entrevista

Un thriller nazi: amor, poder, memoria y las contradicciones del carácter humano

Por: Cristina Esguerra Miranda

“Ruta de escape”, el último libro de Philippe Sands -autor de Calle Este-Oeste- devela la vida familiar de un alto funcionario nazi, Otto Wächter. Es una historia de amor; un relato sobre las contradicciones del carácter y un thriller que investiga las extrañas circunstancias en que murió Wächter en 1949.


Ruta de escape y su famoso libro Calle Este-Oeste están relacionados. El primero devela los detalles de la vida íntima de quienes tuvieron poder en esa época, y el segundo es una visión más macro: cuenta la historia de la familia de su abuelo, y la de los abogados que durante el juicio de Núrember, inventaron los términos “genocidio” y “crímenes de lesa humanidad.” ¿Por qué la importancia de haber puesto nombre a esos crímenes?

No es sólo que se le haya puesto nombre, sino que se inventaron dos crímenes nuevos, que en 1945 no existían.

La revolución de Lauterpacht y Lemkin, y de muchos gobiernos, incluido el colombiano que apoyó la iniciativa, fue decir: no más. Un gobierno, o el líder de un país, no puede desaparecer a sus ciudadanos, torturarlos y matarlos. Estos últimos tienen derechos. Tienen derechos como individuos y como miembros de un grupo.

Hace 75 años se estableció que el poder de un Estado o de un rey no es ilimitado. El individuo tiene derechos, el grupo tiene derechos.

Lauterpacht y Lemkin diferían en su planteamiento. Para el primero había que proteger al individuo. Era el individuo el que tenía derechos. Para Lemkin no. En su visión, la gente ataca a los individuos por ser miembros de un grupo: católicos, judíos, blancos, negros, colombianos, irlandeses… Por eso había que proteger al grupo, y haciéndolo se cuidaba al individuo.

Lauterpacht creía que la protección del grupo sustituiría la tiranía del Estado por la del grupo. Reforzar la identidad de grupo crearía problemas. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Cuéntenos sobre su nuevo libro Ruta de escape.

Carátula de "Ruta de escape" de Philippe Sands. Cortesía del Hay Festival
Carátula de "Ruta de escape" de Philippe Sands. Cortesía del Hay Festival - Foto: Carátula de "Ruta de escape" de Philippe Sands. Cortesía del Hay Festival

Es la historia de una familia; en particular de un hombre: Otto Wächter.

Nació en 1901. Fue abogado, nazi y antisemita. Se casó con Charlotte Bleckmann. En 1934 estuvo involucrado en un golpe de estado que fracasó. Huyó a Berlín, y regresó triunfante a Austria en 1938. A partir de ahí, ocupó importantes cargos en Viena, Cracovia y Lemberg, y estuvo involucrado en masacres contra judíos y polacos. En 1945 es buscado por esos crímenes. Logró escapar y durante cuatro años desapareció de la faz de la tierra.

Hace 10 años conocí a su hijo Horst. Él me entregó el archivo familiar, y pude reconstruir la historia de amor de sus padres, y descubrir si Otto murió envenenado en 1949.

¿Cómo fue su proceso de investigación?

Fue una tarea increíblemente compleja. Teníamos alrededor de 8.700 páginas de cartas, diarios y fotografías en alemán, y el 99 por ciento estaba escrito a mano.

Lo primero que hicimos fue transcribir el material; luego lo digitalizamos y lo tradujimos. Con todo en inglés, nos pusimos a buscar patrones de comportamiento e información interesante. Tardamos cuatro años.

Encontramos cosas maravillosas. Mientras Otto ejerce de gobernador en distintos territorios, crea centros de detención y mata gente, Charlotte va a conciertos, a la ópera, compra y roba obras de arte… Todo lo hace con ayuda de Otto, y está al tanto de todo lo que él hace.

Lo más interesante de esta historia es la esposa. Nunca antes se había sabido lo que hacían las esposas de los nazis, y en el archivo encontramos todos los detalles de la pareja.

Hay una famosa escena de marzo de 1938 en la que Otto y Charlotte están con Hitler en Viena, y Otto le dice a su mujer: tengo dos opciones, puedo seguir ejerciendo como abogado o aceptar el alto cargo que me está ofreciendo este nuevo gobierno, ¿qué hago? Si la esposa le hubiera dicho: quédate ejerciendo el derecho, sus vidas, las de sus hijos y las de sus nietos hubieran sido distintas. Pero ella prefirió las casas, los Mercedes, el poder y el arte. Le dijo que aceptara el cargo en el gobierno.

La escena está en el diario de Charlotte. Es por ellos que podemos entender su perspectiva y darnos cuenta de la influencia que ejercía sobre su esposo.

