OPINIÓN

Mauricio Botero Caicedo

Cepeda y la inquietante idealización del Estado

“Cuando definen la propiedad como función social, la confiscación se avecina; cuando definen el trabajo como función social, la esclavitud se acerca”: Nicolás Gómez Dávila.
29 de abril de 2026 a las 12:37 p. m.

En una de sus fábulas más conocidas, el griego Esopo (escrito replicado en elegante diálogo por el francés La Fontaine) narra cómo un lobo hambriento y flaco encuentra a un perro fornido y lustroso que le explica que ha encontrado un lugar excepcional donde come regularmente y duerme caliente, y le dice al lobo que él también podría disfrutar de ello. El lobo acepta acompañarlo y en el camino observa que en el cuello del perro hay una peladura e indaga el porqué: “Es donde me roza el collar”, le contesta el perro. El lobo rechaza la propuesta al ver que el collar del perro significa vivir encadenado y se interna otra vez en el bosque.

Si algún compromiso en firme con sus potenciales electores tiene el candidato de la extrema izquierda, el marxista Iván Cepeda, es ampliar el papel del Estado en prácticamente todos los aspectos de la economía, principalmente en el campo agrario, industrial y financiero. Para Cepeda no pareciera haber nada que el Estado no pueda reparar, mejorar o hacer mejor que las personas libres dentro del sector privado; y nunca ha escondido su objetivo que el Estado sea omnipresente en la vida económica de los colombianos. En su estupendo libro, Diálogo de conversos, el exministro chileno Roberto Ampuero relata: “La izquierda proyecta hoy el Estado como un instrumen­to empático, eficiente, sensible, consciente, sabio, apolítico, inspirado en causas superiores, atento a los problemas de la ciudadanía, y con capacidad para solucionarlos todos. Se trata de una idealización curiosa al mismo tiempo, pues el mar­xismo y el neomarxismo sostienen que el Estado es una ar­ticulación del poder dominante. Es decir que, siguiendo la lógica de la izquierda, cultivar la idealización del Estado solo tiene sentido si se cambia radicalmente el carácter «burgués» del Estado mediante una revolución o un radical proceso gramsciano. Hoy pocos en la izquierda se preguntan quiénes conforman el Estado y de dónde emana su supuesta sabiduría…Hay una idealización inquietante del Estado. Y la conclusión de la historia mundial es contundente y evidente: el Estado no se caracteriza por ser un administrador eficiente, porque donde todos son dueños de todo, sabemos que en la práctica nadie es dueño de nada”.

La moraleja de Esopo y La Fontaine sobre el perro y el lobo advierte sobre la tentación de poner en juego la libertad a cambio de las prebendas y canonjías estatales sin darse cuenta de que, una vez puesto el collar, el Estado lo va ajustando con suavidad para que muchos olviden que alguna vez corrieron sin él. Los que depositan su devenir en la tutela del Estado omnipresente e omnipotente que Cepeda sueña, lo que en realidad están aceptando es un collar que terminará encadenándolos y rara vez se lo van a quitar. Es una profunda verdad que cuando el Estado concentra suficiente poder para proveerlo todo, también tiene el poder para quitártelo todo, empezando por tu libertad.

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Apostilla: Ni una palabra del candidato Cepeda ha salido condenando los flagrantes actos de corrupción en este gobierno, fuera de una babosa petición que se investiguen. Uno se pregunta, como lo hace el columnista Mauricio Linares, si el miedo que embarga a Cepeda ¿se debe al temor de perder el apoyo del “Iluminado”, o a pusilánime complicidad?