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| 10/26/2019 2:18:00 AM

Los azotes de la Sierra Nevada

El cambio climático tiene en jaque a la montaña nevada litoral más alta del planeta. Si las especies de sus ecosistemas no se adaptan, van a desaparecer. Pero también la aquejan el fuego, la deforestación, la explotación de materiales de construcción y el desacuerdo entre quienes la gobiernan.

Sierra Nevada de Santa Marta amenazada por cambio climático, deforestación y mal gobierno Los azotes de la Sierra Nevada Foto: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA - semana
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1. Adaptarse o morir

Para Santiago Giraldo, director de Prosierra, el mayor riesgo que enfrenta la Sierra es el cambio climático: las partes bajas están cada vez más calientes. Eso implica que el bosque seco tropical suba hacia las franjas de bosque montano, cambiando los ecosistemas. “Al subir la temperatura, el área cafetera, ubicada a unos 600 metros de altura, se vuelve más propensa a la broca y la roya. Si esto sigue, los campesinos e indígenas no tendrán qué comer”. ¿Y el agua? Hoy, los periodos secos son cada vez más largos y calientes.

Los húmedos y lluviosos, escasos y cortos. La mayoría de las 34 cuencas dependen de la lluvia. La franja de páramo, que produce la mayor cantidad de agua, se desplaza hacia el glaciar lo que a la postre significaría perderla. En cuanto a la fauna, hay esperanza por su capacidad de adaptación. El puma ya está aumentando su rango de cacería al igual que el jaguar. El problema es que pueden quedar a merced de los cazadores.

2. Baja la motosierra

Según el Ideam, sus cinco subzonas (selva húmeda, selva andina, bosque seco, páramo y nieve), que cubren terrenos de Magdalena, La Guajira y Cesar, han perdido más de 3.600 hectáreas en los últimos cuatro años: un mordisco superior al tamaño del departamento del Atlántico. Lo bueno es que disminuyó la velocidad de tala: en 2016 la Sierra perdió 1.343 hectáreas y el año pasado la cifra no alcanzó más de 500 hectáreas.

En la Sierra tumban y queman bosque para ocupación ilegal o para preparar los terrenos de siembra de coca, cultivos como café y cacao o pequeña ganadería. “También hay algunas actividades extractivas de materiales de construcción y una creciente extracción de madera con fines comerciales”, indicó la entidad.

Declarada en 2003 como un ecosistema irremplazable.

La presencia de grupos armados ilegales, que últimamente están retomando el control de las economías ilícitas, constituye una nueva causa de deforestación según el Ideam.

3. Fuego en el bosque seco

Colombia contaba con más de 9.000.000 de hectáreas de bosque seco tropical. Cerca de 2.600 especies de plantas conformaban este ecosistema en el país. Por la agricultura, la ganadería, la minería, el desarrollo urbano y el turismo hoy no sobreviven más de 720.000 hectáreas. Más de la mitad están en la región Caribe, en zonas de Cesar y La Guajira que hacen parte de la Sierra.

El fuego es el principal enemigo del bosque seco. Una pequeña llama, ayudada por el viento, en pocos minutos se convierte en un voraz incendio. La Sierra lo padeció a finales de febrero de este año, cuando más de 1.000 hectáreas de vegetación nativa quedaron convertidas en un cenicero.

Pero las quemas en la Sierra no son un fenómeno nuevo. Todos los años, entre enero y abril, sus bosques arden por cuenta de la tala de relictos de bosque que luego queman en medio de la temporada de sequía. Así preparan la tierra y cultivan, una actividad que termina saliéndose de control por los fuertes vientos de la época.

4. Picos derretidos

En 1850, la Sierra contaba con 82,6 kilómetros cuadrados de glaciar, una mancha de hielo que para 1939 tenía 21,4 kilómetros y que en 2017 llegó a su punto mínimo: 6,5 kilómetros cuadrados. En resumidas cuentas, 92 por ciento del blanco de la montaña desapareció en 197 años.

Aunque la mayoría de los centros poblados utilizan ríos pequeños que nacen en las partes bajas de la montaña, o mayores, en las áreas de páramo, no hay estudios que evidencien una proporción verdadera de aportes hídricos del glaciar a esas fuentes de agua. Sin embargo una foto de la Fuerza Aérea, de enero de 2017, reveló que los glaciares del pico La Reina, con 0,8 kilómetros cuadrados, alimentan la cuenca del Guatapurí, uno de los 30 ríos principales de la Sierra.

La Sierra no es una masa continua glaciar. Está conformada por alrededor de 38 masas de hielo independientes de diferente tamaño y relativamente aisladas unas de otras. Esto la hace más vulnerable al derretimiento.

5. Choque de trenes

En la gobernabilidad de la Sierra participan 21 alcaldes, tres gobernadores (Magdalena, Cesar y La Guajira), tres corporaciones autónomas regionales (Corpamag, Corpocesar y Corpoguajira), además de Parques Nacionales porque existen dos áreas protegidas y nueve resguardos indígenas.

“La descoordinación institucional es complicada. Muchas organizaciones hemos tratado de mediar o llegar a un punto de acuerdo entre las entidades, pero ha sido imposible. Los intereses y agendas políticas de cada grupos e institución divergen. Siempre van a presentarse conflictos, pero hay que llegar a ciertos acuerdos. Hasta en los mismos pueblos indígenas hay discordias internas”, dice Prosierra. Históricamente, esa descoordinación entre las instituciones ha sido el mayor riesgo. Estar considerado como un solo territorio, independiente de los límites departamentales, es algo que solo se dio en el siglo XIX, cuando fue llamada Territorio Sierra Nevada del Motilón y era una sola unidad geográfica y político administrativa.

6. Cultivos de poco impacto

Cerca de medio millón de personas habitan en la Sierra, entre 60.000 indígenas de los grupos (arhuacos o ikas, wiwas, koguis y kankuamos) y cerca de 400.000 campesinos. En una época, cultivaban coca que, en 2004, alcanzó un tope de 1.200 hectáreas. Hoy, el territorio está libre de la hoja. Los habitantes de la Sierra ahora viven de sembrar café, cacao y maíz. Cultivos que, pese a talar y quemar bosques para las parcelas, no representan un riesgo para la sostenibilidad de la zona según Prosierra.

Tras el posconflicto avanzó la frontera agrícola. “Hay que entender que es un espacio habitado desde el año 200 después de Cristo y no un territorio vacío. Sí hay una área donde ha avanzado la frontera agrícola, pero también otras donde el bosque es conservado. Por el lado norte, ya hay un cinturón cafetero bien desarrollado. La palma de aceite ronda algunas áreas, en especial en la zona bananera del Magdalena. Pero en las laderas no hay ningún tipo de cultivo agroindustrial. Así que no la veo como una amenaza”, anota Giraldo.

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