Excelente demostración dio la Registraduría Nacional del Estado Civil que entregó el 95% de los resultados tan solo hora y media (a las 5:30 p.m.) dándole tremendo coñazo a un presidente que había sido promotor de un irresponsable discurso de desconfianza hacia todas las instituciones, pero en particular con la descalificación del regente del esquema electoral.
Fallaron estrepitosamente las encuestas. Todas -sin excepción- daban por ganador de la primera vuelta a Iván Cepeda y pronosticaban una definición más ajustada entre los candidatos de la derecha. En ello tuvieron que ver las absurdas definiciones de la nueva Ley de Encuestas que terminó metiéndole mano a un proceso donde las precisiones son sustancialmente importantes.
Fracasó el presidente Petro con su descarada estrategia de intervenir directamente en las elecciones. Quiso transformar las elecciones en un plebiscito alrededor de su nombre quitándole espacio al candidato del Pacto Histórico. El inmenso poder del Estado, los poco velados eventos de gobierno favoreciendo y sugiriendo descaradamente el voto por el candidato de la izquierda no hicieron diferencia, a pesar del innegable crecimiento de la militancia de la izquierda en Colombia.
La izquierda tampoco logró consolidar mayorías sustanciales en la Costa Caribe y no pudo superar ampliamente a los candidatos de la derecha en Bogotá, una plaza tradicional de la izquierda. Esos resultados son demoledores para las posibilidades de Cepeda. La decisión de no acudir a ningún debate le pasó factura a Cepeda porque es necesario un voto informado. Por otro lado, la clase media y las regiones andinas del país votaron masivamente contra la izquierda.
El verdadero referendo se dio entre Paloma y De la Espriella y el veredicto fue absoluto: Los colombianos no quisieron tomar riesgos y decidieron votar por el candidato más seguro. La campaña de Abelardo fue una campaña muy bien llevada e indudablemente la inclusión de José Manuel Restrepo -como fórmula vicepresidencial- hizo una diferencia en esta primera vuelta. Restrepo dio a los colombianos un mensaje de mesura, conocimiento y tranquilidad ajustando el tono populista de derecha que en el inicio expresaba el candidato.
Y queda una tremenda incógnita. ¿Existe el centro en Colombia? Un porcentaje muy alto de los colombianos se ubica en el centro político. En las elecciones quedó reducido a un poco más de un millón de votos con dos candidatos que se desinflaron, al extremo que Claudia López apenas lleg’0 al 1% de la votación. La radicalización del discurso de Cepeda y la intervención del presidente pudo empujar a millones de colombianos hacia la derecha. El legado político de Petro será un país polarizado pero también cargado de anticuerpos contra la izquierda después de su desastrosa gestión de gobierno.
El triunfo de De la Espriella es inobjetable. Sacarle más de medio millón de votos a Cepeda es muy diciente. Y más allá es haber sacado una diferencia de un millón ochocientos mil votos al resultado que sacó Petro en la primera vuelta de 2022. El apoyo de Paloma a de la Espriella genera una proyección que supera el 50% para la segunda vuelta.
Dada su personalidad se puede asumir que no lo hará, pero el presidente debería entender el mensaje que le están enviando los colombianos. Su tweet desconociendo el resultado es de inusitada gravedad porque dado que en las anteriores elecciones la diferencia entre el preconteo y el escrutinio fue del 0,2%. Llevar en estas tres semanas al país a una mayor polarización solamente va a ahondar las heridas entre los colombianos. En el mediano plazo, la confrontación entre compatriotas solamente va a afectar las posibilidades de la alternación en el poder.
