OPINIÓN

Karen García

Carta a mi hijo: el legado que construimos juntos

Desde la ausencia de su hijo Sebastián, encontró una nueva manera de entender el legado, transformando el dolor de su pérdida en una misión de acompañamiento y esperanza para niños con cáncer y sus familias.
11 de septiembre de 2026 a las 11:47 p. m.

Para Sebastián, en el mes de tu cumpleaños.

Hay cartas que nunca imaginé escribir.

Porque una madre nunca debería aprender a celebrar el cumpleaños de su hijo mirando al cielo.

Y, sin embargo, aquí estoy.

Han pasado los años y sigo imaginando cómo sería escucharte reír, abrazarte, verte crecer y celebrar cada septiembre a tu lado.

La vida tenía otros planes.

Durante mucho tiempo pensé que el legado era aquello que una persona deja cuando ya no está.

Hoy entiendo que también puede ser aquello que una persona despierta en quienes permanecen.

Tú llegaste a este mundo por un tiempo que siempre me parecerá demasiado corto.

Pero fue suficiente para cambiar mi vida para siempre.

Antes de conocerte, era médica.

Creía que entendía el dolor porque había estudiado enfermedades, tratamientos y diagnósticos.

El verdadero desafío de las fundaciones es aprender a trabajar juntas

Después de ti entendí que el verdadero dolor no aparece en los libros.

Se siente en el silencio de una habitación.

En una silla vacía.

En un cumpleaños sin velas.

En una madre que aprende a seguir respirando cuando una parte de su corazón ya no está.

Durante los primeros días no hice más que preguntarme por qué.

Nunca encontré una respuesta.

Y quizá nunca la encuentre.

Pero un día comprendí que había una pregunta más importante:

¿Para qué?

Fue entonces cuando empezó a nacer la fundación..

No como una organización.

No como un proyecto social.

Sino como una promesa.

La promesa de que tu historia no terminaría el día que partiste.

La promesa de que otras familias encontrarían una mano cuando sintieran que el mundo se derrumbaba.

La promesa de que ningún niño enfrentaría el cáncer sintiéndose invisible.

Cada sonrisa que hoy vemos en un hospital…

Cada voluntario que decide servir…

Cada empresa que cree en nuestra misión…

Cada niño que vuelve a sonreír…

Cada madre que encuentra esperanza…

Lleva un pedacito de ti.

Hay personas que piensan que Funsebas nació porque una médica que perdió a su hijo decidió crear una fundación.

Yo sé que no fue así.

La fundación nació porque un niño me enseñó que el amor puede sobrevivir incluso a la ausencia.

Tú nunca alcanzaste a dirigir una fundación.

Pero eres el líder silencioso de todo lo que hacemos.

Estás presente en cada decisión importante.

En cada proyecto nuevo.

En cada sueño que todavía queremos construir.

Muchos me preguntan de dónde saco la fuerza para seguir.

La verdad es que no siempre soy fuerte.

Hay días en los que todavía te extraño con la misma intensidad del primer día.

Hay cumpleaños que siguen doliendo.

Hay fechas que el corazón nunca aprende a olvidar.

Pero también hay días en los que siento que sigues caminando conmigo.

No de la manera en que yo hubiera querido.

Sino de una forma distinta.

Más silenciosa.

Más profunda.

Más eterna.

Este septiembre no puedo abrazarte.

No puedo prepararte un pastel.

No puedo cantar contigo.

Pero sí puedo regalarte algo que nadie podrá borrar:

La certeza de que tu vida sigue escribiendo historias.

Porque mientras exista un niño acompañado gracias a la fundación…

Mientras una familia reciba esperanza…

Mientras alguien descubra que el amor puede transformar el dolor en servicio…

Tú seguirás cumpliendo años en los corazones de muchas personas.

Gracias, hijo.

Gracias por haber sido mi mayor maestro.

Gracias por enseñarme que la vida no siempre se mide por los años que vivimos, sino por las vidas que alcanzamos a transformar.

Dicen que fui yo quien te dio la vida.

Hoy sé que también fuiste tú quien me dio una nueva forma de vivir la mía.

Con todo mi amor,

Mamá.

Karen García, médica, directora ejecutiva de Funsebas y líder social.