OPINIÓN

Nataly García

Soltar para recibir todo lo bueno que está por llegar

A veces, ver lo que necesitamos cambiar implica soltar personas, cerrar etapas y tomar decisiones difíciles. La autora de esta columna reflexiona sobre las máscaras que llevamos, el liderazgo, la confianza en Dios y la importancia de hacer espacio para lo nuevo sin dejar de agradecer lo vivido.
30 de octubre de 2026 a las 9:10 p. m.

A veces me da miedo pedirle a Dios que me muestre el camino.

Le digo: ‘Dios, dame luz, ayúdame a ver con tus ojos lo que yo no estoy viendo’. Y aunque parezca contradictorio, me asusta que me responda porque cuando pido claridad, muchas veces mi vida se sacude. Aparecen verdades que no quería ver, conversaciones que había aplazado y decisiones que preferiría no tener que tomar. Y entonces pienso: esto fue lo que pedí.

En mi columna anterior hablaba de la importancia de detenernos para encontrar la luz. Hoy entiendo que encontrarla es apenas el comienzo; después viene lo más difícil: tomar las decisiones que esa claridad nos está pidiendo.

Este ha sido para mí el mes de soltar, de descargarme, de dejar ir y de entender que no todo lo que nos acompañó durante tanto tiempo tiene que seguir con nosotros.

Como empresaria, conozco el peso de las responsabilidades. A veces estamos tan ocupados resolviendo problemas, sosteniendo equipos, cuidando relaciones y procurando no equivocarnos, que dejamos de escucharnos. Con el tiempo aprendemos a ponernos ciertas máscaras para responder a los roles que desempeñamos.

Esas máscaras a veces son necesarias. Nos ayudan a enfrentar momentos difíciles, a proteger a otros y a seguir adelante cuando las circunstancias lo exigen. Pero debemos tener cuidado de no convertirlas en lo que somos porque detrás de cada rol hay una persona que también siente miedo, se equivoca, se cansa y necesita encontrar su propio equilibrio.

Hace poco comprendí cuánto puede cambiar nuestra perspectiva algo tan sencillo como desconectarnos un fin de semana. Alejarnos del ruido, respirar, conversar con quienes queremos y permitirnos, por un momento, dejar de ser quienes tienen que resolverlo todo. Básicamente, quitarnos las máscaras con las que enfrentamos el mundo para volver a encontrarnos con la persona que somos.

Esos espacios nos permiten descubrir qué estamos sintiendo realmente, qué estamos cargando por costumbre y qué necesitamos cambiar. Y entonces todo empieza a alinearse, pero la claridad también duele.

Porque tomar decisiones puede significar despedirnos de personas que nunca imaginamos fuera de nuestra vida. Compañeros de trabajo, amigos, parejas o personas con quienes compartimos sueños, aprendizajes y momentos que siempre tendrán un lugar en nuestra historia.

Y no es fácil. Sobre todo cuando queremos ser justos, cuando sentimos cariño y gratitud, pero también sabemos que algo debe cambiar.

Este mes he aprendido que soltar no significa desconocer lo vivido ni dejar de querer. Significa aceptar que algunas etapas terminan y que aferrarnos a ellas puede impedirnos seguir creciendo.

Sin embargo, me gusta pensar que podemos cerrar ciclos sin borrar lo bueno. Agradecer las risas, los momentos compartidos y las enseñanzas. Desearles luz a quienes toman otro camino y dejar las puertas abiertas, porque nunca sabemos cuándo ni en qué circunstancias la vida volverá a encontrarnos.

Este mes he entendido que soltar también es hacer espacio para recibir lo que viene: nuevas oportunidades, personas y formas de crecer. Hoy me siento más ligera, no porque todos los problemas estén resueltos ni porque las decisiones hayan dejado de doler, sino porque he comenzado a tomarlas.

De todo este proceso me quedan tres reflexiones que quiero compartir:

1. Las máscaras pueden ayudarnos, pero no deben definirnos.

En el liderazgo necesitamos transmitir confianza, tomar decisiones y responder en momentos difíciles, pero detrás de cada responsabilidad hay un ser humano. Ser fuertes no significa dejar de sentir, y liderar tampoco debería significar olvidarnos de nosotros mismos.

2. Desconectarnos también es una forma de conocernos.

No se trata simplemente de descansar. Se trata de quitar el ruido que nos impide reconocer nuestras emociones, escuchar nuestra intuición y conectar respuestas que muchas veces ya estaban dentro de nosotros.

3. ‘Todo está bien’ es una decisión de confianza, no una negación de la realidad.

Hay una diferencia enorme entre decir ‘todo va a estar bien’ y sentir, aun en medio de la incertidumbre, que todo está bien. No significa que no haya dolor, dudas o dificultades. Significa encontrar tranquilidad en saber que estamos actuando de acuerdo con nuestros valores, aunque todavía no conozcamos los resultados.

Hoy agradezco a quienes han sido parte de mi camino, incluso a quienes ya no seguirán recorriéndolo conmigo. Les deseo lo mejor, de corazón.

Y a Dios, aunque todavía me dé un poco de miedo, le seguiré pidiendo luz, porque he entendido que a veces sus respuestas llegan para darnos el valor de soltar.

Nataly García, fundadora y CEO de Accesspark