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Informe del Departamento de Estado respalda lucha antidrogas de Duque y recuerda el episodio de Santrich

SEMANA conoció el informe de 235 páginas del Departamento de Estado de Estados Unidos, en el que se respalda la lucha antidrogas de Colombia y se cuestiona el comportamiento de un exfiscal de la JEP por corrupción en el caso Santrich.


En un informe de 235 páginas del Departamento de Estados de Estados Unidos, contrario a lo que se pensaba, queda claro que la relación entre el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, e Iván Duque pasa por un buen momento.

El Informe sobre la Estrategia Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, de marzo de 2021, respalda la lucha antidrogas de Colombia y defiende una de las principales estrategias de Duque para frenar los cultivos de coca en el país: la aspersión aérea con glifosato, suspendida en el gobierno de Juan Manuel Santos.

SEMANA conoció el informe, que además le da luz verde al Senado estadounidense para el desembolso de 25 millones de dólares a Colombia, el 20 % de los recursos que dicho país otorga anualmente en la lucha contra las drogas.

El documento recuerda que, en 2018, los gobiernos de ambas naciones acordaron expandir la cooperación antinarcóticos durante los próximos cinco años, buscando reducir las plantaciones de coca en un 50 %. “Bajo el presidente Duque, Colombia ha aumentado el ritmo de las operaciones antinarcóticos. La cooperación bilateral en investigaciones de extradiciones, drogas y lavado de dinero ha dado como resultado cientos de acusaciones desde Estados Unidos y la extradición de narcotraficantes de alto nivel”.

Por esto, Estados Unidos ve a Colombia como un líder regional en la coordinación de la operación contra las drogas. “Desde 2018, estas operaciones han incautado un total combinado de casi 200 toneladas de coca, lo que demuestra la habilidad del país como líder internacional que moviliza a la región contra el crimen transnacional”, dice el documento.

El Departamento de Estado también le da palo a la Justicia Especial para la Paz (JEP), en un capítulo que tituló corrupción.

Al menos, recuerda la historia de Carlos Bermeo, el cuestionado exfiscal de ese tribunal que recibió 2 millones de dólares por parte de un agente infiltrado de la DEA a cambio de incidir en el trámite que el tribunal especial adelantaba sobre la extradición de Seuxis Pausias Hernández, conocido como ‘Jesús Santrich’, uno de los guerrilleros más buscados hoy por las autoridades y quien, según la inteligencia colombiana, se esconde en territorio venezolano protegido por Nicolás Maduro.

La operación contra Bermeo –según el documento estadounidense– fue grabada en el lobby de un hotel de Bogotá en 2019 y “reveló que el exfiscal aceptó un soborno de 2 millones de dólares a cambio de aceptar obstruir la extradición de Seuxis Hernández”.

De Jesús Santrich, informa que es un excomandante de las FARC que acababa de ser elegido congresista y que también había sido registrado negociando un acuerdo de varias toneladas de cocaína en 2018. “Hernández fue posteriormente liberado (debido) en parte a la obstrucción orquestada por el exsenador Luis Alberto Gil y el exfiscal Bermeo”, se lee. Y detalla a renglón seguido cómo Santrich, temiendo un nuevo arresto, huyó hacia Venezuela y junto con otros excomandantes de las FARC comenzó a reconstruir la “organización terrorista”.

Estados Unidos deja claro en el informe que “el Gobierno de Colombia no fomenta ni facilita la producción o distribución de drogas ilícitas, como una cuestión de política gubernamental, ni participa en el blanqueo del producto de la venta de drogas ilícitas”.

Por esto, el Departamento de Estado explicó que reducir el cultivo, la producción de cocaína y combatir el crimen organizado “siguen siendo las principales prioridades de los gobiernos de ambas naciones. Los mayores esfuerzos bajo la administración de Duque han dado como resultado un progreso mensurable”.

Además, exalta los esfuerzos de la Policía y las Fuerzas Militares en frenar los cultivos de coca y la producción de cocaína, “evitando que cientos de toneladas métricas de droga lleguen a los Estados Unidos…”. Y deja claro que es probable que los esfuerzos actuales no sean suficientes para lograr el objetivo de reducir los cultivos. “Colombia deberá continuar expandiendo la erradicación manual e implementar su objetivo declarado de reiniciar un programa seguro, limitado y eficaz de erradicación aérea…”. También recomienda continuar la expansión de las operaciones de interdicción de cocaína y extradición de los principales criminales.

“Los programas colombianos de sustitución de cultivos y desarrollo rural también requieren un fuerte compromiso y financiamiento para que las reducciones de coca sean sostenibles”, agrega el documento.

El informe recuerda que a pesar de la firma de un Acuerdo de Paz con las FARC en 2016, Colombia lucha con la seguridad, la gobernabilidad y los desafíos económicos persistentes en las regiones rurales. “El Gobierno colombiano reconoce que el tráfico ilícito de drogas y los grupos delictivos organizados son las principales amenazas a la paz y la seguridad del país”.

Por último, informa que el Gobierno de Estados Unidos apoya y monitorea de cerca la implementación de la estrategia de control de drogas en Colombia para asegurar el progreso en la reducción del cultivo y la producción de la cocaína.

Después de este documento del Departamento de Estado, que forma parte del gobierno de Joe Biden, ¿dónde quedó la advertencia de la oposición que auguraba unas tensas relaciones diplomáticas entre ambas naciones tras la llegada del demócrata al poder? ¿En dónde quedaron las voces que pronosticaron una ruptura en las relaciones por la supuesta injerencia de líderes del Centro Democrático a la campaña de Donald Trump? ¿Lo hicieron para generar ruido contra Duque?

Tal como lo informó en su momento SEMANA, Biden y Duque son gobernantes que tienen claras las relaciones internacionales, están por encima de las intrigas políticas en sus países y reconocen que ambas naciones son aliadas importantes en Latinoamérica en asuntos comerciales y en la lucha contra las drogas.

Además, Colombia se ha caracterizado por sostener buenas relaciones con el vecindario, como quedó demostrado con los gobiernos republicanos de George W. Bush o Donald Trump, y con las administraciones demócratas de Bill Clinton y Barack Obama.