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| 10/27/2018 2:00:00 PM

“La memoria y la verdad siempre están amenazadas”

A raíz de los polémicos nombres que han sonado para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica, SEMANA habló con Gonzalo Sánchez Gómez, su exdirector, acerca del futuro de la institución y sus preocupaciones sobre su reemplazo.

Gonzalo Sánchez: “La memoria y la verdad siempre están amenazadas” “Permitir que cada gobierno imponga una versión oficial sobre la guerra, sería aproximarnos muy peligrosamente a una visión totalitaria de la memoria”

SEMANA: ¿Por qué renunció al Centro de Memoria Histórica?

GONZALO SÁNCHEZ GÓMEZ: Creo que he durado demasiado para mis propias expectativas y seguramente para las de muchos. Si le sumamos todo el tiempo que trabajé con el Grupo de Memoria antes de que se creara el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), cumplo 11 años dedicado al tema. Eso es más de una década de estar escuchando los dolores y escarbando la tragedia de este país.

SEMANA: En los últimos días se han ventilado nombres para sucederlo, de personas que previamente han criticado el acuerdo de paz. ¿Cuál perfil debería tener su reemplazo?

G.S.G.: En los estatutos del CNMH están definidas las condiciones que debe tener el director. Aunque la conducción del centro implica un diálogo político permanente con las instituciones, el gobierno, la oposición y con los actores armados, la construcción de memoria necesita, ante todo, un liderazgo académico.

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SEMANA: ¿Qué ha logrado el CNMH y qué significa esta institución para el país?

G.S.G.: El centro heredó el trabajo del Grupo de Memoria Histórica (GMP) que comenzó a finales de 2006. El cambio de grupo a centro amplió el abanico de preocupaciones y de tareas de la institución. Además de investigaciones y estudios de caso, hemos tenido tareas en las que el vínculo con las comunidades ha sido muy importante. Nos hemos ganado la confianza de todos los lados, tenemos archivos de víctimas de Estado, de la guerrilla y de los paramilitares, algo que hace cinco o diez años hubiera sido imposible pensar que ocurriera. Muchas de estas personas se han acercado para convertir al centro en depositario de memorias. El CNMH es en cierto sentido una anomalía dentro de las instituciones del Estado. Se ha hecho querer de la gente. Es una instancia valorada y respetada por los más diversos sectores. La gente ha hecho suyo el legado del centro.

SEMANA: Con el tránsito ideológico de un gobierno liberal a uno de derecha, ¿cuáles son los retos para el centro?

G.S.G.: Más allá del cambio ideológico de gobierno a gobierno, el CNMH debe continuar desarrollando sus tareas que, además, están definidas por ley como institución estatal. Su misión no debe someterse a vaivenes. Además, hay normativa internacional de memoria que dice que el Estado no tiene el derecho de imponer su versión. Permitir que cada gobierno imponga una versión oficial sobre la guerra sería aproximarnos muy peligrosamente a una visión totalitaria de la memoria.

"Permitir que cada gobierno imponga una versión oficial sobre la guerra, sería aproximarnos muy peligrosamente a una visión: totalitaria de la memoria".

SEMANA: ¿Qué metas debe alcanzar el centro en el corto plazo?

G.S.G.: El principal reto consiste en materializar el Museo Nacional de la Memoria. Ese museo será el lugar de recogida de todo lo que hemos hecho y un ágora para toda la sociedad colombiana. La idea es que el museo sea un lugar de debate público y que en él no se imponga una sola narrativa de la sociedad.

SEMANA: ¿En qué estado se encuentra ese proyecto?

G.S.G.: Ya hay un lugar estratégico para el museo en la calle 26 de Bogotá. Lo que lo ha retrasado son los títulos de propiedad del territorio que han sido un poco enredados, pero el diseño y el Conpes ya están aprobados. Solo nos faltan esos pequeños problemas de organización de los títulos para ponerlo en marcha, la idea es comenzar obra el año entrante. Esperamos que una vez construido, sea un lugar de debates sanos y no de los que están asomando la nariz, que son los orientados a negar y suprimir.

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SEMANA: ¿A qué debates se refiere?

