
Trump, el disruptor del mundo: las claves de su primer año y los retos de un 2026 que cambiará el tablero global
Logros contundentes, polémicas y drásticas decisiones marcan la administración del presidente de los Estados Unidos. Estos son los desafíos de 2026, bajo la agenda de “Hacer América grande de nuevo”.

El estruendoso regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, marcó un antes y un después en la política estadounidense. Bajo la promesa de recuperar al país para que se convirtiera en el eje del mundo, tomó una serie de medidas acordes a su lema “Make America great again”, pues tan solo en el primer día de su nuevo mandato firmó 100 órdenes ejecutivas que comenzaron a generar preocupaciones y apoyos, pero también a evidenciar su talante.
Aunque la justicia bloqueó varias de estas medidas, Trump demostró tener clara una agenda internacional y doméstica que puso sobre la mesa debates globales sobre comercio, migración, seguridad, poderío geopolítico, y hasta que su figura se convirtiera en uno de los opcionados a un Premio Nobel de la Paz.
Todo ello no sin conseguir objetivos para Estados Unidos, un país con bajas tasas de inflación (en noviembre llegó a un 2,7 %) y 50.000 puestos de trabajo creados en diciembre, con una tasa de desempleo que bajó al 4,4 %. Además, a nivel internacional, paró algunas guerras y logró ceses al fuego, también contundentes golpes, como la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro.
Y es que desde una guerra arancelaria sin precedentes que tuvo en constante pánico a las bolsas del mundo, pasando por fuertes medidas migratorias con redadas y deportaciones, que han desatado grandes protestas, hasta apaciguar momentos de alta tensión en Oriente Medio y su presencia con navíos militares en el mar Caribe, han demostrado que la administración Trump ha impulsado decisiones polarizantes y de alto impacto global.
Así, a diferencia de su primer mandato, el Trump de 2025 gobernó con un mayor control del aparato estatal y con una narrativa clara: su regreso no era simbólico, sino transformador ante las fuertes críticas que tuvo con su antecesor Joe Biden.
Ahora llega al segundo año de este periodo presidencial, con el claro fin de crear un legado duradero, lo que implicará un esfuerzo considerable. Expertos consultados por SEMANA definieron el primer año para Trump, que significó actuar con rapidez y sin concesiones, y lo que enfrentará en 2026, de cara al próximo Discurso del Estado de la Unión que realizará el 24 de febrero.
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La política migratoria se convirtió en uno de los pilares del accionar presidencial con el que Trump buscó no solo controlar el fenómeno migratorio, sino también blindar la frontera con México de quienes buscaban entrar de manera ilegal.
Los titulares dieron cuenta de las imágenes y videos que circulaban en redes sociales sobre cómo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tenía cada vez más fuerza y presencia en distintas ciudades del país para detener a los migrantes y empezar sus deportaciones. Tal es el caso de los primeros aviones que salieron de Estados Unidos rumbo a Colombia, con el que se desarrolló una fuerte tensión con el presidente Gustavo Petro al estar en contra de este tipo de acciones muchas veces violentas y degradantes.
Además de que el mandatario declaró al Tren de Aragua como organización terrorista y envió a 200 venezolanos, que estarían supuestamente involucrados con ese grupo, a El Salvador para permanecer en el Cecot, la cárcel de máxima seguridad donde están recluidos los integrantes de las pandillas de los Mara.
Y bajo este panorama, Trump retomó el discurso de seguridad nacional como eje del debate migratorio. Reprimió la inmigración, envió tropas a ciudades gobernadas por sus opositores demócratas, apuntó contra enemigos políticos para tomar represalias y utilizó amenazas legales para intimidar a empresas, universidades y medios de comunicación. Las protestas contra el accionar del jefe de Estado no se hicieron esperar en ciudades como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, entre otras.
“Ese elemento genera profundas dudas y cuestionamientos acerca de la libertad, que al interior de esa sociedad, ese control autoritario, no es bien visto en términos generales… eso no quiere decir que no reciba apoyos por parte de su partido, el Partido Republicano, y que no tenga en ocasiones hasta un respaldo de las instituciones y de los jueces, porque en efecto, también si fuera de manera excesiva, pues puede crear unas distorsiones en el mercado laboral”, comentó Rafael Piñeros, experto en Relaciones Internacionales.
La segunda era Trump es más dura que la primera: giros bruscos, guerra arancelaria y una fuerte política migratoria. El experto en Relaciones Internacionales, Rafael Piñeros, explica como fue este año para el presidente estadounidense.

