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Opinión

  • | 2007/03/24 00:00

    Chiquita pero matona

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El título es de Juan Carlos Pastrana y encaja de manera genial con los hechos. Chiquita Brands International tuvo en Banadex, su compañía en Colombia, el negocio más rentable de toda su operación mundial. A través de Banadex, fue el segundo productor de banano del país. Sin embargo, en marzo de 2004, cuando a lo largo y ancho del territorio nacional mejoraba la situación de seguridad y la inversión extranjera empezaba a entrar a borbotones, Chiquita vendió su subsidiaria. Nadie se explicó entonces la razón de esa venta, contraria a toda racionalidad económica. Esta semana supimos los motivos.

Hasta febrero de 2004 y desde 1997, Chiquita pagó millonarias sumas de dinero a las AUC. Lo hizo incluso después de que en 2003 el Departamento de Justicia de Estados Unidos le dijera que, fuera de toda duda, esos pagos eran ilegales. Hay que advertir que no era una decisión local. Desde 2000, los más altos ejecutivos de Chiquita revisaban y aprobaban los pagos a las AUC. Antes, Banadex también había entregado dinero a las Farc y al ELN.

Es verdad que muchos colombianos se han visto obligados a pagar extorsiones a los grupos armados ilegales y muy seguramente algunos todavía lo harán en ciertas zonas del territorio nacional. El Estado, a pesar de los avances de este lustro, sigue siendo débil e insuficiente y algunos ceden frente a la amenaza.

Pero Chiquita no es cualquiera. Es una multinacional poderosísima y muy rica que controla la cuarta parte de la producción mundial de la fruta. Tuvo todos los recursos posibles en sus manos para proteger legalmente sus operaciones y pudo haber firmado un convenio especial con el Ministerio de Defensa, como lo ha hecho la mayoría de las compañías del sector minero energético, por ejemplo. Por avaricia, prefirió no incurrir en tales costos. Hasta que el asunto le reventó en la cara.

La distancia que hay entre pagar extorsiones y financiar el terrorismo es la misma que hay entre la víctima y el victimario. El camino de un punto a otro lo recorrió Chiquita, sin reato alguno de conciencia. Como lo dijera el fiscal Jeffrey Taylor, quien manejó el caso en Estados Unidos contra la multinacional, "financiar a una organización terrorista no se debe tratar como el costo para hacer negocios".

Que la multa impuesta por la justicia norteamericana a Chiquita sea irrisoria, no debería ser excusa para que no nos avergüence el hecho de que hayan sido los gringos quienes primero hayan sancionado a una compañía por estas prácticas criminales.

Como sea, a los responsables de estos delitos se les debe juzgar y condenar. Colombia ha extraditado más de 500 colombianos a Estados Unidos. Lo ha hecho, además, apoyado sólo en el Código de Procedimiento Penal, porque en su momento una Corte Suprema amedrentada por el cartel de Medellín se inventó cualquier pretexto necio para decir que el tratado de extradición firmado en 1979 no era aplicable. Pero el tratado sigue vigente y Colombia debe usarlo para solicitar la extradición de los ejecutivos de Chiquita responsables de abonar la violencia y sembrar de sangre nuestro territorio. Presentadas las solicitudes, Estados Unidos estará en la obligación de enviarnos, sin dilaciones ni excusas, a estos empresarios del terror. No hacerlo podría en peligro la confianza y la cooperación judicial y policial entre los dos países.

Aunque pudiera pensarse que la decisión judicial contra Chiquita facilita las solicitudes de extradición, el asunto no será fácil. En la lista de responsables podría estar Cyrus F. Freidheim, quien fuera presidente de Chiquita entre 2002 y 2004 y quien es el actual jefe del grupo Sun Times Media, dueño de un centenar de diarios y revistas en Estados Unidos. De ahí seguramente se disparará contra el proceso. Aunque escondidos, en ese propósito coadyuvarán los ejecutivos de otras empresas norteamericanos que hayan incurrido en delitos semejantes. El riesgo de la extradición les hace entrar en pánico. Con todo, no hay que cejar en el empeño de traer a los ejecutivos de Chiquita y juzgarlos aquí.


Puntilla: ¿A quién se refiere 'Rasguño' cuando dice que "guerrilleros que hoy quieren ser políticos" quieren matarlo porque no les conviene su salida a Estados Unidos?
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