El mundo del fútbol esperaba que Neymar terminara el Mundial de Rusia consagrado como el sucesor de Messi y de Cristiano Ronaldo, que se llevara los aplausos, las ovaciones, pero terminó robandose las carcajadas. Y todo por un rasgo de su juego que ha opacado desde que era un juvenil su incuestionable talento: la facilidad para caerse al suelo, la exageración, las exigencias desacertadas a los árbitros.
Los espectadores esperaban encontrar en Neymar a la encarnación de los cracks que en el pasado han conducida a Brasil a la gloria futbolera en las citas orbitales, que siguiera la senda de Pelé o Ronaldo Nazario, por mencionar a dos que, como las joyas de generaciones doradas de futbolistas, lideraron a la canhariña.
Y había mucho para pensar que así sería. Ya en Brasil 2014, en el Mundial que jugó de local, Neymar lució como el alma de una selección que jugaba un poco, pero que empujaba más. Un equipo aceptable hasta que se chocó con una Alemania iluminada que lo humilló. Pero a los brasileños les quedó una espinita: Neymar no jugó ese partido, pues Camilo Zuñiga, el lateral colombiano, lo lesionó en el juego previo.
Luego vino el primer encuentro con la gloria en el fútbol de selecciones. A Brasil se le escaparon las copas América de 2015 y 2016, pero ese año, en los Juegos Olímpicos de Río, de nuevo de locales, ganaron el único título futbolero que les había sido esquivo: la medalla de oro. Neymar, con 4 goles y 4 asistencias, fue el artífice del triunfo. Luego, con una Eliminatoria impecable para llegar a Rusia, en la que solo perdieron uno de los 18 partidos, se vistieron de favoritos. Era el momento de la consagración para el 10.
Pero su momento de brillar empezó a opacarse a mediados de 2017. Entonces, el crack decidió abandonar Barcelona, donde era uno más en el equipo de Messi, para ser el único del PSG, que le apostó a la contratación más cara en la historia del fútbol para lograr la gloria continental en la Champions League. Pero nada de eso funcionó.
A finales de febrero, en un partido contra el Marsella, sufrió una lesión en el quinto metatarsiano y no pudo jugar el partido que, una semana después, lo enfrentaba al Real Madrid. Los franceses perdieron y Neymar se quedó sin chances de seguir jugando la Champions, y casi sin motivación para jugar en absoluto hasta que comenzara el Mundial.
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El crack se concentró en su recuperación para estar en la Selección y en su club, que pagó 222 millones por un jugador que no pisó la cancha por meses. Hubo suspicacias sobre la verdadera gravedad de la dolencia, se creía que el 10 y el cuerpo médico de la Selección de Brasil exageraban.
Así llegó a Rusia. Y cuando se esperaba que luciera por su talento para el fútbol, lo hizo más por vocación por el drama. La Selección brasileña pasó la primera ronda con tranquilidad, ganando 2 partidos y emptando 1, pero en un grupo fácil. Neymar no sobresalió más que sus compañeros, en un equipo con varias estrellas, como Coutinho.
Pero el quiebre llegó en el partido por octavos de final contra México. La gota que rebosó el vaso cayó al minuto 70. Los sudamericanos ganaban 1 a 0 y un balón salió del campo, donde también cayó Neymar. Layún se acercó a recoger la pelota y pisó suavemente el tobillo de Neymar, quien se revolcó durante un minuto en el suelo, tapándose la cara como si sufriera un dolor supremo.
Las cámaras lo delataron: el contacto existió, pero fue leve para una reacción exagerada. Entonces llovieron los memes, en lo que ponían a Neymar a rodar por acantilados, hasta el infinito, hasta el espacio. Se convirtió en tendencia, en la burla de medio mundo. Al final del partido, el técnico colombiano del Tri, Juan Carlos Osorio, calificó su actitud como una vergüenza para el fútbol.
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Neymar reaccionó a las críticas y en el partido contra Bélgica, en cuartos de final, fue otro. Lo tumbaban y se paraba al instante, luchó y poco salva a su equipo de la eliminación en la última jugada del partido. Pese a su aceptable actuación en un nuevo fracaso mundialista, el daño a su imagen ya estaba hecho.
Los más creativos en internet incluso crearon una tipografía con las poses de Neymar en cada una de sus actuaciones, con las que armaron las letras del alfabeto. En Brasil, un bar se inventó una promoción en la que ofrecía tragos gratis cada vez que el jugador caía al suelo. Y una tienda, para anunciar sus ofertas, dijo que sus precios "neymarán".
También le llovieron críticas, incluso en su país. Ronaldo Nazario, el último crack que condujo a la canarinha a conquistar un Mundial, el de 2002, se lanzó contra él. “Tiene que aprender y aumentar su control emocional durante los partidos. Comete faltas y arriesga mucho buscando las amarillas. Tiene que saber usar mejor la maldad dentro del campo”, dijo en una entrevista con un medio de su país.
Neymar se fue de Rusia con 2 goles y 2 asistencias en 5 partidos, y con el vergonzoso registro de haber pasado 14 minutos tirado en el suelo. Eso sí, apenas tiene 26 años y tendrá una chance más de jugar un Mundial, el de Qatar, en plenitud de condiciones. Y de borrar esa mancha en su juego, para reemplazarla por los destellos de una calidad técnica que, pese a todo, lo tiene entre los mejores del mundo.
