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ELECCIONES

Esto es lo que se juegan los partidos políticos en las urnas

Desprestigiados y contra las cuerdas, las colectividades definirán su futuro en las votaciones de esto 11 de marzo. Todos apuestan por la supervivencia o por crecer, por lo que SEMANA le cuenta cuáles son sus estrategias para permanecer en el panorama político.

3 de marzo de 2018

Los partidos políticos pasan por un mal momento. Su desprestigio en el mundo tiene una versión colombiana nada despreciable y las firmas y las apuestas independientes están de moda. Pero se resisten a morir y tienen su gran oportunidad para enfrentar la adversidad en las elecciones de Congreso, en las que siguen siendo los grandes protagonistas. De allí esperan salir victoriosos y, de hecho, se prevé que el Poder Legislativo mantendrá –a grandes rasgos– la composición que ha tenido en los últimos años. Todos aspiran a conservar su protagonismo, aunque, según los cálculos, el Centro Democrático y Cambio Radical están al alza; los liberales y La U, a la baja; y los demás –conservadores, verdes, Polo, Mira– se mantienen. A solo una semana de las elecciones, SEMANA habló con los directivos de las principales fuerzas partidistas para indagar por sus apuestas.

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La U: conservar el liderato

El partido del presidente Juan Manuel Santos se sentiría muy bien librado si conserva su participación actual en el Legislativo. Al fin y al cabo, con 21 senadores y 37 representantes, es la bancada mayoritaria. Esa meta, sin embargo, no se ve fácil. La colectividad ha perdido a dos grandes electores –Musa Besaile y Bernardo Elías, hoy detenidos– y está por verse si logra mantener esas curules en cuerpo ajeno y con las mismas votaciones de hace cuatro años. La U fue el instrumento clave para ganar las últimas tres elecciones presidenciales –la segunda de Uribe y las dos de Santos– y en esta oportunidad no tiene aspirante propio ni ha podido, hasta el momento, construir un consenso para respaldar a alguno de los abanderados de otras fuerzas. Un sector se inclina por Germán Vargas Lleras, pero los grandes electores –Roy Barreras y Armando Benedetti– se oponen a esa opción. Esa encrucijada tiene su origen en las contradicciones que ha tenido la colectividad en su corta vida: fue el partido de Uribe y luego de Santos, pero no ha olvidado su origen liberal de vieja recordación. Las listas no tienen sorpresas ni renovación porque apuesta, en definitiva, por conservar la fórmula de las elecciones recientes: ser una red de grandes electores locales y regionales.

Centro Democrático: consolidación

El uribismo compite por segunda vez en las elecciones legislativas. Las expectativas internas van por aumentar la actual representación de 21 senadores y 19 representantes. Alimentan esa ilusión el éxito electoral de la derecha en el plebiscito sobre el acuerdo de paz y la consolidación del partido a nivel regional en los últimos cuatro años. A diferencia de 2014, en esta oportunidad la lista –encabezada por el expresidente Uribe– es abierta: el elector va a expresar su preferencia entre ellos. Se da por descontado que casi todos los votantes marcarán el número uno, el del expresidente, y algunos de los fieles alfiles de los últimos cuatro años pueden tener dificultades para cosechar votos propios. Ha resultado curiosa la presencia simultánea de Uribe con sus candidatos en actos proselitistas porque los votantes, al final, tienen que escoger entre uno u otro. Y dos de las senadoras actuales, María del Rosario Guerra y Paloma Valencia, que llegaron en 2014 impulsadas por su jefe, ahora pueden haber capitalizado sus campañas recientes como precandidatas a la Presidencia; por eso Uribe las puso en los primeros lugares. Además de apuntarle a crecer el tamaño de la bancada, para los uribistas el 11 de marzo es la gran oportunidad para extender su organización a todo el país.

Cambio Radical: la carta costeña

Al partido de Germán Vargas Lleras se le reconocen posibilidades reales de incrementar su representación actual de 9 senadores y 16 representantes. Por una parte, porque la impulsa la candidatura presidencial de su jefe natural. Y por otra, por el trabajo que ha realizado en la costa Caribe de mano de la fuerza política del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char. Cambio aspira a recoger frutos de sus siembras en las regiones en los últimos años, donde ya ha extendido su presencia en Alcaldías y Gobernaciones. Vargas Lleras le delegó parte de esa tarea al director del partido, Jorge Enrique Vélez, e inscribió su propia aspiración presidencial por firmas. En 2018 la lista no está encabezada por Carlos Fernando Galán, un elector significativo, sobre todo en Bogotá, y pagará un precio por los escándalos judiciales que han salpicado a algunos de sus miembros. La estrategia electoral se concentra en sumar votos de organizaciones locales –que han sido siempre el factor clave en la elección de Congreso–, y Rodrigo Lara, quien pasa de la Cámara al Senado encabezando la lista, la ha complementado con una apuesta por votos de opinión, sobre todo en Bogotá.

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Liberales: la consigna de aguantar

El expresidente César Gaviria, jefe del liberalismo, le apuesta a conservar su fuerza parlamentaria de 17 senadores y 39 representantes, con una estrategia que involucra a las figuras consolidadas en las regiones. Muchos nombres parecen desconocidos para el electorado de opinión, comenzando por la cabeza de lista al Senado, Mauricio Gómez Amín, del Atlántico. Más que nombres de impacto, hay ascensos de Cámara a Senado que reconocen la realidad regional. Pero hay nombres que salieron del tarjetón rojo: Horacio Serpa le abrió paso a su hijo, Horacio José, y Juan Manuel Galán y Viviane Morales se marcharon en protesta por las reglas del juego adoptadas para la consulta interna. El gran interrogante es si el ascenso de figuras locales podrá compensar la pérdida de votos de estos tres grandes candidatos que movían voto de opinión. La figura del candidato presidencial, Humberto de la Calle, es un activo, pero hasta el momento las campañas para la Presidencia y para el Congreso se han llevado a cabo de manera separada. De la Calle hace la suya, y Gaviria, la del Congreso.

