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La peor tormenta del príncipe Carlos: el escándalo de las bolsas de euros que tiene en jaque su posible reinado

El príncipe Carlos de Inglaterra ha causado una tormenta mediática en su país. Mientras la prensa británica afirma que no está capacitado para tomar el trono, el futuro de la casa de Isabel II es incierto.


La casa Windsor, encabezada por la reina Isabel II, se encuentra en medio de una tormenta en Inglaterra.

El escándalo estalló cuando la prensa británica hizo público un extraño negocio entre el jeque Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani, ex primer ministro de Qatar, y el príncipe Carlos de Inglaterra, el sucesor directo del trono.

Según la información publicada, Carlos habría recibido millonarias sumas de dinero en efectivo del jeque, que tenía una buena relación con la Corona inglesa.

La polémica no gira en torno a la suma de dinero recogida –3 millones de euros–, que aunque nada despreciable, no es extraordinaria respecto a las sumas recibidas por una de las casas reales más importantes del mundo. Los cuestionamientos giran en torno a la manera en que el príncipe recibió el dinero.

Según la prensa inglesa, Carlos habría recibido dos millones de euros de la propia mano del jeque, quien, como si se tratara de una película o del cierre de un negocio turbio, se los entregó en efectivo dentro de una bolsa de la lujosa marca de alimentos exclusivos Fortnum & Mason. El otro millón de euros habría sido entregado al equipo del príncipe.

Luego de recibir el dinero, el príncipe se lo habría entregado a sus asesores quienes, informa la prensa inglesa, lo habrían contado a mano en billetes de 500 euros, en lo que compone una escena que parece sacada de un guion de cine.

Clarence House –la residencia real británica– y sus portavoces se han defendido diciendo que el negocio con el jeque catarí se hizo en cumplimiento de la ley y siguiendo todas las costumbres y los estatutos en esta clase de sucesos.

Las monarquías europeas tienen buenas relaciones con las opulentas familias reales de Oriente y también con sus ricos magnates, por lo que la recepción de donaciones a las fundaciones reales desde esa parte del mundo se ha convertido en una práctica normal.

Carlos y la casa real se han escudado entonces en afirmar que todo se trató de una donación del jeque a una de las fundaciones del rey y la casa Windsor. Por medio de sus portavoces, el príncipe afirmó que la suma de dinero “fue entregada de inmediato” a sus “organizaciones benéficas, las cuales tienen una gestión apropiada y siguen todos los pasos correctos”.

Esta situación –la de las donaciones–, de hecho, ya ha puesto a Carlos en problemas varias veces.

El príncipe ya ha sido previamente investigado, de manera inconclusa, por presuntamente entregar títulos reales a cambio de grandes sumas de dinero que entran como donaciones a sus fundaciones, en actos que son jurídica y legalmente válidos.

Sin embargo, lo que podría estar enredando la legitimidad del príncipe en este reciente escándalo es un vacío legal. Las donaciones, en efecto, pueden ser recibidas por los príncipes mediante cheques o transferencias, según afirma la política de la casa real.

No obstante, no se dice nada acerca de la recepción de donaciones en efectivo y, mucho menos, en bolsas como si se tratara de un regalo más.

Sumado a esto, las conversaciones mantenidas entre el jeque y el príncipe inglés no aparecen registradas en ninguna agenda oficial, por lo que las sospechas alrededor de esta extraña transacción se levantan aún más.

Similar a lo sucedido con los escándalos de la realeza española, la prensa de Inglaterra ya afirma que Carlos es incapaz de tomar el trono y llenar los zapatos de su madre.

Una nobleza en crisis

Este golpe, que puede no escalar legal o jurídicamente, sí representa una sacudida de imagen para una familia real que ha enfrentado fuertes crisis desde inicios de siglo.

Con una Corona cada vez más alejada del público y envuelta en polémicas crudas y sensibles, que con el auge de las redes sociales ya no pueden ser fácilmente ocultadas, la estabilidad de esta casa real tambalea.

De un 84 por ciento de aprobación a la Corona y a la necesidad de una monarquía, para 2022 la popularidad de la casa Windsor ha caído hasta un 60 por ciento, según un sondeo de Vanitatis. Así mismo, dice el sondeo, un 27 por ciento de los británicos consideran que la institución debería ser abolida.

Si bien estos números no son altos, llama la atención que han ido en aumento a medida que la realeza se ha visto envuelta en serias polémicas.

En primer lugar, se encuentra la relación entre el príncipe Andrés de Inglaterra y el proxeneta Jeffrey Epstein, caso por el cual ya realizó un millonario acuerdo con una de las víctimas para no ir a un juicio civil en los Estados Unidos.

Una foto del príncipe, hijo menor de Isabel, con Ghislaine Maxwell, condenada recientemente a 20 años de prisión por ser la proxeneta de Epstein, no deja dudas en la opinión pública de la relación entre Andrés y los dos criminales.

La casa real, como control de daños, despojó a Andrés de todos sus títulos militares. Sin embargo, esta medida no ha sido efectiva y esta mancha es dura de quitar.

Por otro lado, se encuentra la polémica levantada por la estrepitosa salida de Meghan Markle y el príncipe Harry, hijo de Carlos y Diana de Gales, de la casa real.

Meghan y Harry ventilaron, hace unos años, todos los sufrimientos y las guerras internas adelantadas en su contra por la familia real, empezando por Isabel. La viralidad y lo sensible de algunos de los relatos contados por la pareja –que afirmó que al nacer uno de sus hijos les preguntaron cuál era su color de piel– significaron un golpe duro de resistir para la monarquía.

Estas mediáticas declaraciones dieron a entender a todo el mundo que la familia real británica no está tan unida.

Harry y Guillermo también tienen una distanciada relación luego de la muerte de su madre, la princesa Diana de Gales.

Y tal vez sea esta muerte, la de la bella y recordada princesa, lo que más pesa sobre la imagen del hoy atacado Carlos. Luego de que se hicieran públicos libros, documentales y, sobre todo, una aclamada serie de televisión sobre la vida del rey con su exesposa, la imagen del futuro heredero al trono ha quedado por el piso.

Los abusos y la guerra adelantada en contra de Diana han constituido un lastre que aún debe ser cargado por parte de la realeza y que pesa sobremanera en la cabeza de Carlos, percibido como cruel, antipático y mujeriego.

La situación no es fácil si a todo esto se suma que la dama de hierro de la realeza, la reina Isabel II que hace unas semanas cumplió 70 años en el trono, parece estar preparándose para una transición.

Las actividades del jubileo fueron el signo de que todo estaba preparándose para que Carlos asumiera el tan ansiado trono de Inglaterra. Sus relevos a la reina en importantes discursos, la ausencia de esta en numerosos eventos y su presencia cada vez menos imponente, parecen marcar el inicio del fin de una era en la realeza británica.

En medio de graves polémicas, una familia desunida, negocios aparentemente turbios, una mala percepción de imagen y una creciente desaprobación del público británico, ¿a dónde irá la realeza británica? ¿Podrá renovar su imagen?