Ruta de escape narra 20 años de historia. En los primeros 15, Otto tiene el poder: él decide cómo viven. Pero cuando la guerra termina, la relación de poder cambia: él tiene que estar escondiéndose y necesita la ayuda de Charlotte. En 1949, mientras él yace moribuendo en el hospital en Italia, le pide a ella que lo visite. Charlotte le responde: ¿quieres que vaya? Cuando yo estuve enferma en 1941 tú no viniste.

Por ese tipo de detalles, el libro también habla de política de género, de las relaciones de poder entre las parejas, de la complejidad humana y del impacto que los padres tienen en la vida de sus hijos.

El tercer protagonista es Horst Wächter, que no creo que amara mucho a su padre, pero sí a su madre. Ella es la razón por la que niega que su padre sea culpable de crímenes de lesa humanidad.

¿Habló alguna vez con Horst del antisemitismo de Charlotte?

Sí, y se sintió muy incómodo.

Horst estaba casado y su esposa Jacqueline Ollen era una socialista sueca. Murió hace unos años. Cuando yo iba a visitarlo, solía sentarme con ella a tomar té, y me susurraba al oído: Charlotte fue nazi hasta el día de su muerte en 1985.

A pesar de los crímenes cometidos, usted nunca se refiere a Otto Wächter o Hans Franck como monstruos. ¿Por qué?

Porque no eran sólo eso. En la correspondencia de Otto se ve que también era generoso, cálido, divertido, afectuoso. Todos hacemos cosas buenas y malas. Ese es el misterio de la existencia humana: ¿cómo es posible que personas decentes, inteligentes, educadas y cultas como Otto y Charlotte Wächter, hagan lo que hicieron?

En un una entrevista, usted mencionó que no estaba totalmente de acuerdo con el concepto que inventó Hannah Arendt al presenciar el juicio de Eichmann: “la banalidad del mal.” ¿Por qué?

No estoy en desacuerdo con su tesis. La banalidad del mal existe. Es hacer cosas terribles sin pensar en lo que se está haciendo; convertir el horror en una mera rutina.

Pero en el caso de Otto y Charlotte Wächter, el mal que hicieron no es banal porque eligieron hacerlo. En 1942, Wächter está trabajando en Lemberg y recibe una visita de Heinrich Himmler. En Berlín había dudas de que Wächter estuviera dispuesto a matar medio millón de judios y polacos, y Himmler fue a preguntarle si preferiría que lo pusieran en un cargo de escritorio en Viena. Wächter le dice que no. Elige exterminar medio millón de personas.

Una de las teorías que existen para explicar por qué la gente puede cometer semejantes crímenes, es que no consideran a sus víctimas plenamente humanos.

Ese fenómeno lo veo siempre en mi trabajo. He investigado crímenes de lesa humanidad en Ruanda, Yugoslavia, Argentina, Chile, Congo…, y siempre es lo mismo: los que están involucrados en la matanza no creen que sus víctimas sean dignas de ser protegidas como humanos.

Es sorprendente la capacidad de la mente para construir narrativas que le permiten cometer crímenes de ese tipo.

Eso nos trae de regreso a la idea de Lauterpacht: hay que centrarse en el individuo, no en el grupo.

Pensando en la actual situación de Colombia, que comienza un proceso de reconciliación, quisiera preguntarle por su relación con Horst. Tienen profundos desacuerdos, y él es el hijo de quien mató a la familia de su abuelo. Sin embargo, tienen una relación cordial.

Hay que hacer una importante distinción: no creo que pudiera relacionarme con Otto Wächter como lo hago con Horst. Este último no es responsable de los crímenes que cometió su padre. Es responsable de su lectura de los hechos.

Con Horst me relaciono con cautela. No me emociono, me mantengo calmado y trato de ser generoso, incluso cuando dice cosas con las que estoy profundamente en desacuerdo.

Para poder entablar una relación, sea con el hijo o con el padre, sí creo que es necesario que haya un reconocimiento de lo sucedido. Horst no reconoce la culpabilidad de su padre y eso me molesta profundamente. Reconoce que se cometieron crímenes de lesa humanidad y que su padre estuvo presente, pero no más.

Él no es nacionalsocialista, no niega el holocausto y no es antisemita. Es un hombre traumatizado porque su mundo se destruyó cuando tenía seis años, y busca ver lo bueno de su padre por el profundo amor que le tiene a su madre. En ese sentido su posición es honorable. Todos podemos entenderla.

*Gracias al apoyo del British Council, Philippe Sands estará en conversación con Juan Gabriel Vásquez en el Hay Festival el sábado 30 de enero a las 12m. A través de este enlace se puede inscribir en el evento.

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