OPINIÓN

Luis Guillermo Giraldo Hurtado

Ironía y revolución

Se expropiaron las tierras, se remataron, fueron compradas por los poderosos y quedaron igual de concentradas en pocos propietarios.
30 de abril de 2026 a las 11:00 a. m.

Por allá, por los años 50, se representaba en Nueva York una comedia en la cual la intérprete descubría ambos senos. Los representantes de la salvaguarda de las íntegras costumbres pidieron que se censurara la escena. Los amigos del arte libre solicitaron que se la permitiera completa. La autoridad competente autorizó que la actriz mostrara solo un seno.

La primera impresión sería la de pensar que se trataba de un heredero del rey Salomón. A mí, más bien, me parece que el idóneo funcionario del caso ejerció correctamente la ironía, en cuanto que su solución contenía una inteligente burla y un mensaje de reproche a tal antagonismo. Así, les concedió un 50 % a la moral y el otro 50 % a la libertad artística.

Si la ironía consiste en afirmar algo para que se entienda lo contrario, ciertas revoluciones están llenas de esto, en cuanto que generaron consecuencias muy diferentes a las que se esperaba de ellas. En este caso, la Revolución Francesa, comenzada un martes 14 de julio de 1789 en París, con la toma de la Bastilla, castillo, o mole o antigua inmensa prisión.

Kafka, extraño ironista, hubiese podido escribir sobre esa prisión así: un constructor va elevando los muros de una cárcel, pero no sabe que a cada piedra que coloca está instalando su propia celda. El intendente Hugues Aubriot, que dirigió esa construcción, tiempo después fue recluido en ella. En 1381 fue liberado por una multitud en la llamada revuelta de los Maillotins. Cuatrocientos años después, ocurriría lo mismo, en el mismo sitio y por otra multitud, durante la Revolución Francesa.

Podría continuar Kafka: un rey va construyendo su camino hacia la guillotina con la ayuda de sus partidarios, así: recluye en la Bastilla a tres personajes, no obstante ser monárquicos de corazón; liberados, estos escribirán sendos libros sobre la lobreguez de la prisión; leídos, y sin buscarlo, ellos la convertirán en el símbolo de la arbitrariedad y la tiranía del monarca; sin quererlo, concitarán el odio popular contra su soberano. Luis XVI y su ejecución.

La multitud se tomó en esa fecha la Bastilla. Un manifestante sacó su cuchillo y le arrancó la cabeza al director de la prisión. La colocaron en una pica y la pasearon por todo París. De este 14 de julio, que se considera el inicio de la Revolución Francesa, Kafka escribiría: un rey, guillotinado después de este episodio, que no sabía nada de ironías, que todavía podía salvar su vida, con un bostezo, al final de la tarde tomó su pluma y escribió en su diario lo que para él significó ese día: “nada”.

La ironía inmensa llegó cuando la multitud ingresó a esa prisión, ese 14 de julio, buscando pólvora y además liberar a las víctimas de la tiranía, encerradas en ese símbolo del despotismo real. Sin embargo, allí solo encontró siete prisioneros. Cuatro estafadores, un noble acusado de incesto y dos locos. Los liberaron a todos. El último de los orates, por la mañana se creía Julio César y por la tarde Dios. Salió otorgándoles el paraíso eterno a sus libertadores. Irónica y grandiosa y productiva jornada.

Pero si bien es cierto que la Revolución Francesa significó un hito en la historia moderna, con la emancipación ideológica, la soberanía popular, el fin de injustos privilegios, se la conoce especialmente por su combativo llamamiento a la igualdad. Se expropiaron las tierras, se remataron, fueron compradas por los poderosos y quedaron igual de concentradas en pocos propietarios. Las mayorías campesinas continuaron en igual o mayor pobreza. Gran ironía: la gran triunfadora de esta revolución popular igualitaria fue la burguesía; también lo fue el capital.

En los tiempos del llamado “Terror”, los revolucionarios ejecutaron a 40.000 personas sin garantías de un juicio legal. Frente a esto, la Bastilla sería casi como un símbolo de piedad. Frederich Schlegel escribió que la ironía es como “la plenitud infinita del caos”. Igual puede predicarse de ciertas revoluciones.