OPINIÓN

Ana Rocío Sabogal

Nadie llega a la cima en solitario

Todos, en algún momento de la vida, necesitamos un mentor. Avanzar depende, en muchos casos, de encontrar a alguien que nos ayude a ver más allá de nuestros propios límites.
7 de mayo de 2026 a las 3:30 p. m.

Desde hace muchos años vengo reflexionando profundamente sobre el verdadero sentido de la empresa y la responsabilidad que tenemos los líderes con las personas que hacen parte de ella. En ese camino entendí un concepto que me marcó: el verdadero liderazgo consiste en lograr que las personas puedan desarrollar su máximo potencial. Fue ahí donde descubrí el enorme valor de la mentoría, entendiendo que, además de liderar, necesitábamos aprender a acompañar procesos humanos de crecimiento.

Por eso inicié un proceso con algunas gerentes del Grupo Altum, donde soy CEO hace 24 años años, con un enfoque que integra mentoría, autoconocimiento y liderazgo. Más que un espacio formativo tradicional, lo concebimos como un proceso de reflexión, conciencia y fortalecimiento personal. Trabajamos con herramientas que permiten identificar fortalezas, estilos de liderazgo y capacidades de gestión, pero más allá de los resultados técnicos, lo importante es ayudar a cada persona a comprender cómo potenciar sus talentos y cómo alinear lo que saben hacer con aquello que realmente les apasiona y genera valor para otros.

Ana Rocío Sabogal impulsa el compromiso empresarial por el bienestar colectivo

Reafirmo totalmente algo en lo que hoy creo profundamente: en las empresas necesitamos cada vez más líderes con capacidad de ser mentores. Porque liderar no es solamente alcanzar resultados; también es ayudar a otros a descubrir y desarrollar la mejor versión de sí mismos. La transformación ha sido profunda, tanto en las personas que participan en el proceso como en mí misma. He confirmado que cuando una persona se conoce mejor, comprende con más claridad su propósito, sus fortalezas, sus límites y el origen de muchas de sus creencias y reacciones, cambia de manera significativa su forma de relacionarse con los demás y de habitar su liderazgo.

Ese nivel de comprensión personal trae algo muy valioso: más conciencia, más empatía y una comunicación mucho más intencional. He observado que las personas empiezan a ganar seguridad, claridad y conexión consigo mismas; hay un cambio visible en la manera en que se perciben, toman decisiones y asumen su potencial. Y quizás lo más importante es que, una vez ese proceso ocurre, ya no es posible volver a mirar la vida, el trabajo o las relaciones desde el mismo lugar. Cuando una persona amplía su nivel de conciencia, también amplía su capacidad de transformación. Por eso considero que este tipo de procesos generan un verdadero gana-gana: gana la persona, ganan los equipos y gana la organización.

Yo misma he tenido la oportunidad de ser acompañada por personas que ampliaron mi manera de pensar y me permitieron ver posibilidades que antes no eran tan evidentes para mí. Uno de los aprendizajes más importantes fue entender que un buen mentor no impone un camino ni entrega respuestas prefabricadas. Su verdadero valor está en ayudar a que una persona piense mejor, se vea con más claridad y reconozca capacidades que quizás aún no había descubierto en sí misma. Acompañar a otros no es dirigir su vida ni darle consejos diciéndole qué hacer, sino contribuir a que encuentren su propia voz, fortalezcan su criterio y avancen con mayor conciencia.

Todos, en algún momento de la vida, necesitamos un mentor. Porque nadie crece completamente solo y porque, muchas veces, avanzar depende de encontrar a alguien que nos ayude a ver más allá de nuestros propios límites.

Ana Rocío Sabogal, CEO del Grupo Altum