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Plegarias de paz: grupo de refugiados ucranianos llegó a Fátima para clamar a la virgen por su país

El objetivo es orar por el fin de la guerra.


Con ocasión de la celebración del día de la virgen de Fátima, fecha en la que los creyentes católicos conmemoran la aparición de María, miles de peregrinos se dieron cita en el santuario ubicado en esa población para clamar por su intercesión.

Precisamente en ese contexto, también se ha unido a dicha peregrinación un importante número de refugiados ucranianos, que en virtud de la grave situación de su país, salieron de sus casas para resguardar la vida, y ahora se unen a la romería de personas que se dan cita en Portugal para clamar por la paz mundial y porque cese el conflicto ruso-ucranianio.

La peregrinación de fieles, que año tras año se dan cita en el santuario, ubicado a cerca de 130 kilómetros al norte de la capital de Portugal, Lisboa, tiene en esta versión un particular interés, y es el clamor, de parte de ucranianos y no ucranianos, por el fin de la cruda guerra desatada en ese país, y que ha tenido su etapa más cruenta en los últimos dos meses, después de que el 24 de febrero, el Gobierno ruso decidiera el despliegue de sus tropas para invadir Ucrania.

Según recogen medios internacionales, como la AFP, dentro de la peregrinación, que se da cita desde el pasado jueves en la ciudad de Fátima, se ha podido identificar la presencia de personas ucranianas que, incluso, pese a pertenecer a otros credos religiosos, se han sumado a la romería para clamar a la virgen por la paz.

Uno de esos casos, recogido precisamente por la AFP, es el de una mujer de 64 años identificada como Nellya Chernishenko, quien es refugiada ucraniana en Portugal, que, en compañía de su familia, se sumó al grupo de peregrinos que llegaron a Fátima, para rogar a la virgen por el cese a las hostilidades en su país de origen.

En el caso de esta refugiada, esta es su primera peregrinación religiosa y la hace en compañía de otros familiares que también salieron, incluso antes del estallido de la actual fase de la guerra, de Ucrania, para refugiarse en Portugal.

En declaraciones entregadas por esta creyente de origen ortodoxo, a los medios de comunicación, señaló que “esta peregrinación es importante para pedir a Dios la paz en Ucrania, porque somos muchos y eso da fuerza”.

La peregrinación a Fátima en 2022 también tiene un ingrediente particular además de las intenciones por el fin de la guerra en Ucrania, pues la de este año es la primera peregrinación a Fátima, tras 48 meses de fuertes restricciones emanadas de la pandemia de coronavirus.

Se estima, según cifras recabadas por medios internacionales, que en la presente edición de la fiesta de Fátima se dan cita en el poblado cerca de 200.000 fieles, quienes se congregan en la vasta explanada que se ubica en las inmediaciones del santuario construido el siglo pasado en honor a la virgen.

Precisamente, el pasado 25 de marzo, el santuario de Fátima fue uno de los escenarios en los que, en simultánea con la basílica de San Pedro, en el Vaticano, se celebró una misa especial presidida por el papa Francisco, en la que el pontífice consagró a Rusia y Ucrania “al inmaculado corazón de la virgen María”, en una ceremonia retransmitida internacionalmente.

Una peregrinación sin distinción de credo

Aunque es una fecha del calendario católico, la presente celebración del Día de la Virgen ha sido tomada este año con una especial devoción de parte de participantes adscritos a otros credos religiosos, quienes han encontrado, en la fecha, una oportunidad especial para clamar a Dios por este conflicto.

En el caso de la mujer antes citada, la AFP también recoge otras de sus palabras, en las que afirma que “empecé a creer, la religión nos ayuda. Me siento bien en Portugal, pero espero volver algún día a Ucrania”.

Nellya Chernishenko, ahora compartiendo con sus hijos en Portugal, afirma con esperanza su deseo de algún día reencontrarse con sus amigos, en la tierra que abandonó para sobrevivir a las balas.

La misma historia es compartida por Elena Kostetskaya, otra ciudadana ucraniana que afirma que llegó a Fátima tras un viaje de tres días en tren.

La mujer, que ahora es una refugiada, asistió al lugar en compañía de su nieto, que ahora vive en Portugal.

En el caso de Elena, afirma que, pese a ser budista, cree que “Fátima tiene una energía especial y que nuestras oraciones ayudarán a nuestro país”.

A su turno, desde el altar, y consciente del clamor especial de muchos de los allí asistentes, el obispo de Fátima, monseñor José Ornelas, elevó una oración especial para Ucrania durante la misa de este viernes.

“Deseo que la presencia materna de María resplandezca en estos tiempos difíciles, cuando todavía somos víctimas de una pandemia que condiciona a toda la humanidad y de una guerra que golpea a Ucrania con una ferocidad trágica y destructiva”, dijo el religioso desde un altar ubicado en la explanada a las afueras del santuario.

En el sitio, y durante una ceremonia especial, los religiosos también bendijeron una imagen de la virgen de Fátima, la cual será llevada a la ciudad de Leólopolis, en Ucrania, como símbolo del clamor de millones de feligreses para el fin de las balas.

Durante la víspera de la celebración, una multitud de creyentes se dio cita en el lugar para una vigilia, donde miles de velas iluminaron un acto de silencio, también marcado por una procesión de antorchas.

En el lugar, denominado la Capilla de las Apariciones, se conmemora la aparición de la virgen en 1917, que entregó una serie de pedidos especiales a los tres pastorcitos. Precisamente, una de dichas solicitudes, entregada en una de las seis apariciones, María reveló tres secretos, que guarda celosamente el Vaticano, y que han sido revelados parcialmente, además de una petición especial que reza sobre la consagración de Rusia.

* Con información de AFP.

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