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Opinión

  • | 2019/11/09 02:00

    Los reyes del cinismo

    Esa terrible tragedia, culpa del matón que los alistó, no resta legitimidad a la operación militar que tenía como objetivo a alias Gildardo.

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Nada supera el cinismo descarado de los senadores de las Farc y de su partido. Intolerable que quienes ordenaron fusilar niños por pretender escapar de un infierno criminal; quienes imponían cuotas de reclutamiento sin límites de edad; quienes permitieron violar guerrilleritas y las forzaron a abortar; quienes en lugar de libros les dieron metralletas, granadas, minas antipersona y los enseñaron a matar vengan ahora a hablar de “matanza” y se hagan eco, con impostada congoja, de los sueños frustrados de las niñas muertas. 

Si tanto dolor les causa la tragedia de las pequeñas que cayeron en el bombardeo y se solidarizan con sus familias, ¿por qué no alivian el sufrimiento de doña María Cristina Díaz y le entregan los restos de su hija Liliana? La alistaron en Puerto Venus, Antioquia, y la ajusticiaron con 15 años por intentar fugarse. O que rindan homenaje a la memoria de la admirable Valentina, de 16, que caminó hacia el patíbulo cantando, con la cabeza erguida, condenada porque ansiaba volarse. O a las decenas de víctimas de idéntico destino que la Corporación Rosa Blanca conoce.

Esos parlamentarios no solo carecen de autoridad moral para decir nada, sino que no muestran señal de arrepentimiento ni voluntad de asumir su responsabilidad frente a los miles de infantes que reclutaron. Siguen en su discurso falaz de que solo tenían “13 niños menores, de 15 años”, huérfanos e hijos de guerrilleros, a los que acogieron para alimentar y educar.

Pero también resulta vomitivo el manoseo político que la oposición hace de la espantosa muerte de los ocho niños. Los mismos que en el proceso de paz ignoraron a los menores guerrilleros ahora se rasgan las vestiduras y vierten lágrimas de cocodrilo como si de verdad su suerte les quitara el sueño. ¿Dónde estaban cuando las Farc incumplían una y otra vez su promesa de no reclutarlos y entregar a los que tenían?

Les refresco la memoria de uno de tantos episodios donde optaron por el silencio. 24 abril de 2015. Vereda Buenos Aires, San José del Fragua, Caquetá. El Ejército combate con el frente 49 de las Farc. Detienen a siete menores de edad con fusiles y camuflado. Era la primera vez que vivían un enfrentamiento armado en el que pudieron haber caído todos.

Sin embargo, semanas atrás, el secretariado se había comprometido en La Habana a no reclutar más menores.

¿Qué pasó en aquel momento? Que solo lo mencionaron dos medios, y Santos y sus enmermelados aliados miraron para otro lado porque sus actuaciones solo responden a los intereses politiqueros del momento.

En todo caso, imposible no calificar de tragedia un bombardeo en el que mueren ocho menores. Pero esa terrible desgracia, culpa exclusiva del matón que los alistó, no resta legitimidad a la operación militar que tenía como objetivo a alias Gildardo, exguerrillero fariano de dilatada trayectoria criminal, que representaba un peligro real.

Gentil Duarte le encomendó la misión de reforzar varios frentes en el sur del país. Reforzar, pareciera que algunos lo olvidan, supone incrementar reclutamiento forzado de niños, extorsiones, asesinatos de civiles, líderes sociales y fuerza pública, masacres, desplazamientos y narcotráfico.

De hecho, el valiente personero de Puerto Rico, Caquetá, alertó en varias cartas dirigidas al Ejército sobre extorsiones de las disidencias a comerciantes y ganaderos, el desplazamiento de una familia porque sus hijos pagaban servicio militar y el alistamiento de menores de edad.

Inteligencia marcó el blanco de acuerdo con información confiable. Lo habitual es que un infiltrado coloque un dispositivo cerca de la diana y abandone el lugar. Horas más tarde, de noche, la Fuerza Aérea bombardea. 

Las bombas trocean cuerpos, arrasan con todo, no miran edades. Es el arma más temida por las bandas criminales y, al mismo tiempo, la que ofrece menor riesgo a los soldados y policías que nos cubren las espaldas. Si asaltan el campamento, pueden morir en el combate, caer en campos minados, desaparecer o ser secuestrados.

El ELN y las nuevas Farc-EP son grandes reclutadores de niños, cualquier bombardeo contra sus mandos puede segar vidas de pequeños. Incluso en los ataques terrestres existirá idéntico riesgo. Además, después de lo ocurrido, utilizarán más menores como escudos humanos, y tampoco los militares querrán correr el riesgo de pisar la cárcel por esos tristísimos “daños colaterales”.

En la erradicación, una parte del país optó por prohibir la fumigación aérea pese a que en la manual mueren y mutilan policías, soldados y civiles. Y en el combate a los capos, ¿qué hacer? ¿Cómo los confrontamos? ¿Cómo salvamos a los niños?

Ese proceso de paz quedó muy mal hecho.

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