice a DW.

Giovana vivió un tiempo de la ayuda estatal y consideró incluso la posibilidad de volver a Perú, pero finalmente hizo una formación de nueve meses para trabajar en jardines de infancia y esa es la profesión que hoy desempeña y que le resulta gratificante. “Me dio pena no ejercer mi carrera. Yo quería estar en un nivel diferente, en empresas grandes, pero aquí he tenido que pisar tierra y dedicarme a otra cosa que también me gustaba, que es el apoyo social”, reconoce a DW.

Un empleo en ámbito laboral propio

La periodista venezolana Nardy Guerrero sí logró trabajar en su ámbito como redactora de contenidos en la organización católica Carta a los Padres. Guerrero llegó con su título de Periodismo ya homologado en España y un máster español. Le llevó poco más de un año convalidar ambos en Alemania, tras presentarlos en la Zentrale Servicestelle Berufsanerkennung (ZSBA), el sitio oficial para reconocer títulos extranjeros.

El proceso le costó 350 euros, un dinero que después le fue devuelto por el Estado, ya que estaba inscrita oficialmente como desempleada en el Arbeitsamt, la oficina de empleo. Este organismo también le facilitó la realización de cursos para mejorar su presentación en las entrevistas y una buena elaboración de su currículum. Guerrero reconoce que, como profesional, se siente “decepcionada” de Alemania. “Es muy difícil entrar en el sistema incluso cuando ya tienes un cierto nivel de alemán y puedes escribir. Además, también hay amiguismo. Y, en lo que yo conozco, es un trabajo mal pagado y es difícil acceder a contratos fijos y los beneficios que tienen las demás profesiones. Es duro y a veces me planteo cómo reinventarme”, dice Guerrero a DW.

Por su parte, Magdalena Marx es médico y está plenamente integrada en el mercado laboral de Alemania, donde en 2020 había 12.590 colombianos registrados oficialmente. Marx obtuvo su título en Bogotá, lleva en Alemania más de una década y ahora vive en Baviera, donde trabaja para una Secretaría de Salud. También se vio obligada a luchar por aprender el idioma alemán, pero, para ella, el mayor obstáculo fue la homologación de su título de Medicina. En el proceso, que duró más de un año, le pidieron certificados originales “que ni siquiera existen en Colombia”, dice a DW, y admite que lo mejor, si se tiene pensado venir a Alemania, es estudiar en este país.

Reinventarse dentro de la propia profesión

También Marcela Guarnizo es de Bogotá y lleva en Alemania desde 2003. Titulada en flauta traversa, prosiguió en Bremen su formación. Pronto se dio cuenta de que su sueño de niña de ser flautista en Alemania era irrealizable por la enorme competencia, así que comenzó a dar clases de su instrumento y de español en la Escuela Internacional de Bremen, donde no le hizo falta homologar su título colombiano.

Su camino convergió allí con el de su esposo, el educador infantil y cuentacuentos español José Paniagua y juntos emprendieron el proyecto “Guagua de cuentos”, que reúne música, educación, arte, concientización ambiental… Además, fundaron la editorial Kolibris. “Me siento muy agradecida”, reconoce Guarnizo a DW. “Aquí hay cosas difíciles, como el tiempo y tener a la familia lejos, pero estamos dando una mirada diferente a muchas personas. Se trata de ayudar a crear un espacio de reflexión y regalar felicidad, alegría y que piensen en otra cosa en tiempos de pandemia. Es muy gratificante”, asegura.

*Reportaje de la Deutsche Welle