Miren ustedes las curiosidades de la vida. Hasta hace un siglo, Colombia era conocida porque, entre sus líderes, además de las discusiones propias de la conducción del país, había acalorados debates sobre gramática. Claro, para ese tiempo nuestro país se daba el lujo de contar con algunos de los más grandes cultores de la lengua española: Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro encabezaban la lista, a la que se unían hombres de letras como Guillermo Valencia, José Manuel Marroquín y hasta el propio Rafael Núñez, por no mencionar a otros.
Pongo este dato porque en los últimos días un sector del petrismo ha promovido en el país un álgido debate sobre el uso del lenguaje. Fieles cultores de la neolengua, han salido con los taches arriba contra la nueva directora del ICBF, Carolina Restrepo Cañavera, porque impartió una directriz para que se usara la palabra “niñez” al referirse al conjunto de la población menor de edad.
“¡Qué aberración, qué esperpento!”, es lo mínimo que los fieles seguidores del expresidente Gustavo Petro dicen ante tamaña tropelía: dejar de usar el largo “niños, niñas y adolescentes” para referirse a todo aquel que no haya cumplido 18 años. Y es que, según ellos, prescindir de la palabra “niñas” supone invisibilizar a las integrantes —o “miembras”, según se quiera— femeninas de esa población.
Y ojo, no les basta con que la directora use el vocablo “niñez” para referirse al conjunto de niños, niñas y adolescentes. Como buenos cultores del idioma que resultaron ser, rápidamente sacaron el diccionario de la Real Academia Española (RAE) para advertir que ese término corresponde al “periodo de la vida humana, que se extiende desde el nacimiento a la pubertad”. Quién lo creyera. Resultaron bien castizos.
A tan altos niveles ha escalado la importantísima polémica que ya en redes la postulan como “el escándalo del ICBF”. Vaya escándalo. Resultó de tales proporciones que consiguió opacar datos tan aberrantes como que en 2025 se presentaron 410 casos de reclutamiento, según la Defensoría del Pueblo. O que, en 2023, según Medicina Legal, ocurrieron 19.765 casos de delitos sexuales contra menores. O que, según el mismo instituto, ese año hubo 607 homicidios.
Pero qué nos vamos a poner a prestarles atención a semejantes minucias cuando podemos ocuparnos de lo verdaderamente importante y urgente: si decimos niños; niños y niñas; niños, niñas y adolescentes; niños, niñas y niñes; o niñxs. En eso es que hay que gastarse el presupuesto. Para resolver esos problemas es que está la contratación. Que el resto se resuelve solo.
Fíjense lo curioso. Mientras escribía el párrafo anterior, el autocorrector de Word me sugirió reemplazar “niños y niñas” por considerarlo redundante. Debe ser que Bill Gates también conspira con la doctora Restrepo Cañavera para invisibilizar a la mujer. Agentes del heteropatriarcado todos ellos, confabulados seguramente con la RAE, que sostiene que “el masculino gramatical no se usa solo en referencia a los individuos de sexo masculino, sino que también puede designar a todos los individuos de una especie sin distinción de sexo”.
Tocará que aprendan del doctor Petro, quien sí tenía claro cómo se usa el lenguaje inclusivo. Para la posteridad quedaron sus intervenciones desde el atril, de las que conservamos apuntes tan incluyentes como aquel día en que contó que ocupaba el 80 % de su tiempo presidencial resolviendo conflictos entre mujeres; aquel otro en que explicó desde el Senado que “la mujer colombiana actúa de acuerdo con las hormonas”; o cuando calificó a algunas periodistas de “muñecas de la mafia”. Y cómo olvidar el día en que disertó acerca de que “una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro, y si sabe acompasarlo, será una gran mujer”. Un filósofo del feminismo.
Afortunadamente, los miembros del Pacto Histórico también son expertos en lenguaje inclusivo y feminismo. De ahí que muchos se sientan muy cómodos compartiendo tarima y fotografías con el exgobernador petrista Carlos Caicedo, sobre quien recaen graves denuncias por presuntos delitos sexuales contra mujeres y niñas. Mientras no cometa la osadía de usar un término inadecuado, qué importa que lo tengan denunciado por crímenes aberrantes.
Así que ojalá la doctora Carolina Restrepo Cañavera entienda de una vez cuáles son las prioridades. Qué más da que suban o bajen las cifras de restablecimiento de derechos, desnutrición, homicidios, violencia sexual contra menores de edad o las demás funciones misionales del ICBF. Eso para qué. Lo verdaderamente importante —como nos enseñó el distinguido expresidente— es que utilice siempre el lenguaje inclusivo. Que sepa que “niños, niñas y adolescentes” son las palabras mágicas para que nadie la juzgue por la sustancia de su gestión, sino por sus formas.
Así que en manos de ella queda complacer al petrismo. Porque, al final, poco importa que los niños estén bien protegidos. Lo verdaderamente urgente es que estén correctamente denominados.