Conservadores: el dilema de siempre

Los azules vuelven a enfrentar la encrucijada de los últimos años: tener candidato a la Presidencia propio o apoyar a otro partido. Ese trance ha sido una de las causas de haber perdido casi la mitad de su bancada parlamentaria entre 2006 y 2018. Sin embargo, sigue siendo competitivo por el primer lugar con 18 senadores y 27 representantes, y aspira a conservar su protagonismo, gracias, fundamentalmente, a su presencia tradicional en regiones que lo siguen respaldando. El director del partido se debate entre convocar una convención para apoyar a un candidato antes del 11 de marzo o dejarlo para después. La opción más probable es Germán Vargas, pero no reúne consenso. A eso se agrega la salida de Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, que tienen simpatías en las bases. Y para frenar su deterioro en Bogotá –y en general, en el electorado de opinión– echó mano de Miguel Gómez Martínez como cabeza de lista para el Senado. Se da por descontado, sin embargo, que sus posibilidades vuelven a ser más rurales que urbanas.

Polo: alcanzar el umbral

El Polo Democrático decidió mantener a Jorge Enrique Robledo, el más votado hace cuatro años, como cabeza de lista. Su ausencia habría puesto en peligro la llegada al umbral, que se calcula en 460.000 votos y que apenas alcanzó hace cuatro años. Robledo e Iván Cepeda son los nombres que más arrastran. A las listas retornaron figuras que en el pasado aportaban votaciones significativas como Jaime Dussán y Wilson Borja. Pero la mayor dificultad para las toldas amarillas surge del entorno general, en el que se ha fragmentado la izquierda: Gustavo Petro arrastra a sectores de las bases del Polo para su candidatura presidencial y Clara López hace lo propio para su opción vicepresidencial. El partido ha sufrido la salida de algunos de sus grandes protagonistas de los últimos años –Lucho Garzón, Gustavo Petro, Clara López– y lo ha golpeado la crisis de la alcaldía de Samuel Moreno. En los cuatrienios santistas perdió el monopolio de la oposición a manos del uribismo, y de hecho algunos de sus miembros se acercaron a Santos en 2014 para frenar a Óscar Iván Zuluaga y en 2016, en el plebiscito por la paz. La gran apuesta es que Robledo mantenga su fuerza y la incremente gracias a su perfil mediático y a lo que pueda arrastrar Sergio Fajardo, cuya candidatura apoya.

Alianza Verde: mantener viva la llama

Los verdes irán a estas elecciones sin sus dos líderes más influyentes de los últimos años: Claudia López y Antonio Navarro. La ausencia de estas figuras casi les haría imposible conservar el umbral y la bancada de 5 senadores y 6 representantes, si no fuera por dos hechos nuevos. El primero, haberse convertido en el apoyo por excelencia de la candidatura de Sergio Fajardo, quien ha liderado las encuestas y ha hecho campaña por los miembros de la lista verde. Y el segundo, haber encabezado la lista con Antanas Mockus, quien mantiene la credibilidad para su discurso ético, muy apropiado para los tiempos que corren de gran desprestigio de la política. La apuesta de la Alianza es el electorado de opinión con un llamado al cambio en las costumbres, en las personas y en los partidos que han dominado la política. El mensaje es sólido y los nombres que lo respaldan –Fajardo, Claudia, Navarro y Mockus– también. El gran interrogante vuelve a ser si el equipo es suficiente para enfrentar a las grandes maquinarias de los otros partidos.

Petro: la lista diferente

La lista que promueve el exalcalde capitalino y aspirante presidencial Gustavo Petro tiene una lógica contraria: el candidato arrastra a los demás. La mayoría de los miembros de la lista son desconocidos, con excepción de la cabeza –Gustavo Bolívar–, quien ha ganado su prestigio en áreas distintas a la política como escritor y guionista. Este proyecto buscará un umbral que no tiene fácil, con votos de opinión que apoyan posiciones progresistas en materia de medioambiente, protección de los animales, rechazo a la minería, y que expresa la rabia contra la política tradicional y la corrupción. Y tiene un pie de apoyo en algunas organizaciones con capacidad de aportarle una votación amarrada: el Mais, la ASI y la UP. Es la única lista con alguna posibilidad de entrar por primera vez al Congreso sin el aval de un partido, e inscrita por firmas. Y ese es, justamente, su gran desafío.

La Farc: bautizo difícil

Las primeras elecciones del partido del exgrupo guerrillero son agridulces. La campaña ha dejado claro que enfrenta un amplio rechazo y también que sectores de la derecha tienen la intención de sabotearlo. La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común echó mano de estrategias para mantener la unidad de sus bases, pero que han sido mal recibidas. Por ejemplo, mantener el nombre del exgrupo armado y conformar las listas con figuras asociadas a la época de guerra, y no a una nueva etapa. Su discurso, representar a la gente del común, se ha visto eclipsado por las críticas al proceso de paz y a las acciones de la lucha armada. Sin embargo, para la Farc lograr una votación alta es importante en el largo plazo, para construir una base propia y consolidar el proceso de paz, pero no será determinante para definir su participación en el Congreso, pues contará con cinco curules en cada una de las dos Cámaras, independientemente de su fuerza electoral. Su nueva batalla –esta vez política– es de largo plazo.