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Paro nacional | El desgarrador relato de una patrullera que fue abusada sexualmente por vándalos en un CAI

Una policía denuncia haber sido víctima de este delito por parte de varios vándalos que ingresaron a un CAI de Cali, en el segundo día de protestas. SEMANA conoció en exclusiva su testimonio.


SEMANA tuvo acceso al desgarrador testimonio que hace una patrullera de la Policía, en el que denuncia, ante la Fiscalía General de la Nación, cómo fue abusada sexualmente al interior de un CAI vandalizado en Cali, durante las violentas protestas registradas en las últimas semanas. Ella, quien asegura haber recibido amenazas por lo sucedido, prefiere proteger su identidad: quienes estarían detrás de los hechos son civiles que llegaron a vandalizar las instalaciones.

El jueves 29 de abril, el segundo día del paro nacional, llegó a trabajar a las 2:00 de la madrugada. Su misión era prestar seguridad en los barrios del oriente de Cali, exactamente en el sector conocido como Puerto Rellena o Puerto Resistencia. Había cumplido con 8 horas de trabajo, cuando la jornada de protesta se convirtió en violencia. Calcula que, sobre las 10:00 de la mañana, empezaron a volar palos, rocas y botellas cerca de su rostro. Era el resultado de una multitud enardecida. El humo de las llantas y las vallas que ardían en llamas dificultaba tener una visión clara.

Estaba sin armas, su única defensa eran un casco y un escudo, así que el Esmad de la Policía intervino. Los gases lacrimógenos hicieron efecto, incluso en ella: respirar era un reto, su cuerpo empezó a recibir los golpes de los objetos lanzados, lo que la obligó a retroceder y resguardarse en el CAI Villa del Sur, donde le prestaron los primeros auxilios.

Desde adentró vio cómo decenas de personas intentaban tomarse el CAI. “La gente con rencor en sus ojos golpeaba el CAI con piedras, lo incineraban”, cuenta con angustia la agente a SEMANA. Era la única mujer, adentro, donde también estaban otros dos patrulleros hombres y cinco detenidos. Al Esmad se le había acabado la munición, mientras la ira de la muchedumbre aumentaba. “En cuestión de segundos los manifestantes ingresaron, rompieron vidrios, forzaron la puerta, abrieron y preguntaban por las llaves de las esposas para liberar a los capturados”, dice la patrullera que además confesó que no sabía qué responderles.

Recuerda que varios encapuchados la tomaron a la fuerza y que “hablaban de un canje: me decían que hasta que les diera las llaves me dejaban ir. Mis compañeros trataban de tener el control, pero ellos eran más, golpearon a uno de los que me estaba protegiendo. Del susto me puse a llorar”, cuenta la uniformada con la certeza de que ese es solo el inicio del peor día de su vida.

Relata que la arrastraron hasta la puerta del CAI. “Yo rogaba por mi vida. Me sostenía de todo lado. Me sostuve del marco de la puerta, pero fue inútil. Eran muchos”, dice mientras aprieta sus manos y trata de contener las lágrimas que se deslizan por su mejilla al recordar lo que califica como un infierno. “Sin piedad empezaron a golpearme e insultarme”. Describe cómo empezaron a desvestirla mientras impotente trataba de defenderse y que “uno de ellos se me sube encima, me despoja mi guerrera (la chaqueta del uniforme). Esa persona que estaba encima mío empezó a tocarme todo el cuerpo, a besarme. Tocaba mis partes íntimas mientras me seguía golpeando”, ahí la fuerza se desvanece, y su llanto se desborda mientras cuenta lo que vivió.

Cuenta que mientras unos la ultrajaban sexualmente, otros se complacían atándola de pies, manos y golpeándola. El miedo se convirtió en terror cuando escuchó que el hombre que estaba sobre ella cogió el bolillo de la uniformada y dio la siguiente orden: “Dijo que me lo metieran. En ese momento se me pasó por la cabeza que por cuestiones de tiempo no pude hablar con mi mamá, decirle cuanto la amaba”, asegura que pese a todo seguía en pie, pero rogándoles que les respetaran la vida, así se llevaran lo que quisieran.

Después de varios minutos de agresiones, al pensar que podía morir y en medio del forcejeo logró escaparse y fue en ese momento en el que se subió a un vehículo que pasaba por la zona y la socorrió para llevarla a un centro médico. “La persona sin pensarlo abrió la puerta y dijo súbase. Al subirme seguían lanzándole piedras. Le agradezco mucho, por él estoy con vida. Fueron los minutos más amargos”, dijo a SEMANA, y que pese a todo lo que ha tenido que pasar, se siente orgullosa de ser policía. Convencida que hace una labor social importante ayudando a la comunidad.

Esta patrullera es una de las 23.000 mujeres que forman parte de la Policía y que a diario se enfrentan al rechazo de una sociedad polarizada. En lo corrido del paro, 55 uniformadas han sido víctimas de violencia en medio de las manifestaciones. La patrullera víctima del abuso sexual está recibiendo acompañamiento del Departamento de Sanidad de la institución y recibe atención médica y psicológica.