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- Foto: Archivo particular

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Colmenares no fue asesinado, la conclusión más sólida e incómoda a diez años de su muerte

La evidencia técnica, testimonial, científica y los veredictos judiciales coinciden en que Luis Andrés Colmenares no fue víctima de un crimen sino que murió luego de caer embriagado al fondo del canal El Virrey, en la lluviosa noche de Halloween de 2010.

Quien se asome a revisar el caso del joven Luis Andrés Colmenares sin prejuicios se encontrará con un cúmulo de pruebas demoledoras. Las hay de todo tipo: peritajes científicos, relatos de todos los testigos, confesiones de falsos testigos pagados, los análisis link de los teléfonos celulares de los jóvenes que compartieron con él la noche de Halloween de 2010, los dictámenes de medicina legal, los alegatos en los distintos procesos penales y las conclusiones de los jueces. Todos esos elementos repiten lo mismo: el joven Colmenares no murió por cuenta de un homicidio sino a causa de un penoso accidente. Es una verdad incómoda que la familia Colmenares y su abogado Jaime Lombana rechazan, contraevidencia.

De hecho esa fue la primera conclusión a la que llegó la Fiscalía cuando el caso no había tomado la dimensión mediática que luego alcanzó. Y cuando no había aparecido todo un elenco de personajes, como los confesos falsos testigos, que a cambio de dádivas inventaron la historia del crimen.

Luis Andrés Colmenares salió de rumba con sus compañeros de la Universidad de los Andes aquella noche de Halloween y hacia las tres de la madrugada estaba bastante más embriagado que los demás. Al menos una decena de universitarios lo vieron inestable y de malas pulgas. Los relatos coincidentes de estos jóvenes están en el expediente. Por igual, universitarios que nunca fueron judicializados y los que sí, coinciden en dar testimonio del estado de aturdimiento de Colmenares.

"El forense que contrató la familia para hacer la exhumación puso el cadáver sobre cartones y usó un gran cuchillo de cocina con el que produjo lesiones al cuerpo que luego registró como pre-mortem"

Y según esos mismos relatos, Laura Moreno (a quien Colmenares pretendía) y Jessy Quintero (la mejor amiga de Colmenares) al ver que él con necedad insistía en irse y alejarse del grupo decidieron acompañarlo. Fueron con el joven hasta un puesto de comida rápida. Allí –luego de hacerles una escena de reproches– Colmenares de pronto empezó a correr hacia el parque El Virrey, y Laura fue tras él mientras que Jessy aguardó a varios amigos que la recogieron en una camioneta y fueron a buscarlos.

Al llegar, encontraron a Laura en shock. Decía que Luis Andrés había seguido corriendo y que lo vio caer al canal de aguas lluvias que atraviesa el parque. Los universitarios dijeron haberlo buscado por el sector y que dieron aviso en el CAI. Los registros técnicos del Ideam y los testimonios indican que esa fue una de las noches en que más lluvia cayó en Bogotá.

Los universitarios más tarde llamaron a los bomberos quienes acudieron y tampoco encontraron nada. El parque El Virrey estaba oscuro y atravesado por el canal abierto de aguas lluvias que recolecta fluido desde los cerros orientales de Bogotá y se prolonga hasta la altura de la autopista norte. El sector donde Colmenares se perdió queda en un punto avanzado del canal. La primera brigada de bomberos que acudió para atender el llamado de los universitarios no encontró al jóven perdido. Sin embargo, al día siguiente, al final de la tarde, otra brigada fue y sí encontró a Colmenares, fallecido. ¿Cómo es posible eso?

La respuesta es que los primeros bomberos aseguraron que habían inspeccionado todo el canal y que habían entrado al túnel subterráneo que pasa bajo la carrera 15 en el punto donde está el CAI de la Policía. Fue en ese punto, en las entrañas del túnel, que la segunda brigada de bomberos, al día siguiente halló el cadáver de Colmenares. Eso dio para que el cuestionado fiscal Antonio Luis González asegurara que al joven lo habían asesinado poniendo luego el cadáver en ese lugar. “Los primeros bomberos no lo encontraron porque no estaba ahí”, dijo

Pero en el juicio el primer grupo de bomberos admitió que en realidad nunca había entrado al túnel. Simplemente se habían asomado a las bocas y desde ahí trataron de iluminar con sus linternas el interior de 67 metros de longitud. La jueza accedió a realizar una inspección en el lugar con los mismos bomberos y a la misma hora. Estos repitieron el ejercicio de aquella madrugada y aseguraron que eso era suficiente para establecer que no había nada dentro del túnel. Pero se llevaron una gran sorpresa cuando dos asistentes se adentraron y sacaron un maniquí que habían puesto en el punto exacto donde la segunda brigada de rescatistas –que sí entró al túnel– halló a Colmenares.

