Una de las grandes apuestas del Gobierno de Abelardo De La Espriella, liderada por el ministro de Comercio, Mauricio Gómez Amín, es la Ley de Competitividad. Puede sonar como una más, pero es una hoja de ruta clara que propone el nuevo Gobierno para hacerle la vida más fácil a los colombianos y ayudar a las mipymes a crecer.
Podríamos resumirlo en eliminar trámites para el que quiere montar un negocio, que esa persona no tenga que entregar el mismo papel hasta tres veces en diferentes entidades, cosa que pasa todo el tiempo; reducir cargas innecesarias; y que la lentitud y los errores burocráticos del Estado no frenen ni demoren la apertura de un negocio. Como lo dice el ministro Gómez Amín, “el Estado debe ser un aliado y no un obstáculo”, y los colombianos hemos sentido por años al Estado como un palo en la rueda.
El Banco Mundial tiene medida a Colombia y dice que crear una empresa en nuestro país toma alrededor de 11 días, y eso que hemos mejorado: en 2003 demoraba 44. Pero si nos comparamos con países más desarrollados, todavía estamos lejos de alcanzarlos.
Por ejemplo, en Nueva Zelanda un solo día es suficiente para constituir una empresa; en Estonia el trámite es por computador y no es necesario pisar una oficina; y en Singapur toma entre uno y tres días. Por eso, esta apuesta del Ministro de Comercio es un gran acierto porque nos acerca a los estándares de desarrollo internacional e inicia el camino para que Colombia sea reconocida por su libertad económica.
Y ojo, no es que en estos países no exista Estado. Nueva Zelanda protege la propiedad, tiene instituciones sólidas y cobra impuestos, pero entendió que hay que ser competitivos; por eso está ubicada en el tercer puesto del ranking de competitividad fiscal y no tiene a un funcionario comiendo empanada diciendo que no se puede continuar con el trámite porque falta un certificado que ya se entregó en otra entidad pública o pidiendo la famosa cédula al 150 %.
Esto es justo lo que propone el Gobierno y lo dice Gómez Amín: “El principio de una sola vez” suena técnico, pero en términos sencillos significa que, si el Estado ya tiene tu documentación, no debería ser necesario volverla a pedir; que haya interoperabilidad e integración de datos entre entidades públicas, que se hablen entre ellas internamente para facilitarle la vida al ciudadano.
Esto no es un detalle administrativo menor, es defender la libre empresa. Cada jornada que un colombiano pierde en la burocracia representa un día sin ventas, sin generación de empleo y sin producción real. Cuando multiplicamos este freno individual por el total de empresas que se crean al año, el golpe para el país es sumamente duro.
En 2025 se crearon cerca de 350.000 empresas y se cerraron 176.876, lo que nos deja un balance de 173.124 nuevos negocios netos. Eso significa que un solo día de retraso en los trámites equivale a 173.124 días perdidos de ventas y generación de empleo. Si decimos que todas eran microempresas (lo cual no es así) con una venta promedio de $ 130.000 pesos diarios, la ineficiencia burocrática se traduce en una pérdida de $ 22.506 millones de pesos al día.
Absurdo, realmente es mucho más.
Como siempre, la izquierda dice que hace falta más Estado, es decir, un nuevo funcionario comiendo empanada en otra ventanilla, a veces viendo TikTok, para poder “agilizar” los procesos. Pero la realidad es que la evidencia dice totalmente lo contrario: los países que le facilitan la vida al que produce y no le regalan plata al que espera sentado el subsidio terminan con más riqueza traducida en empleos formales.
Si le pones menos trabas al que quiere trabajar, trabaja más; es sentido común. Pero si le pones palos en la rueda al que quiere aprender a montar en bicicleta, seguramente no aprenda o se demore 10 veces más.
Somos un país que tiene con qué competir: gente trabajadora que se las rebusca, que arma negocios y, como dicen por ahí, “vende hasta un hueco”. Pero nos ha faltado por años que el Estado se quite del medio y deje que esa energía se traduzca en competitividad y producción formal, con más y mejor empleo, para cambiar el chip del rebusque informal, porque el trámite de formalizarse es un dolor de cabeza.
Confío en que el Congreso entenderá esta gran iniciativa del ministro de Comercio para desamarrarle las manos al que produce y eliminar tanta burocracia, y así hacer que Colombia sea más competitiva internamente y más atractiva en el mundo para atraer inversión extranjera.
