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Opinión

  • | 2018/06/05 18:00

    Liberalismo 2010 y liberalismo 2018

    En el año 2010, luego de los resultados de la primera vuelta, el Partido liberal, en cabeza de su director, César Gaviria, decidió adherir al candidato uribista, Juan Manuel Santos.

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En el año 2018, luego de los resultados de la primera vuelta, el Partido Liberal, en cabeza de su director, César Gaviria, decidió adherir al candidato uribista, Iván Duque.

La historia se repite y tal como ocurrió en 2010 todos pronostican la muerte del Partido Liberal acusándolo de arriar sus banderas y entregarse al uribismo.

Sin embargo, de cara a lo sucedido durante estos ocho años, cabe preguntarse, ¿fue equivocada o acertada la decisión del liberalismo de acercarse al candidato uribista en2010 para hacer parte de la coalición de gobierno?

No me cabe duda que fue un acierto por parte del liberalismo hacer parte del gobierno de Juan Manuel Santos. Gracias a la presencia de ese partido, el nuevo presidente pudo acoger nuevos temas, como la Ley de victimas, que el mismo Santos había ayudado a hundir cuando era ministro de Uribe. La presencia del liberalismo le otorgó un gran margen de maniobra al nuevo presidente para desplegar una agenda que fuese mucho más allá de la continuidad de la seguridad democrática.

Y lo más importante, la presencia del liberalismo permitió a Juan Manuel Santos iniciar los diálogos de paz en unos términos mucho más pragmáticos y realistas que los propuestos por su antecesor. Recordemos que el propósito de Uribe era dar a las Farc un tratamiento de guerrilla derrotada, lo cual imposibilitó que esa guerrilla iniciara diálogos antes de 2010. Santos pudo avanzar en la negociación y en la firma de un acuerdo de paz porque tuvo el margen de maniobra necesario para distanciarse de Uribe y firmar la paz posible y realista, que es la que se obtuvo en La Habana.

Ahora que la historia se repite se han levantado de nuevo las estridentes voces que acusan al liberalismo de entregarse al candidato de Uribe y anuncia su velación. Lo mismo que en 2010. Pero al igual que en esa fecha, hay que intentar entender la acción del Partido Liberal desde la ética de la responsabilidad sobre la ética de la convicción que describió con maestría Max Weber. Según Weber, vale la pena recordarlo, la ética de la responsabilidad es la propia del mundo política, pues tiene que dar cuenta de las consecuencias de los actos. En este caso el liberalismo tenía tres opciones, la primera apoyar a Petro, opción que fue descartada varias veces durante la campaña, recordemos que el candidato De la Calle buscó alianzas con Fajardo, pero nunca con Petro y por eso descartó participar en la consulta interpartidista con él. Simplemente al liberalismo no le convence ni la propuesta ni el estilo de Petro, y no estaba dispuesto a avalar una candidatura de ese tipo de izquierda.

La opción del voto en blanco tenía todas las desventajas que se han visto en las críticas que ha recibido Humberto de la Calle por tomar esa vía, pero no ofrecía ninguna perspectiva para la clase política liberal que preferían apostar a algún lado, incluso a riesgo de equivocarse.  Así que la tercera opción era apoyar a Duque, como en su momento apoyaron a Santos, porque en política uno no siempre escoge lo que quiere, sino que escoge entre las alternativas que tiene. La intención del liberalismo parece ser darle a Duque un margen de maniobra para que no dependa de Uribe ni esté al servicio del ala más reaccionaria de la derecha.

En el liberalismo conocen a Iván Duque, pues creció y se formó allí, al lado de su padre quien fue ministro y registrador. Muchos en el liberalismo  incluso recuerdan su labor como subsecretario del partido hacia el año 2000 al lado de Eduardo Verano. La trayectoria y convicciones de Duque fueron formadas en el Partido Liberal, y la presencia de ese partido en su gobierno será la oportunidad de que como presidente se reencuentre con ese ideario.

Desde mi punto de vista, lo que pretende el liberalismo, así sea muy impopular decirlo, es evitar que Duque quede atrapado de la agenda más reaccionaria del Centro Democrático garantizándole una coalición lo suficientemente amplia para que desarrolle una agenda propia de gobierno, tal como lo hizo Santos en 2010. Falta ver si al liberalismo de nuevo le vuelve a sonar la flauta en esta apuesta o si queda atrapado como socio minoritario del uribismo.



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