Laura Moreno y Jessy Quintero fueron absueltas. La jueza concluyó que Colmenares no fue asesinado, sino que murió al caer embriagado al fondo del canal del parque El Virrey.

La inspección al canal se pudo constatar un par de elementos clave: el primero es que el cuerpo de Colmenares apareció en un remanso. Se trata de un punto del canal donde hay un declive y un efecto de ingeniería para restarle velocidad al caudal. Eso explica por qué el cuerpo permaneció ahí y no continuó avanzando canal abajo. También se pudo constatar que la base del canal, por la presencia permanente de agua tiene lama y una textura lisa lo que es difícil avanzar o intentar salir de ahí. Y esas condiciones se hacen mucho más complejas si le suma la oscuridad y un estado de embriaguez además de las lesiones que tendría quien caiga allí.

El dictamen de necropsia de Medicina Legal practicada al cuerpo de Colmenares dio cuenta de agua en sus pulmones, eso revela una broncoaspiración lo cual indica que la víctima al momento de entrar en contacto con el agua respiraba. Su sistema respiratorio registró las trazas de quien muere por ahogamiento. El primer fiscal que tuvo a cargo el caso concluyó que Colmenares efectivamente habría caído por accidente al canal, ocasionándole un fuerte golpe en la cabeza que pudo dejarlo inconsciente y sin posibilidad de supervivencia se habría ahogado. Pero la conclusión de este fiscal no le gustó a la familia Colmenares.

A lo ocurrido con la primera brigada de bomberos se sumarían otras dos situaciones determinantes para hacer creer que hubo un crimen: el desfile de supuestos testigos y el peritaje de exhumación que hizo el forense particular Máximo Duque al cadáver del joven muerto, un año después del deceso.

Para darle sustento a su teoría del caso el fiscal González presentó un testigo que aseguraba haber visto que Colmenares fue atacado en El Virrey por jóvenes que usaban una camioneta. Pero se probó que el testigo a esa hora estaba al otro lado de la ciudad cumpliendo un turno de celador. El fiscal, sin sonrojarse, días después consiguió un segundo declarante. Pero pasó algo similar, quedó claro que mentía. Y luego trajo un tercero que resultó aún más contradictorio que los anteriores. Al final los tres falsos testigos aceptaron que les habían pagado por mentir y fueron condenados.

La jueza ordenó compulsa de copias contra el fiscal González y contra dos fiscales que lo relevaron en el caso. Señaló que todos ocultaron evidencias que les resultaba inconveniente y que deliberadamente trataron de llevar a error a la justicia. El tercer testigo se llamaba Jesús Alberto Martínez Durán y fue asesinado en la cárcel a donde fue a parar por las mentiras que dijo en el caso Colmenares. “El primer testigo indicó que a él lo habían contratado, habló de las reuniones con el fiscal y con el papá del joven Colmenares en hoteles en Bogotá y en La Guajira; contó cómo le mandaban plata. Pero nunca ha pasado nada. Otro de los testigos murió en la cárcel y ni siquiera ha habido un reproche moral contra quienes lo vincularon en esos enredos”, dice Jesús Albeiro Yepes, defensor de Jessy Quintero.

El otro duro cuestionamiento de la jueza, también con orden de compulsa de copias, fue contra el forense particular Máximo Duque, quien exhumó el cadáver diez meses después del fallecimiento y presentó un informe en el que concluyó que la muerte de Colmenares: “no es compatible con caída de altura (accidente) sino con homicidio”. Con ese argumento el fiscal insistió en que las versiones de Laura y Jessy, y las de una decena más de universitarios, eran falsas y que entre ellos había un pacto de silencio criminal.

Pero en el juicio se expusieron fotos de la exhumación y se escuchó el testimonio del forense. Así quedó claro que su procedimiento fue poco profesional, por decir lo menos. Duque puso el cuerpo sobre cartones, empleó un cuchillo de cocina de tamaño considerable y manipuló la osamenta de tal forma que produjo lesiones cervicales que registró como pre-mortem. Ante eso la jueza ordenó que Duque fuera investigado tanto disciplinaria como penalmente.

