Imaginen por un momento el GPS que muchos utilizamos a diario. Recuerden también cómo nos movíamos hace más de 20 años: básicamente por intuición y sin mapas alimentados con información en tiempo real.
La tecnología nos permite hoy conocer las mejores rutas, saber dónde están los trancones y hasta programar nuestros viajes. Este sistema puede compararse con la realidad de Bogotá y Cundinamarca como región, y no hablo solo de movilidad; me refiero también a los demás asuntos que nos impactan a los ciudadanos, como los alimentos en nuestra mesa, la tranquilidad al movernos, el aire y el agua que aprovechamos, el acceso a los servicios públicos.
Estas dinámicas que nos unen y que plantean múltiples desafíos exigen atención y soluciones compartidas. Por eso, la Región Metropolitana construye el Plan Estratégico y de Ordenamiento (Planeo), la hoja de ruta que, en esencia, funciona como el GPS regional para orientar un destino común: mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Así como estas plataformas digitales no operan por intuición, el Planeo tampoco se construye con percepciones aisladas. Su base son los datos y la evidencia técnica. Se nutre de la información aportada por los socios (Bogotá, Gobernación de Cundinamarca, Soacha y Fusagasugá), y de estudios especializados como el de huella urbana y el de relaciones funcionales, desarrollado junto con Urbanpro y ONU-Hábitat, en los cuales se incluyen las dinámicas de todos los municipios de la región. Pero, sobre todo, incorpora las voces ciudadanas. Sin información confiable, cualquier territorio corre el riesgo de avanzar en la dirección equivocada.
Es muy importante aclarar algo: esto no se trata de una imposición ni de la pérdida de autonomía territorial. Igual que pasa con un vehículo, cada uno tiene sus llaves y toma sus determinaciones. Por supuesto, se necesitan vías conectadas y en el mejor estado para que todos puedan llegar a sus destinos a tiempo.
En escenarios académicos, comunitarios e, incluso, políticos —como los concejos municipales—, hemos reiterado desde la Región Metropolitana que cada socio conserva plenamente sus competencias y capacidades de decisión; Todos tienen el mismo peso. Aquí nadie se sube al vehículo del otro ni le arrebata el volante. El Planeo es una herramienta para coordinar rutas, evitar choques y avanzar con mayor eficiencia.
Ahora bien, el mapa debe configurarse de la mejor manera posible. Hoy, por ejemplo, el 75 % de los planes de ordenamiento territorial están desactualizados. A muchos nos ha pasado: eso es como transitar por una ruta rural que, aunque no se ve en el GPS, existe y es utilizada por varias personas.
Los desafíos son evidentes. Recientemente, presentamos el estudio de huella urbana mencionado en líneas anteriores —tema central de mi columna anterior en este espacio— que revela un panorama catastrófico en materia de expansión territorial y densidad demográfica. Recordemos que entre 1997 y 2024 Bogotá y 35 municipios vecinos crecieron el equivalente a un área construida de la capital, y la tendencia señala que podría duplicarse nuevamente al 2050, en muchos casos sobre suelos de protección ambiental y bajo una presión cada vez mayor sobre los recursos naturales y los servicios públicos.
Las cifras hablan por sí solas. ¿Sabían, por ejemplo, que las deficiencias en la conectividad vial y en la logística encarecen hasta en un 35 % el transporte de productos agropecuarios desde el campo hacia Bogotá?, ¿o que habitantes de municipios como Soacha o Facatativá gastan más de 100 minutos para llegar a un destino en la capital y que pueden destinar hasta el 25 % del ingreso mensual familiar en transporte?, ¿o que el corredor Sumapaz-Chingaza-Guerrero, que provee agua a más de 10 millones de personas, presenta vulnerabilidad hídrica alta en 9 de 14 de sus subcuencas?
Frente a este panorama, la tarea es urgente y necesaria. El Planeo busca reducir la desarticulación territorial, resolver problemas comunes que nos impactan en lo cotidiano, procurar un mejor mañana y garantizar la existencia de un futuro sostenible.
Retomando la analogía del GPS, este plan estratégico nos permite identificar alertas, anticipar riesgos y reconocer las situaciones relevantes u oportunidades que se pueden desarrollar, solo si actuamos de manera conjunta. El desarrollo regional exige visión compartida y coordinación.
Por eso, esta hoja de ruta —con horizonte inicial de 12 años— evita que transitemos en círculos, nos marca el norte, abre caminos, nos brinda un panorama prospectivo y, como un organismo vivo, permite recalcular la ruta de manera articulada, siempre pensando en las necesidades y expectativas de los ciudadanos, y con base en los datos y la evidencia técnica.
El Planeo, que tras el diagnóstico entrará en su fase de formulación, es un acuerdo entre iguales y su éxito dependerá de un principio fundamental: que todos los actores participen en igualdad de condiciones para proteger y potenciar el territorio.
Agradecemos a alcaldes, diputados, Gobernación de Cundinamarca, Bogotá, académicos, gremios y especialmente a los ciudadanos que contribuyen a construir esta visión colectiva.
Al final, compartir el viaje es la esencia de la Región Metropolitana. Transitamos por una ruta común y diseñada entre todos con el propósito de llegar al destino que queremos: el progreso y el desarrollo regional. Juntos llegamos más lejos.
