OPINIÓN

Patricia Gutiérrez

Prepararse para la computación cuántica sin frenar la banca digital

La computación cuántica plantea riesgos para la seguridad criptográfica del sistema financiero y, con ello, para la confianza que sostiene sus operaciones. La preparación exige identificar activos críticos, evaluar la sensibilidad de los datos y avanzar de forma progresiva hacia soluciones resistentes.
30 de abril de 2026 a las 9:00 p. m.

En los últimos años, la expresión ‘computación cuántica’ se ha ido colando en las conversaciones del sector financiero. A veces suena a tema de ciencia ficción; otras, a una amenaza inminente que pondrá en jaque todos los mecanismos de seguridad conocidos. Entre el ruido y las preocupaciones legítimas, es fácil caer en dos extremos igual de peligrosos: restarle importancia o convertirlo en un nuevo motivo de pánico que paraliza la operación.

Para un banco, una fintech o una aseguradora, la pregunta no debería ser si la computación cuántica va a llegar, sino cómo prepararse para ese escenario sin frenar la banca digital y la innovación que hoy sostiene el negocio. La respuesta no está en grandes gestos dramáticos, sino en una preparación progresiva, basada en entender qué se quiere proteger, dónde están los riesgos reales y qué decisiones se pueden ir tomando desde ya.

El punto de partida es recordar algo que a veces se olvida en la discusión técnica: el sistema financiero vive de la confianza. Confianza en que los saldos que vemos son correctos, en que las transacciones no se alteran, en que la información sensible de los clientes se mantiene protegida a lo largo del tiempo. Esa confianza está apoyada, en buena medida, en la criptografía que usamos para cifrar datos y firmar transacciones. Si los algoritmos actuales se vuelven vulnerables frente a computadoras cuánticas capaces de romperlos en tiempos razonables, lo que está en juego no es solo la seguridad, sino la continuidad misma de esa confianza.

Sin embargo, convertir la computación cuántica en una amenaza abstracta y lejana tampoco ayuda. Los equipos que llevan años impulsando la transformación digital en entidades financieras saben que no pueden detener proyectos, congelar canales o frenar la innovación cada vez que aparece un nuevo riesgo tecnológico. La banca no puede poner un aviso de “cerrado por mantenimiento cuántico” mientras rediseña toda su infraestructura criptográfica.

Por eso, hablar de preparación cuántica responsable implica cambiar la conversación de un “todo o nada” a una hoja de ruta. El primer paso es hacer un inventario honesto de qué depende realmente de la criptografía dentro de la organización. Más allá de los sitios web y las aplicaciones visibles para el cliente, hay una gran cantidad de procesos críticos que se apoyan en algoritmos de cifrado y firma.

No todas esas piezas tienen la misma sensibilidad ni el mismo horizonte de riesgo. Hay datos que tienen valor por horas o días, y otros que deben mantenerse íntegros y confidenciales durante años, incluso décadas. Una de las reflexiones más urgentes para el sector financiero es precisamente esa: ¿Qué información y qué flujos seguirán siendo

relevantes cuando la computación cuántica sea capaz de romper métodos actuales? ¿Dónde tenemos datos que, si se descifran o alteran en el futuro, pueden afectar la reputación, la confianza o el cumplimiento regulatorio de la entidad?

A partir de ahí, la preparación post-cuántica deja de ser un tema abstracto y empieza a convertirse en decisiones concretas. Por ejemplo, identificar qué sistemas y productos nuevos podrían nacer ya ‘preparados’ para soportar algoritmos resistentes a lo cuántico, sin tener que rehacer todo el legado de una sola vez. O definir, en los proyectos estratégicos que se están aprobando hoy, criterios mínimos de ‘preparación para el futuro’ que eviten que la organización siga acumulando deuda técnica en materia de criptografía.

Otro elemento clave es que esta conversación no puede quedarse únicamente en las áreas de tecnología o seguridad. Si el impacto de un eventual quiebre criptográfico es de negocio, la discusión debe darse también en comités de riesgo, equipos de producto, juntas directivas, alta gerencia y presidencia. Traducir el tema a lenguaje financiero ayuda, no se trata solo de algoritmos más sofisticados sino de proteger la continuidad de los ingresos, la estabilidad de los canales digitales y la confianza de clientes e inversionistas en el mediano y largo plazo.

El sector financiero latinoamericano ya ha demostrado que puede adaptarse con rapidez a cambios profundos por lo que la llegada de la computación cuántica será otro capítulo de esa historia, y la forma de afrontarlo no es detener la marcha, sino combinar la urgencia del presente con una mirada estratégica de futuro.

Prepararse no significa apagar la banca digital ni frenar la innovación, sino tomar decisiones informadas hoy para que, cuando la tecnología avance, la confianza siga siendo el activo más sólido del sistema financiero. Esa es, al final, la esencia de la ciber resiliencia en la era cuántica.

Patricia Gutiérrez es Chief Marketing Officer de Cybertech de Colombia S.A.S