La sentencia de primera instancia fue proferida el 20 de febrero de 2017. Laura Moreno había sido acusada del delito de homicidio y Jessy Quintero de encubrimiento. Pero, como se ha explicado, la hipótesis de la Fiscalía de un supuesto crimen fue derrotada. La jueza también analizó la la ubicación de los celulares que usaron los universitarios aquella noche así como las llamadas y mensajes que se cruzaron. Esa prueba técnica respaldó las versiones de los jóvenes.

De hecho, la ubicación y los registros de llamadas del celular de Cárlos Cárdenas fue crucial para su caso. Este joven, como se sabe, era exnovio de Laura Moreno y el fiscal González lo acusó de ser el perpetrador del supuesto crimen de Colmenares apoyado en los falsos testigos. Ese fue un caso aparte y allí también la fiscalía fracasó. Se probó que para la hora de los hechos Cárdenas estaba durmiendo en su casa en otro sector de la ciudad a kilómetros del parque El Virrey.

Carlos Cárdenas (der.) y de arriba abajo: Jonathan Martínez, Wilmer Ayola y Jesús Martínez.Estos son los tres falsos testigos que aceptaron haber mentido a la justicia - Foto: Ilustración SEMANA

Cárdenas fue absuelto en primera instancia en junio de 2014 y cuatro meses después el magistrado José Joaquín Urbano del Tribunal Superior de Bogotá, confirmó la inocencia. La familia Colmenares y su abogado Jaime Lombana decidieron no interponer casación frente a ese fallo. En esa providencia el magistrado Urbano, al confirmar la absolución de Cárdenas también dijo, sin más, que a Colmenares alguien lo había matado. Es llamativa esa afirmación porque en ese expediente no se indagó por la muerte de Colmenares. Por ejemplo, las evidencias científicas que dan cuenta de que este falleció por ahogamiento nunca fueron discutidas y analizadas en ese proceso que se enfocó en determinar qué hizo y dónde estaba Cárdenas aquella noche de Halloween.

Con las evidencias técnicas, los análisis link de los teléfonos celulares, los testimonios de los implicados, el desenmascaramiento de los falsos testigos, y los peritajes científicos y los dictámenes forenses de Medicina Legal, la jueza llegó a la conclusión sólida de que Colmenares murió por cuenta de una caída accidental con posterior ahogamiento. Quedó probado que no hubo manos asesinas. “A este despacho no le queda duda de que las lesiones corresponden a una caída”, concluyó la togada, que absolvió a las acusadas y cuestionó, entre otros, al exfiscal Antonio Luis González, ahora investigado. “Está probado que (la Fiscalía) recibió un proceso por fuera de la sala de audiencia, esto es, en los noticieros, los periódicos, redes sociales, que hizo ver algo que nunca se demostró en el juicio”, dice el veredicto.

En la sentencia también se ordenó investigar a varios peritos y a los investigadores que trabajaron con González en la consecución de los falsos testigos. Hace un año el abogado Pedro Aguilar, uno de los defensores de Laura Moreno, se dio a la tarea de averiguar qué ha ocurrido con las distintas órdenes de investigación que impartió la jueza a lo largo del juicio y en la sentencia de febrero de 2017.

- Foto: Fotomontaje SEMANA

Aguilar acudió al Centro de Servicios Judiciales de Paloquemao, que es el ente encargado de atender las órdenes de los jueces del circuito de Bogotá. Inicialmente hubo silencio y luego evasivas. Más adelante el funcionario a cargo señaló que no podía revisar el expediente porque este había sido remitido al Tribunal Superior de Bogotá, donde aún está en trámite de apelación. El abogado hizo ver que esa no era una excusa. Finalmente se ordenó hacer una inspección al expediente que desde hace más de tres años está en el despacho del magistrado Jairo Agudelo.

Y al revisarlo se constató que no se cumplió con “la realización de dichas compulsas por parte de este Centro de Servicios Judiciales del Sistema Penal Acusatorio”, según se lee en la respuesta oficial. Es decir que las órdenes que impartió la jueza 11 de conocimiento para que se investigue a fiscales, peritos y bomberos, hasta ahora no se han atendido. “Eso no puede ser, en los próximos días vamos a presentar las respectivas acciones disciplinarias y penales. Las disposiciones de los jueces no pueden quedar en un saludo a la bandera”, concluye el abogado Aguilar. Si la Justicia operara en debida forma hace mucho tiempo que se habría aclarado quiénes le pagaron a los falsos testigos, y así la versión contraria a la evidencia del supuesto crimen se habría desmoronado del todo. Pero esa es una verdad incómoda, aún después de diez años del lamentable fallecimiento de Colmenares.