OPINIÓN

Caterine Rojas Vanegas

¿Qué pasa cuando una mujer se sienta en la mesa donde se toman las decisiones?

Más que lograr un lugar en los espacios de decisión, el verdadero desafío para muchas mujeres comienza cuando llegan a ellos. En esta columna, una reflexión sobre cómo el liderazgo auténtico y la diversidad transforman la manera en que las organizaciones toman decisiones y responden a una sociedad que cambió.
6 de agosto de 2026 a las 5:50 p. m.

Durante años pensamos que el gran reto para las mujeres era conseguir un lugar en la mesa donde se toman las decisiones.

Cada vez más lo estamos logrando.

Pero, cuando finalmente te sientas allí, descubres que el verdadero reto apenas comienza.

¿Repites el modelo de liderazgo que siempre has visto o te atreves a construir el tuyo?

Hace siglos, cuando los comerciantes enviaban mercancías en barcos, una sola tormenta podía destruir una fortuna. De esa incertidumbre nació la industria aseguradora, en un mundo muy distinto al actual, donde el proveedor del hogar era casi siempre un hombre y las mujeres rara vez participaban en las decisiones patrimoniales.

Durante décadas, esa fue la mesa donde se decidió qué valía la pena proteger y cómo hacerlo.

Hoy esa realidad cambió.

La economía de la tranquilidad

Cerca del 63 % de quienes trabajamos en la industria aseguradora colombiana somos mujeres. No es un sector donde falten mujeres. Es un sector donde todavía faltan mujeres tomando decisiones.

Sabemos cuántas mujeres trabajan en seguros. Lo que casi nunca medimos es cuántas participan en los espacios donde realmente se define el rumbo de las organizaciones.

Por eso, la conversación ya no debería centrarse únicamente en cuántas logramos llegar. Ese camino, aunque todavía enfrenta desafíos, ya empezó a abrirse.

La verdadera pregunta es qué ocurre cuando llegamos.

Durante mucho tiempo pensamos que el objetivo era conseguir una silla. Hoy creo que el verdadero reto empieza después.

No consiste en parecerse a quienes siempre estuvieron allí. Consiste en construir un liderazgo auténtico, tener la confianza para hacer preguntas diferentes, defender una perspectiva propia y dejar de sentir la presión de demostrar, en cada reunión, que merecemos estar ahí.

Porque esa presión existe.

Quienes hemos construido nuestra carrera en sectores tradicionalmente masculinizados sabemos lo que significa entrar a una sala y descubrir que eres la única mujer alrededor de la mesa.

Al principio, la reacción natural es adaptarse para encajar.

Con el tiempo entiendes algo mucho más valioso: no llegamos para ocupar una silla. Llegamos para ampliar la conversación.

Es ahí donde la diversidad deja de ser un asunto de representación para convertirse en un asunto de desempeño.

McKinsey lleva más de una década estudiando esa relación. Sus investigaciones muestran que las compañías ubicadas en el cuartil superior de diversidad de género en sus equipos directivos tienen cerca de un 39 % más de probabilidades de superar financieramente a sus competidores. Uno de los hallazgos más relevantes es que ese impacto comienza a hacerse evidente cuando la representación femenina supera aproximadamente el 30 % del equipo directivo.

En el sector asegurador ocurre, además, algo particularmente revelador. Las mujeres ya son la mayoría de las personas aseguradas en el país y el ramo de salud es el que más contratan. En las decisiones sobre protección, patrimonio y bienestar familiar, su papel es cada vez más determinante.

Las organizaciones que entiendan esa transformación tendrán una ventaja competitiva. No porque las mujeres lideren mejor que los hombres, sino porque los equipos diversos comprenden mejor a consumidores diversos, toman decisiones más completas y construyen organizaciones más innovadoras.

Las preguntas cambian. Y cuando cambian las preguntas, cambian también las decisiones.

No estamos diseñando productos para la sociedad de hace cincuenta años. Estamos construyendo soluciones para familias y empresas cuya realidad cambió profundamente.

Una industria que quiere proteger mejor necesita entender mejor a quienes protege. Y eso solo es posible cuando quienes diseñan esa protección representan de manera más amplia la realidad de las personas a las que buscan servir.

He tenido la fortuna de trabajar con hombres extraordinarios que entendieron que el liderazgo nunca ha sido una competencia entre géneros, sino una responsabilidad compartida. Muchos me exigieron, confiaron en mí y abrieron espacios donde el criterio siempre pesó más que el género.

Eso también merece ser reconocido.

Porque esta conversación nunca ha sido sobre reemplazar a nadie. Ha sido sobre construir mejores equipos, sumar perspectivas y entender que las mejores decisiones nacen cuando distintas miradas enriquecen una misma conversación.

Todavía queda camino por recorrer.

Pero soy optimista.

No solo porque haya más mujeres ocupando posiciones de liderazgo, sino porque veo cada vez más mujeres dejando de intentar parecerse a quienes llegaron antes y construyendo una manera propia de liderar.

Con ambición. Con resultados. Con criterio. Con empatía. Y sin pedir permiso para ser auténticas.

Porque una organización cambia cuando cambian sus decisiones.

Y las decisiones cambian cuando alguien se atreve a hacer una pregunta que nunca antes había estado sobre la mesa.

Quizá ese sea el verdadero liderazgo.

No ocupar una silla.

Sino dejar una conversación distinta de la que encontraste cuando llegaste.

Caterine Rojas Vanegas, Head de Canales Masivos de Seguros — lidera los canales de bancaseguros, retail y affinity en Zurich Seguros Colombia.