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- Foto: guerrilla AFP

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ELN se habría aliado con Santrich e Iván Márquez para combatir a Gentil Duarte en Nariño

Los antiguos jefes guerrilleros quieren recuperar el control criminal de esta zona estratégica para sacar droga del país.

La violencia en el suroccidente colombiano parece no tener techo. Lo ocurrido el pasado fin de semana en zona rural de Tumaco, donde en una correría de muerte un grupo narcoparamilitar asesinó a 11 personas en dos masacres, solo es un asomo de lo que viene.

La creciente ola de asesinatos y barbarie tiene dos factores comunes: narcotráfico y reacomodamiento de viejas y nuevas estructuras armadas que se pelean el control del territorio, la producción de los laboratorios y, lo más importante: las rutas estratégicas para sacar la droga a aguas del Pacífico. Allí la reciben emisarios de carteles mexicanos que la ponen en aguas internacionales rumbo a Centroamérica.

La nueva dinámica del conflicto está marcada por una atomización criminal y dos macrofrentes de disputa: lo que pasa en Cauca y Nariño es lo más parecido a una lucha de carteles de droga en las regiones más convulsionadas de México. En el Cauca ya está definido el partidor criminal. Gentil Duarte e Iván Mordisco, dos exjefes de las antiguas Farc, controlan la mayoría del departamento con el Comando Organizador de Occidente. Este bloque agrupa a ocho disidencias que se han repartido así el departamento: las columnas Dagoberto Ramos y Jaime Martínez son dueñas del norte de la región, su operación es fuerte en los municipios de Corinto, Caloto, Miranda, Toribío, Timba, Buenos Aires, Santander de Quilichao y Suárez, principal salida terrestre al Naya, Pacífico caucano; los frentes Carlos Patiño y Franco Benavides infunden terror en el sur. Su centro de operaciones es Argelia, El Tambo, Patía y toda la subregión del cañón del Micay, la otra salida a aguas del océano.

Desde Venezuela, Iván Márquez y Santrich, entre otros disidentes de las Farc, han aparecido en videos, enviando mensajes desafiantes al Estado. El cerco militar en contra de ellos crece con el paso de los días.

Y aunque en municipios como Argelia aún hay una disputa con rezagos del ELN y la Segunda Marquetalia, el Comando Organizador de Occidente tiene el control total mediante el frente Carlos Patiño, quizá la estructura más sangrienta y despiadada de los hombres de Gentil Duarte.

En Nariño, la cosa es diferente: aún el territorio no está repartido y por eso la disputa criminal se recrudece cada vez más. En la subregión de La Cordillera, que comprende los municipios de Policarpa, Cumba y El Rosario, opera el ELN, pero cada vez entran con más fuerza los frentes disidentes Carlos Patiño y Franco Benavides. El ELN resiste con dos frentes conocidos como Comuneros del Sur, en la zona rural de Samaniego y Ricaurte, donde también hay presencia de reductos del Clan del Golfo, que recientemente –según información de inteligencia militar– han oficializado una alianza con las disidencias de Gentil Duarte para acabar con los hombres del Ejército de Liberación Nacional.

Como si se tratara de una campaña política, las alianzas para mantener –o recuperar– el control del territorio tienen sorprendidas a las autoridades. Por ejemplo, ELN, la Segunda Marquetalia –disidencia de Santrich, Iván Márquez y el Paisa– y los Contadores –la estructura narcoparamilitar más grande del suroccidente– hicieron un pacto para atacar a Gentil Duarte, este a su vez, se alió con el Clan del Golfo y otros paramilitares para entrar con más fuerza a Nariño.

Esos, por ahora, son los dos macrofrentes de esta nueva guerra. Pero hay un tercer grupo del que casi nadie habla: las disidencias y grupos narcotraficantes sueltos, que constituirían un tercer macrofrente si se diera una alianza. Aquí aparecen disidencias como la Oliver Sinisterra –anteriormente comandada por Guacho–, la FOU, Guerrillas Unidas del Pacífico y un sinnúmero de pequeñas estructuras que patrullan por la zona rural del Pacífico nariñense, así como la zona de frontera con Ecuador.

Al ser aún cabos sueltos, el bloque ELN-Segunda Marquetalia-Contadores han tratado de absorberlos. Quieren, a sangre y fuego, que les juren lealtad. Por eso los Contadores arremetieron contra hombres de la Oliver Sinisterra en zona rural del Tumaco el pasado fin de semana. Esas dos masacres no son hechos aislados. Los próximos meses serán cruciales para definir cómo se mueve el partidor criminal en Nariño y cómo quedan establecidos los frentes de la nueva guerra que se avecina.