OPINIÓN

Carolina Angarita Barrientos

¿Para qué el éxito, si no te sientes libre?

La autora cuestiona el modelo de éxito que muchas mujeres han perseguido durante años y plantea que el verdadero liderazgo también implica recuperar la libertad de decidir cómo vivir, sin culpa y sin renunciar al bienestar.
30 de junio de 2026 a las 7:57 p. m.

Si la sola idea de darte tiempo para ti misma te hace sentir culpa, esta columna es para ti.

Detrás de esa sensación hay una conversación que pocas veces tenemos las mujeres. No porque no exista. Todo lo contrario. Existe en voz baja, en una llamada con una amiga, en el llanto silencioso de un baño o en esos momentos de reflexión en los que nos preguntamos por qué, si aparentemente todo está bien, seguimos sintiéndonos cansadas.

Desde pequeñas nos enseñaron que el éxito era una meta clara: estudiar, trabajar duro, ascender, liderar equipos, construir patrimonio, alcanzar reconocimiento y demostrar que podíamos ocupar cualquier espacio. Muchas, a punta de sacrificios, lo logramos.

Hoy veo mujeres extraordinarias liderando empresas, transformando organizaciones, emprendiendo, innovando y tomando decisiones que impactan miles de vidas. Sin embargo, también veo algo que rara vez aparece en las conversaciones sobre liderazgo: mujeres agotadas de sostenerlo todo.

Vivimos en una cultura que premia la velocidad, está obsesionada con la productividad y mide el valor de las personas por sus resultados. Sin darnos cuenta, muchas terminamos atrapadas en esa lógica de acumulación permanente: más logros, más responsabilidades, más exigencia. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos si todo eso nos está acercando a la vida que realmente queremos vivir.

En automático asociamos la fortaleza con resistir. Con aguantar. Con seguir adelante sin importar el costo.

Sin embargo, la verdadera fortaleza también implica detenerse, cuestionar el rumbo y reconocer cuándo una vida aparentemente exitosa dejó de sentirse propia.

El cuerpo manda señales claras para que hagamos esta pausa. Cada vez más mujeres experimentan un cansancio que no desaparece con unas vacaciones. Es el agotamiento de responder por el trabajo, la familia, los equipos, los proyectos y las expectativas de quienes las rodean. El cansancio de vivir en una carrera permanente donde siempre parece haber una nueva meta por alcanzar.

Durante mucho tiempo pensé que la libertad llegaría cuando alcanzara determinados objetivos. Cuando tuviera más experiencia, más reconocimiento o más seguridad económica. Pero los años me enseñaron algo distinto: no es posible hablar de verdadero éxito si no nos sentimos libres.

Entendí que la libertad no depende exclusivamente de las circunstancias externas. Tiene mucho más que ver con la relación que construimos con nosotras mismas. Con la capacidad de poner límites sin culpa. De descansar sin sentir que estamos fallando. De reconocer que nuestro valor no depende únicamente de lo que producimos o logramos.

Después de más de 27 años en posiciones de liderazgo corporativo aprendí algo que rara vez aparece en los indicadores de gestión: ninguna meta profesional compensa una vida desconectada de lo que realmente somos.

Por eso creo que una de las conversaciones más urgentes para las mujeres de hoy no es cómo hacer más, sino cómo vivir mejor.

Necesitamos recuperar espacios para escucharnos. Volver a conectar con aquello que nos da energía. Revisar cuántas de nuestras decisiones nacen de la convicción y cuántas responden simplemente a la costumbre, al miedo o a la necesidad de cumplir expectativas ajenas.

He llegado a creer que el verdadero liderazgo no consiste en demostrar que podemos con todo. Consiste en decidir conscientemente qué merece nuestra energía y qué ya no.

La libertad aparece cuando recuperamos la capacidad de elegir cómo queremos vivir, a qué queremos dedicar nuestra atención y qué lugar ocupamos en nuestra propia historia.

No tengo respuestas universales. Cada mujer encontrará las suyas. Pero sí estoy convencida de algo: el bienestar no puede seguir siendo una recompensa que dejamos para después. Debe convertirse en una decisión consciente, tan importante como cualquier objetivo profesional.

Esa reflexión fue precisamente la que me llevó a crear El Sabor de la Libertad, un bootcamp virtual que realizaremos del 3 al 5 de julio para mujeres que, después de años cuidando de todo y de todos, sienten que llegó el momento de volver a cuidarse a sí mismas. Porque el éxito es importante. Pero la libertad también. Y ninguna mujer debería sentirse obligada a escoger entre uno y la otra.

Carolina Angarita Barrientos, exdirectora de Google Colombia, mentora de líderes, cofundadora de LIT Club y creadora de The Jump Experience