En medio de las críticas, la política migratoria del presidente cuenta con el fiel apoyo de sus seguidores; tan es así que el propio Trump saca pecho de sus resultados: “Desde el primer día tomé medidas inmediatas para detener la invasión de nuestra frontera sur. Durante los últimos siete meses, no se ha permitido la entrada de ningún extranjero ilegal a nuestro país, una hazaña que todos decían que era absolutamente imposible”.
La situación sigue siendo álgida, pues las redadas migratorias han generado que el debate se vuelva más candente en torno al uso de la fuerza desmedida por parte de las autoridades.
Este 2026 arrancó de manera tensa en Minneapolis, cuando en medio de las acciones por parte de ICE se registró la muerte de Renee Nicole Good, de 37 años, quien intentó escapar cuando agentes se acercaron al vehículo que manejaba y pretendieron abrir la puerta del auto. Varias grabaciones en redes sociales mostraron una confrontación entre un agente del ICE y Renee Nicole Good, quien al intentar huir le dispararon, ocasionándole la muerte.
Así, para 2026, la migración y su control ya no son solo una narrativa, sino que la Casa Blanca, al destacar la reducción de cruces irregulares como prueba de éxito, tendrá una línea más dura con el uso de más tecnología, congelamiento de visas y mayor poder discrecional para el Ejecutivo, al tiempo que seguirá presionando a México, Centroamérica y países de Sudamérica para actuar como muros de contención.
Aranceles al 10 %, al 25 %, al 50 % y hasta al 120 %. Así fue la ruleta rusa y la lista de países que Trump iba incluyendo para subirles los aranceles a distintos productos, llegando a generar confusión en las economías del mundo. La razón principal fue el proteccionismo económico. El presidente sostuvo que durante décadas EE. UU. fue perjudicado por acuerdos comerciales que favorecieron a otros países y afectaron la producción estadounidense.
En ese rifirrafe, continuo por el aumento o disminución de los mismos, el mandatario amenazaba y aplicaba los aranceles en automóviles, productos agrícolas, tecnología, acero, carbón, entre otros, a países como México, Canadá, China, Rusia, Brasil, España o hasta Irán, los cuales se vieron obligados a hablar y renegociar con el mandatario.
Un escenario económico en el que no paraba de tomar decisiones y hasta llegó a decir: “Arancel es mi palabra favorita”. Así, Trump lo concibió como una palanca política y arma de negociación que llevó a que los mercados estuvieran en una constante “incertidumbre”, como lo describió Alberto Bernal, director de estrategia global para la firma de XP Investments, en diálogo con SEMANA.
“Tuvimos unas bolsas extremadamente volátiles, unas monedas latinoamericanas moviéndose fuertísimo y una incertidumbre muy importante, por la incertidumbre que teníamos todos, desde analistas hasta políticos. Es una política bastante retrógrada, yo diría, una política de tratar de controlar las importaciones, muy cepalina”, dijo el director de estrategia global para la firma de XP Investments.
Y es que Trump fue muy claro respecto a esta estrategia: “Quien esté en mi contra, le pongo aranceles”, o como lo afirmó Bernal: “Obligó a todos los países a arrodillarse y negociar con él”. Respecto a esto, el pasado mes de noviembre, el presidente dijo: “Hemos tenido nueve meses geniales. Ahora tenemos que hacerlo unas cuantas veces más, solo tenemos que seguir adelante”.
“Sí ha ayudado a generar algo más de empleo localmente en pequeñas empresas, pero siendo completamente justos con la evidencia, si el objetivo era incrementar el trabajo en manufactura, Estados Unidos no ha sido efectivo en eso”, afirmó Bernal.
De cara a 2026, el desafío de esta guerra arancelaria se convierte en la estrategia estructural y de largo plazo para mantener la economía de Estados Unidos activa, que es concebida por Trump como un instrumento de poder económico, geopolítico y en el que China seguirá siendo el principal objetivo a frenar no solo en lo comercial, sino en lo tecnológico y de cadenas de suministro.
Y es que, respecto a China, Bernal señaló que esa fijación de Trump con contener al gigante asiático “tiene componentes de guerra fría. O sea, China está tratando de avanzar en unos procesos de inteligencia artificial que son diferentes a los de Estados Unidos y eso, pues no es tan positivo”, por lo que sí o sí el país norteamericano “ve a China como su competidor más importante en el mundo en las nuevas tecnologías, y China igual”.
Trump aseguró en diciembre que el país está “a las puertas de un boom económico como el mundo nunca ha visto”, lo que pasa también por su otra mirada, que es el petróleo.
