OPINIÓN

Nathalia López Bernal

La vida se juega punto a punto

Todos los líderes necesitan una cancha y la de la autora de esta columna es una cancha de polvo de ladrillo: la de tenis. En ella, encontró lecciones que hoy traslada a su vida, como la disciplina para insistir, la resiliencia para volver a empezar y la concentración para no perder de vista lo importante.
31 de agosto de 2026 a las 8:46 p. m.

Hay días en los que siento que estoy jugando muchos partidos al mismo tiempo: el de los negocios, el de mi equipo, el de mi familia, el de las personas que amo. Y como muchas mujeres, durante años creí que el éxito consistía en poder jugar todos esos partidos sin detenerme nunca. Hasta que la vida me mostró algo diferente.

Llega un momento en el que necesitamos un lugar que nos permita respirar, reencontrarnos y recargarnos de energía. Un lugar donde soy yo, sin cargos, sin pendientes y sin expectativas. Para mí, ese lugar es una cancha de tenis de polvo de ladrillo.

Cuando empecé a jugar tenis lo veía simplemente como una forma diferente de hacer ejercicio. Una manera de hacer cardio, moverme más y despejar la mente después de jornadas intensas. Nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en una de las experiencias que más me enseñaría sobre liderazgo, disciplina y crecimiento personal.

Durante mucho tiempo jugué únicamente con mi profesor. Me sentía cómoda, mejoraba poco a poco y disfrutaba cada entrenamiento. Hasta que mi profesor y mi esposo empezaron a insistir en que debía dar un paso más y participar en los rankings. Y honestamente, me parecía una idea terrible. A mí me gustaba entrenar, pero competir era otra historia.

Recuerdo perfectamente mis primeros partidos. Mientras otras jugadoras llegaban emocionadas, yo entraba a la cancha paniqueada. Antes de comenzar, miraba a mi rival y automáticamente asumía que era mejor que yo. Y el marcador normalmente terminaba confirmando lo que yo ya había decidido antes de comenzar.

Llegué a pensar que tal vez la competencia no era para mí, que quizá debía limitarme a seguir entrenando con el profesor, mantenerme donde me sentía cómoda. Pero entonces empecé a observar algo interesante: Las otras jugadoras llegaban a la cancha de una manera distinta. Ellas disfrutaban el reto, les gustaba medirse y llegaban con la actitud de disfrutar el partido. Y entendí que la diferencia no estaba necesariamente en el nivel de tenis. Estaba en la forma como se veía la situación. Mientras ellas veían una oportunidad, yo veía una amenaza. Mientras ellas estaban concentradas en ganar, yo estaba concentrada en no perder. Y así es muy difícil ganar cualquier partido.

Y esa fue una lección que terminó siendo igual de valiosa en mi vida profesional que en una cancha de tenis: muchas veces nuestro principal rival no está al otro lado de la red. Está dentro de nuestra propia cabeza.

Poco a poco empecé a cambiar mi manera de ver cada partido. Dejé de obsesionarme con el marcador y empecé a enfocarme en lo que debía mejorar. Después de cada partido salía con una lista de tareas a trabajar. Y cuando volvía al próximo ranking, el marcador iba mejorando.

Y descubrí algo maravilloso: cada partido me estaba haciendo mejor. Todavía no ganaba, pero siempre aprendía. Ya no salía en ceros, ya les complicaba cada vez más el juego a mis rivales. Y finalmente llegaron mis primeras victorias.

El tenis me enseñó que la concentración es un superpoder. Vivimos rodeados de ruido: opiniones, críticas, comparaciones, expectativa y urgencias. Hay que aislar el ruido y concentrarse en la cancha, quitarle el volumen a la tribuna.

El tenis como la vida, tienen algo fascinante, mientras el partido siga vivo, siempre existe la posibilidad de ganar el siguiente punto. Siempre. No importa cómo vaya el marcador. No importa cuántos errores hayas cometido. Mientras haya un punto por jugar, hay una oportunidad.

En la vida nos angustia el tamaño de nuestras metas. Queremos construir una empresa, sacar adelante un proyecto enorme, cumplir un sueño que parece lejano. Y nos paralizamos porque estamos mirando el partido completo, cuando en realidad lo único que tenemos que jugar es el siguiente punto. Solo uno. Y cuando te das cuenta has sumado tantos puntos que construiste algo que pensabas imposible.

Y si el partido no sale como esperabas, tampoco te vas con las manos vacías. Te llevas experiencia, criterio, y herramientas. Te llevas una mejor versión de ti para el siguiente reto. Por eso cada vez estoy más convencida de que todos necesitamos una cancha. No necesariamente una de tenis. Cualquier cancha, una que te brinde equilibrio físico y mental.

Curiosamente, muchas de las herramientas que uso para liderar empresas hoy las he entrenado primero en una cancha de tenis: la disciplina para insistir cuando los resultados no llegan, la concentración para ignorar el ruido, la resiliencia para volver a empezar después de un mal día y la capacidad de enfocarme en el siguiente punto cuando todo parece cuesta arriba.

Por eso, cuando me preguntan cómo logro mantenerme en movimiento en medio de tantas exigencias, ya no hablo de productividad ni de metodologías. Hablo de una cancha de polvo de ladrillo. Porque fue allí donde entendí algo que hoy intento recordar todos los días: la vida no se gana mirando el marcador. La vida se juega punto a punto. Y mientras haya un punto por disputar, siempre habrá una oportunidad de ganar.

Nathalia López Bernal, vicepresidenta de VML Holding