Para 1980 el heavy metal ya había recorrido un buen camino, pero las bandas que lo originaron o no seguían o pasaban por cambios notables. Black Sabbath ya no tenía a Ozzy en sus filas, sí a Ronnie James Dio. Deep Purple ya llevaba varios años separado por la fuerte lucha de egos. Y su guitarrista Ritchie Blackmore, de forma lenta pero segura, llevó a su grupo posterior, Rainbow, de pionero en el power metal a un conjunto inspirado por el sonido más accesible de REO Speedwagon.
Ante este panorama y con el punk gozando de mayor difusión en la prensa (para bien o para mal), el metal necesitaba encontrar nuevos referentes. Uno en particular, Judas Priest, labró su camino poco a poco desde que debutó con Rocka Rolla (Gull Records, 1974) y se convirtió en esa banda a seguir. Con el paso de los álbumes dejaron de apegarse a sus influencias iniciales como Sabbath, Led Zeppelin, Thin Lizzy o UFO para configurar su propio estilo. En este eran tan importantes los potentes agudos del vocalista Rob Halford y las “guitarras gemelas” de K.K. Downing y Ian Hill como su vestimenta de cuero, que terminó afianzándose con la publicación del LP Killing Machine (CBS Records, 1978).
Tras hacerse conocidos en Europa y Japón (donde en 1979 grabaron el álbum en vivo Unleashed In The East) y tocar en Estados Unidos con más frecuencia, la banda de Birmingham se encontró con el momento de capitalizar todos sus esfuerzos.
Grabado en los Starling Studios, propiedad del beatle Ringo Starr, British Steel es una declaración de intenciones desde la portada diseñada por Roslab Szaybo. Al mismo tiempo, es un guiño a los tiempos en que el bajista Glenn Tipton trabajaba para la British Steel Company fabricando hojas de afeitar. Así, es un tributo a la industria siderúrgica que inspiró la creación de Black Sabbath en esa misma ciudad. El álbum promete una forma elemental, dura y contundente de heavy metal, y es justo lo que da.

Hay tres elementos recurrentes en las letras de British Steel: la celebración de ser un joven que ama y sigue el metal, con “Living After Midnight” como mejor ejemplo; la unidad de ese joven con otros como él, ilustrada en “United” o “Metal Gods”; y la catarsis de un sonido vibrante, veloz y poderoso que alude a luchas entre el bien y el mal o a confrontaciones violentas. Esto último viene heredado sobre todo de su antecesor Killing Machine, cuando esa idea se intensificó en su repertorio y vio continuidad en esta placa con “Rapid Fire”.
La producción, a cargo de Tom Allom, se hizo claramente más ambiciosa que en sus esfuerzos anteriores, pero incluso así debieron valerse de jugadas bastante terrenales. El ejemplo más curioso es el de “Metal Gods”, que alberga muchas. El ruido de truenos al principio fue creado con puertas cerrándose con fuerza, los pasos del “metal god” se lograron con un taco de billar golpeando el piso, y el látigo era un cable de guitarra golpeando una maleta.
Por lo demás, el trabajo de Allom fue darle una forma “definitiva” al sonido de Judas Priest en el estudio. Y ciertamente lo logró, porque canciones como “Rapid Fire” o “Steeler” capturan por igual la potencia y la velocidad de la banda, mientras que, en las más lentas como “Metal Gods” o “United”, el factor de pesadez se resalta con naturalidad. Las más fiesteras como “Living After Midnight” o “You Don‘t Have to Be Old to Be Wise” son manifiestos de unidad que el paso del tiempo hace más y más conmovedores. En el término medio encontramos canciones como “Grinder” o la memorable “Breaking The Law”, con melodías un poco más accesibles pero que no sacrifican la idea en favor de un éxito.
De todas ellas, “Breaking The Law” se quedó con el honor de definir el metal de los años 80 a todos los niveles. Le dio una fórmula de éxito al aprovechar los riffs característicos del heavy metal en favor de una ejecución más elemental, sin perderse demasiado en los ejercicios virtuosos de Deep Purple o (a veces) Sabbath. Se preocupó más por mantener el ritmo constante y por golpear con fuerza al oyente, y dejó el virtuosismo fundalmente para los solos de guitarra. Eso por no hablar de la vestimenta de cuero que a partir de entonces se hizo recurrente, o del video dirigido por Julien Temple que le dio todo un estándar a los videos de metal que emitiría a lo largo de la década la naciente cadena MTV.
En un momento donde Motörhead se perfilaba también como un nombre a seguir en el ámbito del metal (su álbum Ace Of Spades salió en noviembre) y mientras la denominada “Nueva Ola del Heavy Metal Británico” se perfilaba como una realidad concreta con Iron Maiden, Saxon y Diamond Head, Judas Priest encarnó todas las virtudes del metal en un trabajo que lo definió de cabo a rabo, incluso más allá de esa década en particular. Es una descarga de adrenalina y pasión que con 40 años a cuestas sigue imponiendo autoridad y uniendo seguidores a su alrededor.