Luego de la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, se acordó con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, que Venezuela entregará petróleo a Estados Unidos: “Entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a los Estados Unidos”, escribió el mandatario en su perfil de Truth Social el pasado 6 de enero.
“Lo que sí pasa es que, con el hecho de que Estados Unidos hubiera apresado a Maduro, el precio del petróleo internacional a futuro tiende a caer y, por lo tanto, el precio de la gasolina en Estados Unidos cae, y el objetivo de Donald Trump es bajar el precio del galón de gasolina a nivel nacional a un promedio de dos dólares. ¿Para qué? Para que pueda ganar las elecciones de medio término en noviembre del 2026”, remarcó el experto..
En 2025, el gobierno de Donald Trump convirtió los aranceles en su principal arma de economía y política exterior, obligando a los países a negociar con el presidente estadounidense. Alberto Bernal, experto en finanzas y economía, explica sus efectos y lo que se espera en este 2026.

Trump tuvo clara su hoja de ruta en materia geopolítica desde el inicio de su Gobierno: buscar una salida a la guerra entre Ucrania y Rusia, pero ahora Europa ve cómo el orden global establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial está en riesgo.
Para el mandatario, Ucrania es una cuota pendiente: “Nos encontramos con una postura de Trump hacia Ucrania y hacia la propia Europa bastante fría y bastante dura, donde emplaza a sus aliados europeos a que sean ellos los que se ocupen del tema Ucrania”, así lo describió para SEMANA Tania Rodríguez, experta en inteligencia, seguridad y defensa.
Ahora, el presidente estadounidense va por Groenlandia, y esto no fue un simple anuncio desde antes de llegar a su segundo mandato y establecido su primer día de gobierno; es algo que se ha fijado como meta este 2026. Representando una amenaza directa a un miembro de la Otan, Dinamarca, que ostenta el dominio sobre la isla ártica; ahondando más en las tensiones con los tradicionales aliados europeos.
Lejos de disminuir su ritmo, Trump, quien cumple 80 años en junio, ha recibido el nuevo año con una serie de acciones agresivas que desafían la estructura defendida por Estados Unidos durante décadas: desechando las formas tradicionales de la diplomacia al retirar al país de decenas de organismos de la ONU y de otras organizaciones internacionales y retando a una Europa debilitada en su defensa con hacer de Groenlandia territorio americano.
“En materia de guerra en Ucrania, la primera etapa del segundo mandato de Donald Trump está casi que intacta y, en materia de enfoque europeo respecto de esta segunda administración, Trump tampoco ha avanzado en mayores acuerdos con la Alianza Atlántica aquí en Europa. Y con base en ellos se vienen varias doctrinas”, dijo Rodríguez.
A un año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el objetivo fue Ucrania y parar la guerra con Rusia, un conflicto que está parcialmente ‘congelado’. Ahora proyecta su poder en el Ártico, con Groenlandia en el centro del tablero. Tania Rodríguez, experta en inteligencia y seguridad, explica lo que pasa en la relación con Europa.

Doctrinas que ya Trump ha venido anunciando, como la Monroe para toda América, que continúa este 2026 señalando que el control de Estados Unidos sobre Groenlandia es “vital” para su proyecto Cúpula Dorada, sistema de defensa aérea y antimisiles.
“Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo”, señaló Trump.
Esta situación ha tensionado las relaciones internacionales y alertado a Francia, Alemania y la propia Unión Europea sobre las intenciones del mandatario estadounidense. Rodríguez aseveró que este escenario marca la pauta para la doctrina que quiere aplicar en el viejo continente: “Se denomina Doctrina Delta, nacida de la Doctrina Monroe; no solamente se limita en materia de intereses estadounidenses a América”.
“Trump ha dicho que no se lleva por el derecho internacional y allí en la Doctrina Delta eso es lo que contempla… Y esto es Groenlandia, porque él en repetidas ocasiones ha dicho: si no es de los Estados Unidos, entonces será de Rusia o será de China”, detalló.
“Eso es lo que hace la disputa más interesante, porque en el tratado que conforma la Otan no se estableció de ninguna manera la posibilidad de que un aliado atacase a otro. Entonces no tenemos antecedentes de esto. Europa rechaza de manera tajante lo que Trump quiere hacer con Groenlandia. Entonces, lo que vamos a esperar en este 2026 es una administración Trump muy activa a nivel internacional, y repito, obviando el derecho internacional y aplicando la Doctrina Delta”, puntualizó Rodríguez.
