opinión

Columna de Alejandro Cheyne García.
Columna de Alejandro Cheyne García. - Foto: Archivo particular

Parques Nacionales Naturales: más pedagogía y menos deforestación y actividades ilícitas

Es una experiencia única poder admirar la belleza de nuestra biodiversidad y la autorregulación ecológica, gracias a la entrega y el compromiso de quienes protegen los Parques Nacionales Naturales (PNN) de nuestro país.


Por: Alejandro Cheyne García

En este periodo de descanso y reflexión aproveché para visitar con mi familia el Parque Nacional Natural Chingaza, que cuenta con una extensión aproximada de 77.000 hectáreas. En este parque, ubicado en el departamento de Cundinamarca y del Meta, pude explorar nuevas alternativas de enseñanza e investigación para la academia. Es una experiencia única poder admirar la belleza de nuestra biodiversidad y la autorregulación ecológica, gracias a la entrega y el compromiso de quienes protegen los Parques Nacionales Naturales (PNN) de nuestro país.

Sin embargo, en medio de tanta riqueza natural y cultural, los 59 parques que hacen parte de los PNN, que cuentan en total con una extensión de más de 17 millones de hectáreas, enfrentan desafíos complejos que requieren de nuestra atención:

- Los cultivos ilícitos son unos de los principales temas de preocupación, pues en 15 de los PNN existen cultivos de coca y deforestación —La Macarena (Meta), Paramillo (Córdoba y Antioquia) y Nukak (Guaviare), son algunos de ellos— de acuerdo con el Informe 2021 Parques Nacionales: Cómo Vamos. El narcotráfico se ha aprovechado de la extensión y ubicación de varios PNN, así como de algunas condiciones de su normatividad para sembrar cultivos ilícitos y mantener su negocio. El impacto del narcotráfico en el ecosistema es bastante grave, pues la siembra y expansión de estos cultivos implican deforestación y fragmentación de hábitat y, por ende, incalculables repercusiones ambientales, además de la presencia de grupos ilegales y una violencia permanente. Así, en los algunos PNN se han evidenciado atentados terroristas, presencia de minas antipersonales, desplazamientos e incluso casos en los que guardaparques han perdido su vida, como es el caso del Cocuy Chiribiquete, la Paya y Puré. Por esto, es muy importante lograr un consenso sobre las estrategias prioritarias para erradicar los cultivos ilícitos en los PNN y garantizar la protección de la biodiversidad y, por supuesto, lograr un compromiso con la seguridad de las personas que viven, trabajan y visitan estos parques.

- La deforestación causada por ampliación de la frontera productiva para actividades ganaderas representa otra amenaza para los PNN, ya que reemplaza hectáreas con riqueza de biodiversidad por pastizales, como se ha denunciado en diferentes oportunidades en el PNN de Chiribiquete.

Esta deforestación no solo tiene impactos en la mitigación del cambio climático, sino que, en un país megadiverso como Colombia, representa la pérdida de áreas de estratégicas de conectividad biológica. Recientemente, investigadores de la Universidad del Rosario mostraron cómo el megacorredor biológico formado por los PNN Picachos, Tinigua, Macarena y Chiribiquete está bajo inminente riesgo de erosión por la expansión agrícola. Este corredor es el último puente natural en el mundo que conecta la biodiversidad de los Andes con la de la Amazonia, y su pérdida amenaza la conexión de la biodiversidad y el intercambio de genes entre estas dos regiones. El Instituto Colombiano Agropecuario y el Instituto Alexander von Humboldt son aliados muy importantes para identificar y controlar los territorios afectados. Sin embargo, considero que la solución está en desarrollar estrategias pedagógicas enfocadas en las comunidades locales, especialmente en la población más joven, para generar conciencia del daño que se está causando, pero, además, es fundamental generar estrategias de sostenimiento más atractivas que la ganadería para estas comunidades.

- Resulta contradictorio que, en medio de tanta riqueza natural, las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas que habitan los PNN sufran de pobreza. De acuerdo con el informe 2021 de PNN, 63 % de sus habitantes viven en pobreza, razón por la cual es de carácter crítico la definición de nuevas fuentes de ingresos para estas comunidades, lo cual requiere del análisis de buenas prácticas en otros países como Costa Rica o Tailandia. En estos países, las comunidades han aprovechado las ventajas económicas de las áreas protegidas para plantear iniciativas económicas sostenibles en donde la conservación y la protección de la biodiversidad, además del bienestar económico, sean convergentes.

Las oportunidades para la consolidación del sueño de los PNN, que empieza en 1960 con la Cueva de los Guácharos en 1960, son extraordinarias, pero requieren de:

- La participación y el compromiso con la biodiversidad de todos los actores de la sociedad civil, la academia, las ONG, los empresarios, el gobierno nacional y, por supuesto, de los jóvenes en Colombia para detener las amenazas de su sostenibilidad para las generaciones futuras. Esto, teniendo en cuenta que el trabajo para cuidar los PNN es descomunal, solo por citar el tamaño del desafío observamos parques como Chiribiquete con más de 4 millones de hectáreas, Malpelo con 2.7 millones de hectáreas, la Sierra de La Macarena con 620 mil hectáreas, entre otros, distribuidos en nuestro territorio nacional, con ecosistemas, fenómenos climáticos, comunidades y condiciones socioeconómicas totalmente diferentes.

- Un acompañamiento pedagógico para informar sobre los parques, pues muchos colombianos realmente no conocemos los PNN ni sus impactos en la calidad de vida de cada uno de nosotros.

Pocos conocemos cómo estas áreas ayudan a la mitigación del cambio climático, garantizan el suministro de agua y la calidad del aire, contribuyen a la prevención de riesgos geológicos y meteorológicos, son reservorios de recursos genéticos, entre muchos otros beneficios. Es por esto que es muy importante reconocer e identificar a las organizaciones que contribuyen a la defensa de los Parques Nacionales Naturales y son los jóvenes quienes deben liderar esta iniciativa con el acompañamiento de las universidades y estrategias de innovación pedagógica para incorporar la dimensión ambiental en el corazón de todos nosotros, aprovechando su sensibilidad por el cambio climático y los temas medioambientales.

- Un acompañamiento a las comunidades que viven en los PNN, reconociendo y respetando su diversidad, como es el caso de los resguardos indígenas, las comunidades afrodescendientes, entre otras. Tenemos mucho que aprender de ellos, su sabiduría y su relación con la naturaleza.

- Una mayor comprensión de la riqueza de nuestros 59 parques que hacen parte del PNN, a través de proyectos investigación que caractericen su flora, fauna y recursos genéticos, identifiquen las mayores presiones sobre estas áreas naturales, cuantifiquen los servicios ecosistémicos en los diferentes PNN y caractericen la dinámica social y cultural de las comunidades que habitan las áreas protegidas. Estos grandes retos sin duda implicarán un trabajo más coordinado entre la academia y PNN, a través de convenios y proyectos de investigación conjuntos.