G.S.G.: A algunos que son producto de visiones que están tomando fuerza en Colombia y que también se presentan en el contexto internacional, en el que parecen estar tomando fuerza recursos negacionistas y fascistas. En el mundo estamos entrando en una era muy compleja que amenaza todas las ganancias democráticas que se han tenido en el último siglo.

SEMANA: ¿Cree que esa nueva era de la que habla pone en riesgo el futuro del CNMH?

G.S.G.: La memoria y la verdad siempre están amenazadas, lo sabemos por la experiencia de muchas comisiones de la verdad y por cierres definitivos de procesos políticos. Y aunque la memoria siempre ha estado asediada por muchos demonios también hay mucha gente que la quiere proteger, como lo demuestra la movilización reciente de los ciudadanos frente a la postulación de algunos nombres para dirigir el centro. La batalla política por la memoria es de larga duración.

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G.S.G.: El centro tiene una carga simbólica tremenda. Es la materialización de un acuerdo de paz que buscó el fin a un conflicto armado prolongado como ninguno. Su labor la sienten como propia las redes de lugares de memoria de América Latina y el mundo académico con el cual nos hemos reunido. Ese reconocimiento internacional del centro tiene que ver mucho con su misión. El eslogan hasta ahora ha sido “La memoria, una aliada para la paz”, ¿cuál es el que viene? Está por verse.

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SEMANA: ¿Tiene alguna idea de qué nombres hay para sucederlo al frente del centro?

G.S.G.: No, pero quiero hacer una invitación a la academia para que postule nombres de calidad, que tengan una mirada integral del carácter del conflicto. El centro tiene sentido si su trabajo da cuenta de las responsabilidades de los actores de la guerra, incluidos obviamente los del Estado.

SEMANA: A primera vista pareciera que la Comisión de la Verdad va a realizar lo mismo que hace el CNMH. ¿Cuáles son sus diferencias?

G.S.G.: Son dos instancias que tienen diferencias por ley. El centro responde al deber de construir una memoria colectiva facilitando los espacios para la reconciliación, y la Comisión de la Verdad surge de los acuerdos y tiene una vida relativamente corta. El único espacio donde coinciden es en la construcción del Museo de Memoria Histórica. Sin embargo, el centro será una plataforma para ayudar a visibilizar las verdades sobre la guerra. Los informes están a disposición de la Jurisdicción Especial para la Paz, la cual ya los está utilizando.

SEMANA: En la política colombiana hay dos versiones sobre el conflicto armado, una que lo reconoce y otra que lo niega, calificándolo de terrorismo. Con visiones tan opuestas sobre lo que pasó, ¿cómo construir memoria?

G.S.G.: Hay unas normas en la academia y en la sociedad sobre la construcción de lo que es verdadero y lo que es falso. Hay hechos e historias verificables relacionadas con la guerra. Sin embargo, algunos construyen retóricas con trampas para jugar en el terreno político y no en el de la reconciliación. La academia y quienes creemos en la democracia, la transformación y el reconocimiento de lo que ha pasado tenemos la tarea de negar esas trampas que simplifican lo que pasó o lo niegan.

SEMANA: ¿Quiénes construyen las trampas que menciona?

G.S.G.: Hay sectores políticos y empresarios interesados en atajar la memoria y la verdad en este país. Mientras la cúpula de las Farc y la cúpula paramilitar se dan la mano, los azuzadores de la guerra siguen vivos en el terreno político.

SEMANA: Hay quienes dicen que hacer memoria sobre el conflicto puede profundizar heridas…

G.S.G.: Sí, ese argumento lo usan actores que le tienen miedo a la memoria y que por eso prefieren el olvido. Lo que está demostrado en el caso colombiano es que apostarle al olvido se volvió perverso. Desde el siglo XIX hasta el Frente Nacional se hicieron pactos para olvidar todas las guerras y enfrentamientos. Quienes pactaban eran los actores de la guerra, pero no las víctimas. Ahora que están las víctimas de por medio, lo justo es darles respuesta a ellas y a toda la sociedad acerca de las razones que llevaron a tantos horrores. En el caso colombiano, dar cuenta de esas experiencias vividas por personas de carne y hueso para evitar que se repitan es el sentido de la memoria histórica.

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