La ciberseguridad suele asociarse con grandes compañías, sistemas tecnológicos complejos y expertos frente a pantallas. Sin embargo, muchos de los riesgos digitales comienzan en escenarios cotidianos: una contraseña compartida, una conversación en redes sociales, un enlace que se abre sin pensar o una decisión que un niño toma frente a una pantalla.
¿Cómo hablar de esos riesgos con las nuevas generaciones sin convertir la conversación en una clase técnica? Esa fue una de las preguntas que llevó a Andrea García Beltrán a crear Las Ciberaventuras de Nala, una obra de ficción concebida para acercar a niños y familias a conceptos relacionados con la seguridad digital, los derechos, la privacidad y el uso responsable de la tecnología.
Abogada de la Universidad del Rosario, García Beltrán cuenta con más de dos décadas de experiencia internacional en seguros, ciberseguridad y gestión del riesgo digital. Su trayectoria en Europa y América Latina le permitió conocer de cerca los desafíos que enfrentan las organizaciones frente a la transformación tecnológica. Con Nala, decidió llevar ese conocimiento a un público diferente: quienes están comenzando a construir su relación con el mundo digital.
“El talento no tiene estrato social, las oportunidades sí”, afirma García Beltrán. Esa convicción también está detrás de su interés por ampliar el acceso a la educación digital y convertir conocimientos especializados en herramientas comprensibles para las nuevas generaciones.
Historia en el mundo digital
Las Ciberaventuras de Nala busca convertirse en un punto de partida para conversar. Su público incluye niños, niñas, adolescentes, familias, madres, padres, cuidadores y educadores, quienes pueden utilizar la historia en el hogar, el aula o espacios de formación.
La propuesta parte de una realidad: los menores están entrando cada vez más temprano al entorno digital, mientras tecnologías como la inteligencia artificial abren nuevas posibilidades, pero también nuevos desafíos relacionados con la privacidad, la suplantación de identidad, el fraude y otras formas de abuso.
Por eso, la autora considera que la educación digital debe ir más allá de explicar cómo funcionan las herramientas tecnológicas. También debe ayudar a desarrollar criterio para tomar decisiones frente a ellas.
“Los niños y las niñas son la infraestructura crítica del futuro, y protegerlos hoy es proteger la sociedad que van a construir”, señala.
En ese sentido, el libro busca trasladar conceptos que suelen abordarse desde ámbitos técnicos a situaciones narrativas más cercanas a los niños. La intención es que puedan reconocer riesgos, formular preguntas y desarrollar hábitos responsables mientras construyen su identidad digital.
La obra hace parte, además, de una colección ESG, que integra dimensiones ambientales, sociales y de gobierno. En el componente social se destaca precisamente la apuesta por la educación de niños y niñas y el apoyo a la Fundación Niños del Sol; mientras que el componente de gobierno incorpora conceptos como ciudadanía digital, ética, pensamiento crítico y responsabilidad.
Así, la historia no se plantea únicamente como una lectura, sino como una herramienta para generar conversaciones y aprendizajes alrededor de la tecnología.
Herramienta educativa
La creación de Nala está relacionada con la experiencia profesional de García Beltrán, pero no pretende trasladar al público infantil el lenguaje especializado del sector asegurador. El desafío fue precisamente hacer comprensible un tema complejo.
Durante su trayectoria, la autora identificó que muchas conversaciones sobre ciberseguridad se daban cuando el riesgo ya se había materializado. Esa experiencia la llevó a interesarse cada vez más por la prevención y, especialmente, por la necesidad de formar desde edades tempranas.
“El libro plantea la prevención para el público que comienza su vida digital: hacer comprensible un riesgo que puede parecer exclusivamente técnico y convertir ese conocimiento en decisiones concretas y sencillas”, explica.
La propuesta también responde a un escenario en el que la tecnología cambia rápidamente. La expansión de la inteligencia artificial, por ejemplo, plantea nuevas preguntas sobre cómo proteger a los menores y qué responsabilidades tienen los adultos, las instituciones educativas y quienes desarrollan estas herramientas.
Para García Beltrán, la innovación no puede avanzar separada de la protección. “La pregunta no es solo cuánto puede hacer la tecnología, sino a quién protege y quién responde cuando falla”, sostiene.
Iniciativa con impacto social
Uno de los componentes centrales del proyecto es su dimensión social. Los primeros 600 ejemplares de Las Ciberaventuras de Nala fueron destinados a una donación para la Fundación Niños del Sol, con el propósito de llevar la educación digital a niños en situación de vulnerabilidad. La iniciativa también cuenta con la participación de Fasecolda, en una apuesta que conecta educación, prevención y cultura del riesgo.
La intención es que el libro trascienda la lectura y pueda convertirse en un recurso para padres, docentes y cuidadores que buscan acompañar a los menores en su relación con la tecnología.
En esa perspectiva, Las Ciberaventuras de Nala propone comenzar la conversación antes de que ocurra un incidente. No desde el miedo, sino desde el conocimiento, el diálogo y la capacidad de tomar decisiones responsables.
La autora resume el propósito de la iniciativa en una apuesta que va más allá de la publicación: “Mi propósito es construir siempre con un impacto social positivo”.
Y allí está el principal valor de Nala: convertir un tema que suele parecer exclusivo de expertos en una conversación cercana para quienes están dando sus primeros pasos en el mundo digital. Una historia para aprender que la seguridad también puede empezar con una pregunta, una conversación y una decisión tomada a tiempo.
