Home

Opinión

Artículo

opinión

Federico Gutierrez Columna Semana
Federico Gutierrez. - Foto: Federico Gutierrez Columna Semana

El “enemigo interno” es el mismo Petro

Lo único que queda por concluir, entonces, es que las condiciones para la anunciada recesión ya están dadas y que el Gobierno Petro ha hecho hasta lo imposible para que Colombia sea el más destacado de los países en esa materia.

Por: Federico Gutiérrez

Después de ser la economía de América Latina con mayor crecimiento en 2022 según el Fondo Monetario Internacional (FMI) –gracias a la tendencia de la recuperación pospandemia con la que veníamos–, el mismo FMI estima que en 2023 el crecimiento de Colombia será el más bajo del continente, no superior al 2,2 por ciento, lo que representará una contracción anual de 5,4 puntos porcentuales. El Banco de la República es mucho más pesimista y cree que el crecimiento en 2023 será cercano a 0,7 por ciento.

Desde luego, este resultado está influenciado por la evolución del crecimiento global, que, para 2023, se proyecta que caerá 0,5 puntos porcentuales debido a factores como la guerra en Ucrania, la inflación mundial y las acciones de política monetaria para combatirla. Ante este panorama, que en sí mismo es preocupante, tenemos un Gobierno que en algún momento representó incertidumbre y que hoy, con casi todas sus actuaciones, nos muestra que nos arrastra con certeza hacia el desastre. Colombia es presa de un declive provocado por funcionarios inexpertos, improvisación, ideologías que traen más sufrimiento (está empíricamente probado) y mensajes contrarios a los que toda lógica de política económica recomendaría para enfrentar los factores de riesgo que recaen sobre el país.

Llama la atención, en ese sentido, la aprobación a pupitrazo limpio de la reforma tributaria en primer debate del Congreso, ya que lo aprobado paralizará al sector productivo, aumentará el desempleo y la inflación y, por tanto, reducirá el ingreso de los hogares y el bienestar de las familias. Son muchos los aspectos preocupantes, pero me centraré en los que considero más urgentes.

Primero, la reforma crea una excesiva carga sobre las empresas y se ensaña ideológicamente contra sectores específicos de la economía, como el financiero, petrolero, minero y eléctrico. Al discriminar a unos pocos sectores, va en contra de la equidad horizontal que requiere un sistema tributario moderno y eficiente.

A esto se le suma que con el desestímulo a la explotación minero-energética se reducirán las regalías, el ahorro nacional y la inversión regional, y, con ellas, la creación de empleo e ingreso de los hogares. Las regiones y la población serán las mayores perdedoras con esta reforma. En esa línea, el anuncio hecho por el Gobierno de suspender la exploración de gas en el país no es un tema menor. Si, como pretende el Gobierno, perdemos la autosuficiencia energética y pasamos a depender de su gran aliada, la dictadura de Venezuela, se incrementaría aproximadamente en cinco veces el costo de la factura del servicio de gas para los colombianos.

Retomando el tema empresarial, la eliminación de las exenciones no irá acompañada de la prometida reducción de la tarifa de renta (otra promesa de campaña incumplida). Con esto, como señala la Andi, la tasa efectiva de tributación, ya alta para estándares internacionales, superará el 67 por ciento, por encima del promedio de la Ocde. Así, mientras que en Chile una empresa paga en impuestos 40 pesos de cada 100 pesos que genera, en Colombia la misma empresa tributará 67 por cada 100 pesos. Esto deteriorará aún más nuestra competitividad y será un gran desestímulo a la inversión.

Como si fuera poco, la tormenta perfecta se configura con los llamados del presidente a incumplir la regla fiscal, a suspender contratos de exploración, a controlar capitales y a controvertir las medidas del Banco de la República para contener la inflación, con lo cual la credibilidad de la gestión fiscal del Gobierno ya está muy afectada en los mercados. Que hoy tengamos la tasa de cambio más alta históricamente es clara prueba de ello.

Vale la pena preguntarse a qué se refiere el presidente Petro con el planteamiento sobre el “enemigo interno”. ¿Se refiere al ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, quien ha tenido que actuar como muro de contención ante tantas barbaridades que han anunciado algunos de sus compañeros y compañeras de gabinete? Cómo será de horrible lo que proponen algunos, incluyendo a Petro, que el señor Ocampo se tiene que atravesar para que no se lleven el país por delante demasiado rápido. Tengo que decir, sin embargo, que a pesar del papel que ha jugado hasta ahora el ministro, una persona muy respetada en el ámbito económico, también está siendo cómplice de muchas decisiones económicas que llevarán al país a una situación mucho más compleja de la que tiene ahora.

Lo único que queda por concluir, entonces, es que las condiciones para la anunciada recesión ya están dadas y que el Gobierno Petro ha hecho hasta lo imposible para que Colombia sea el más destacado de los países en esa materia. Todos, sin excepción, vamos a sentir el impacto negativo del “enemigo interno”, que no es otro que el mismo Petro. Y los más vulnerables serán, sin duda, los más afectados.