OPINIÓN

Camilo Prieto Valderrama

La energía nuclear es altamente competitiva en el mercado energético mundial

Los datos de la Agencia Internacional de la Energía lo demuestran.
27 de febrero de 2026 a las 11:01 a. m.

Se repite engañosamente que la energía nuclear es inviable porque “es demasiado costosa”. La afirmación suena convincente en un debate apresurado, pero es técnicamente imprecisa. Confunde inversión inicial con costo total de generación. Y en sistemas energéticos complejos, esa confusión conduce a diagnósticos equivocados.

Es cierto que la energía nuclear es intensiva en capital. La mayor parte del gasto ocurre antes de que el primer kilovatio-hora sea producido. La ingeniería, los sistemas de seguridad, la obra civil y el cumplimiento regulatorio exigen inversiones elevadas. Pero intensidad de capital no es sinónimo de mayor costo final. De hecho, la nuclear no es la tecnología con mayores costos iniciales por unidad instalada: proyectos de eólica offshore, particularmente en aguas profundas, pueden requerir inversiones por megavatio superiores a muchas centrales nucleares convencionales, debido a cimentaciones marinas, cables submarinos y complejidades logísticas.

La diferencia fundamental es el horizonte temporal. Una central nuclear está diseñada para operar al menos 60 años, y en muchos casos su vida útil se extiende a 80 años con modernizaciones programadas. Cuando una infraestructura produce electricidad durante ocho décadas, el peso del capital inicial se diluye a lo largo de cientos de miles de horas de operación. Y aquí aparece el indicador clave: el costo nivelado de energía (LCOE). Este parámetro incorpora no solo la inversión inicial, sino también la duración del proyecto, el costo del financiamiento, los gastos operativos, el combustible y, de manera crucial, el factor de planta, es decir, la proporción del tiempo en que la instalación realmente genera electricidad.

La energía nuclear es una tecnología de alta disponibilidad. Esa característica modifica sustancialmente la economía del sistema eléctrico. En Colombia, estudios recientes realizados por la Universidad Javeriana y la Universidad de Antioquia estiman que pequeños reactores modulares podrían generar electricidad en el orden de 77 dólares por megavatio-hora. Con un tipo de cambio cercano a $4.000 por dólar, esto equivale aproximadamente a $308 por kilovatio-hora. Ese valor se traslapa con el del carbón en varios escenarios. Pero a diferencia del carbón, la nuclear no emite dióxido de carbono durante la generación ni produce material particulado que deteriore la calidad del aire urbano.

Estos resultados no son una anomalía local. Los análisis comparativos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) muestran que la energía nuclear puede ser altamente competitiva como fuente firme en sistemas que buscan descarbonizarse sin comprometer confiabilidad, con un valor de LCOE en el orden de 69 dólares por megavatio-hora. La discusión, entonces, no es si la inversión inicial es elevada. Lo es. La pregunta relevante es cuánto cuesta cada unidad de electricidad a lo largo de décadas de operación estable.

En países hidrodependientes y vulnerables a la variabilidad climática, la competitividad no puede medirse únicamente en dólares por megavatio-hora. También debe evaluarse en términos de resiliencia. La energía de los átomos de uranio opera de manera continua, independiente de lluvias o vientos, y aporta estabilidad sistémica. En el sector eléctrico existe una frase sencilla que resume esta realidad: el kilovatio más caro es el que no se tiene.