“He puesto fin a siete guerras interminables. Decían que eran interminables. Que nunca las iba a poder resolver. Algunas llevaban 31 años. Dos de ellas, 31. Piénsenlo, 31 años. Una llevaba 36 años. Otra, 28. Puse fin a siete guerras”, con estas declaraciones, Trump enarbola que uno de sus logros contundentes fue parar la guerra entre Israel y el grupo terrorista Hamás, que se convirtió en el blanco de reclamos y protestas a nivel mundial en las que se acusaba al Estado israelí de cometer genocidio en Gaza.
Eran incalculables las imágenes, videos y titulares de una confrontación en la que no había una solución viable en el camino. El presidente estadounidense en varias ocasiones amenazó a Hamás con “desatar el infierno” si no liberaban a los secuestrados israelíes y paraban los ataques.
Medio Oriente se posicionó en la agenda del gobernante ante una postura firme frente a los conflictos en esta zona, donde jugó un papel activo en Yemen, Siria, y con sus visitas a Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, con el objetivo declarado de atraer inversiones millonarias para Estados Unidos. Aunque las iniciativas diplomáticas fueron presentadas como esfuerzos de mediación, el respaldo a Israel fue claro y consistente.
Pero el plan de paz para la Franja de Gaza de Trump, tras un acuerdo de cese al fuego como punto de partida, deja muchos puntos sin resolver, como las futuras etapas de la retirada del ejército israelí, la reconstrucción o la futura gobernanza del territorio palestino.
Todo parece indicar que en 2026 esta zona quedará en un segundo plano, pues Trump tiene la mirada en otros intereses: la Doctrina Monroe para América, y una mayor presión sobre Irán, por el momento, como lo detalló Enrique Prieto, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
“Indica que va a abandonar estas operaciones muy lejanas a Estados Unidos para concentrarse en el hemisferio occidental, las Américas… Entonces, vemos una retirada de Estados Unidos. Sin embargo, logra terminar este conflicto entre Israel y Palestina con unas amenazas parciales a Irán”, manifestó.
Si bien en 2025, Trump mantuvo varias conversaciones con Irán por su armamento nuclear y logró terminar el conflicto que se desató con Israel, bajo la fase de máxima presión para forzar un acuerdo nuclear, reduciendo exportaciones de petróleo iraní y advirtiendo que “todas las opciones” están sobre la mesa, incluido el uso de bombas rompe-búnker; las protestas con las que despertó el país asiático en 2026 han reactivado la postura del presidente, relegando Medio Oriente a otro plano en su agenda.
El primer año del segundo mandato de Donald Trump, Medio Oriente estuvo dominado por la guerra en Gaza, pero hubo un giro frente a Irán. Enrique Prieto, experto en RRII de la Universidad del Rosario, explica qué depara para la región en 2026 .

“Definitivamente, queda en segundo, tercer plano. Aquí estamos viendo unas divisiones. Primero, dentro del mismo movimiento Maga. Hay unas voces que dicen: ‘Usted, presidente, fue elegido con una idea y es que no nos íbamos a meter como país en más conflictos internacionales; vamos a regresar para las Américas’. Otra parte del movimiento dice que es esencial que apoyemos a Israel y, aunque usted tiene que regresar a las Américas, no puede abandonar, por ejemplo, la causa de la protección de los cristianos o las libertades internacionales”, aseguró Prieto.
Situación que puede que cambie el timón de decisiones que viene tomando Trump a medida que se acerquen las elecciones de término medio en noviembre, por lo que su postura ante Irán ante los más recientes eventos de perseguir y asesinar a los que protestan en las calles por parte del régimen del ayatolá Alí Jamenei, no significará, según Prieto, que suceda algo comparable con el caso venezolano y la captura de Nicolás Maduro.
“Entonces, si bien acá se puede promover un cambio con apoyo estadounidense, un poco lo que se intentó dar en Siria, no veo muy probable que tengamos una operación Delta, con un equipo Delta, que vaya a sacar algunos de los líderes. Lo veo muy poco probable”, señaló.
Así, el segundo año de Trump en la Casa Blanca marca que en Medio Oriente se presentará una paz parcial, conflictos congelados y riesgos de ruptura: el alto el fuego en Gaza, las aperturas con Siria y ciertos entendimientos tácitos en Líbano y Yemen muestran un año con menos guerras abiertas, pero conflictos sin resolver en una larga lista de pendientes.
Investigación y textos: Carolina Flechas Anzola
Producción multimedia: Jóse Barrera Hernández, Alejando Bernal González
Corrección de estilo: Fernando González, William Tocora
Video: Cindy Torres Silva
Edición de video: Jonathan Reyes
Fotografías y galerías: AP, AFP y Getty Images




