violencia

La líder indígena a quien sacaron de un velorio para asesinarla en Nariño

El hecho ocurrió en zona rural del municipio de Barbacoas. Ana Lucía Bisbicús había denunciado amenazas en su contra. En mayo pasado asesinaron a uno de sus hijos.


Ana Lucía Bisbicús tenía 50 años, pertenecía al resguardo indígena Awá de Pipalta Palví Yaguapí del municipio de Barbacoas, Pacífico nariñense. Desde hace más de ocho meses había alertado sobre amenazas en contra de ella y su familia. La querían matar por ser la voz de los menos favorecidos en ese territorio y por rechazar la presencia –cada vez más fuerte– de los grupos armados. Su voz no tuvo el eco suficiente entre las autoridades y el sábado en la noche la mataron.

No fue una muerte cualquiera para los awá. Fue un asesinato con mucho dolor y dramatismo: Ana estaba en un velorio, cuando hombres armados la sacaron a la fuerza. La arrastraron del pelo lentamente ante la mirada impávida de los asistentes, la llevaron detrás de la iglesia, la hicieron arrodillar y le dispararon a quemarropa. La mataron en su territorio, pese a las advertencias que ella había hecho.

Ana había recibido de los indígenas awá la vocería desde hace algunos años. Ella hablaba fuerte y sin titubeos para denunciar la presencia de actores armados y enfrentamientos en sus territorios. Su lucha ya le había costado la muerte de su hijo, Deiro Alexánder Pérez Bisbicús, el pasado 6 de mayo. Ese asesinato no la amilanó, al contrario, le dio mucha más fuerza para nunca quedarse callada ante la violencia.

En un comunicado, la Unidad Indígena del Pueblo Awá, Unipa, especificó que el asesinato de Ana ocurrió muy cerca del predio Los Telembíes, donde reposan varias familias indígenas desplazadas por la violencia. Ana acompañaba el proceso de organización de esa comunidad golpeada nuevamente por la disputa entre disidencias de las FARC y grandes bandas dedicadas al narcotráfico, como Los Contadores.

“Para nuestro pueblo awá, las mujeres son el pilar fundamental de la cultura, dadoras de vida, sabedoras de nuestras tradiciones; transmiten nuestro idioma awapit, forjan el proceso organizativo de las comunidades y han asumido la crianza de los niños huérfanos por el conflicto armado. Por eso, el asesinato de Ana Lucía nos demuestra que los grupos armados ilegales encontraron la forma donde más dolor nos pueden causar, atacar el corazón, por cuanto las mujeres son quienes nos unen y son la vida misma de las familias awá”, subraya la Unipa.

El resguardo Pipalta Palvi Yanguapi –donde fue asesinada Ana– forma parte del proceso organizativo de la zona del triángulo de Telembí –una subregión sobre el río Telembí que agrupa a los municipios Barbacoas, Magüí Payán y Roberto Payán– donde confluyen seis resguardos indígenas awá. Esta zona tiene un paso rural que conecta con Tumaco, El Charco y Mosquera (Nariño), y ha sido escenario de disputas entre las disidencias Oliver Sinisterra, las Guerrillas Unidas del Pacífico, así como las bandas La FOU y Los Contadores.

Todos se pelean ese paso para sacar la droga cultivada en zona rural hacia a aguas del Pacífico. Además, por la complejidad del terreno boscoso, se convierte en una autopista ilegal de difícil acceso para las autoridades. “Esta guerra se ensaña y profana nuestro territorio, intentando acabar lo que venimos construyendo. Varias familias ya han salido desplazadas, huyendo de los enfrentamientos; otras familias no lograron huir y debieron quedarse confinadas por las amenazas de los actores armados”, agrega la Unipa.

La muerte de Ana dejó a las comunidades awá de ese territorio con miedo y dolor. Piden una intervención urgente del Gobierno nacional para detener la matanza contra su pueblo, teniendo en cuenta que en un enfrentamiento la semana pasada dejó dos indígenas muertos y tres más desaparecidos en límites con Tumaco. “Estamos expuestos y vulnerables al actuar de los grupos armados que cada día se incrementan en nuestro territorio”, dicen.