Cuando estamos en un escenario social, hay una pregunta que aparece casi siempre: “¿Y tú qué haces?”. Muchas veces respondemos con el cargo y la empresa: “Soy gerente de mercadeo de X compañía”, “trabajo en X”, “soy directora de X”. Así, sin darnos cuenta, el lugar donde trabajamos empieza a formar parte de cómo nos presentamos y, también, de cómo los demás nos reconocen.
Esto se hace todavía más evidente cuando se trabaja en compañías con marcas muy reconocidas. Haber pasado por determinadas organizaciones puede convertirse en una credencial profesional. Lo vemos especialmente en sectores como tecnología, startups, consultoría o venture capital.
Y LinkedIn lo hace muy visible: es frecuente encontrar titulares como: Ex-Google | Ex-McKinsey | Ex-OpenAI | Ex-Netflix. La persona ya no trabaja allí, pero decide mantener el nombre de esa empresa como parte de su presentación profesional.
¿Por qué hacerlo?
Hay quienes consideran que haber trabajado en una compañía reconocida aporta contexto sobre su trayectoria y transfiere parte de esa reputación a su marca profesional. Si trabajaste en una organización reconocida por tener procesos de selección exigentes, por desarrollar determinado tipo de talento o por ser referente en una industria, mencionarla puede funcionar como una credencial.
También está el factor tiempo. En LinkedIn se toman decisiones muy rápidas sobre los perfiles que vemos. Leer ‘Ex-McKinsey’ permite hacer una asociación inmediata que probablemente tomaría varias líneas explicar: experiencia en consultoría, exposición a determinados proyectos o conocimiento de ciertos entornos empresariales.
Para algunas personas también funciona como prueba social. Algo similar ocurre cuando alguien incluye ‘Harvard MBA’, ‘Stanford Alum’ o ‘YC Founder’. Son referencias que ayudan a quien está al otro lado a contextualizar rápidamente una trayectoria.
Y hay otro elemento: las redes. En ecosistemas como startups, venture capital, tecnología y consultoría, haber pertenecido a ciertas organizaciones también permite identificar experiencias y conexiones compartidas. Desde esta mirada, mencionar una empresa anterior no necesariamente significa vivir del pasado. Puede ser simplemente utilizar una credencial que hace parte de una trayectoria que tomó años construir.
Pero hay otra mirada: ¿Qué pasa cuando dejamos ese cargo o esa compañía? ¿Qué pasa con nuestra identidad profesional cuando ya no tenemos ese nombre al lado? ¿Qué pasa cuando han transcurrido cinco, diez o quince años y seguimos presentándonos desde una empresa que hace tiempo dejamos?
Una compañía puede decir mucho sobre dónde estuvimos, pero no necesariamente explica quiénes somos profesionalmente hoy. Además, existe el riesgo de que la marca de la empresa termine siendo más reconocida que la nuestra. Que sepamos explicar perfectamente dónde trabajamos, pero no con la misma claridad cuál es nuestro conocimiento, qué problemas sabemos resolver o por qué alguien debería buscarnos independientemente del logo que alguna vez estuvo detrás.
Me hizo pensar en esto una conversación con un cliente que trabajaba en Netflix. Un día me dijo: “La gente me tiene guardado en el celular como Álvaro Netflix. Muchos ni siquiera saben mi apellido”.
Durante años, esa asociación había sido tremendamente poderosa. Netflix decía mucho sin necesidad de explicar demasiado. El problema apareció cuando decidió salir de la compañía para construir una nueva etapa profesional dentro de su industria. ¿Quién era Álvaro cuando dejaba de ser ‘Álvaro Netflix’?
Este debate va mucho más allá de cómo escribimos un titular en LinkedIn. Para algunas personas, conservar un Ex-Google, Ex-McKinsey o Ex-Netflix es una forma legítima de capitalizar una experiencia que hace parte de su historia profesional.
Para otras, llega un momento en el que seguir presentándose desde una empresa anterior puede quitarle espacio a algo igualmente importante: construir una reputación que pueda sostenerse por sí sola.
Hay quienes prefieren decir: Ex-Netflix | Ex-Google | Ex-McKinsey. Otros prefieren utilizar esa experiencia como respaldo: Líder de estrategia y crecimiento | Ex-McKinsey. Y otros deciden que su presente profesional ya tiene suficiente información para contar una nueva historia y dejan las empresas anteriores para la sección de experiencia.
Las tres son decisiones de comunicación. Siempre le digo a mis clientes: No hay una fórmula única, como tal. Todo depende de lo que quieras comunicar.
Vale la pena preguntarse: Si mañana desapareciera el nombre de la empresa de tu presentación, ¿las personas tendrían claro cuál es tu valor profesional? ¿O valdría la pena replantearse dónde está realmente tu mensaje de valor?
Ana María Díazgranados, mentora de empleabilidad y marca personal
