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Opinión

  • | 2018/08/04 18:15

    Pobre Duque

    No exagero en decir que esta es la primera vez que un presidente electo asume el poder sin ser el centro gravitacional de su futuro gobierno.

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No voté por Iván Duque, pero quiero que la vaya bien en su gobierno. Por eso me afana que su figura presidencial haya sido eclipsada por la del “presidente eterno” de forma tan prematura.

La semana anterior a su posesión, que generalmente es el momento estelar en que el presidente electo concentra todas las miradas, fue opacada por el protagonismo del expresidente Uribe, sobre todo luego de que la CSJ decidió abrirle una investigación formal en su contra.

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Su posesión pasó casi a un segundo plano, lo mismo que sus propuestas y su agenda. Su nuevo gabinete fue noticia de un día y sus pocas propuestas como la que hizo hace poco ante los alcaldes –la de que va a convocar un referendo para proponer cadena perpetua a violadores y a los asesinos de niños– fueron rápidamente desplazadas por los trinos del presidente eterno y su corte, que ahora se pavonean por las redes y por la escena pública amenazantes, matoneando y agrediendo a los críticos de su “presidente eterno” y a los partidarios del acuerdo de paz  como si fueran la nueva plaga.

Por el bien del país y de todo lo que está en juego, espero que Iván Duque reencuentre su voz y su luz. Necesita de todo eso y más para resistir lo que se le viene encima.

A pocas horas de su posesión, la propuesta de Duque de plantear un acuerdo nacional para cesar la polarización ha quedado prácticamente aplastada por el discurso radical e incendiario del uribismo radical que anda haciendo exactamente lo contrario: recrudeciendo los odios, afilando venganzas e imponiendo a sus alfiles en los puestos claves del Estado, sin que Duque pueda tener mayor margen de maniobra. (La prueba ácida será la elección de contralor en la que el uribismo radical quiere imponer al cuestionado dirigente de Fedegán  José Félix Lafaurie).

Para colmo, desde que la Corte Suprema de Justicia decidió abrirle una indagación al expresidente Uribe su figura se ha ido invisibilizando aún más, al extremo de que su más importante declaración no ha sido para señalar los nuevos derroteros de su gobierno, sino para salir a decir que su “presidente eterno” es inocente de los delitos por los cuales lo investiga la corte; una salida no muy afortunada para un presidente electo que siempre se presentó en su campaña  como el gran defensor de las instituciones. Fue más importante la noticia en torno a si Uribe renunciaba o no al Senado que los anuncios de su nuevo gabinete y las reuniones y guiños que hizo días antes de su posesión.

No ha asumido sus funciones y ya Uribe lo puso a tener que escoger entre él y la Corte Suprema de Justicia. ¿Qué va a hacer el presidente Duque ante este dilema? Si opta por defender a Uribe, puede terminar como Maduro acabando con la independencia de la rama judicial; y si opta por defender la justicia y la institucionalidad, puede ser visto como un traidor por parte del uribismo radical.  ¿Hasta dónde va a llegar su fidelidad con Uribe si esta va en contra del interés nacional y del Estado de derecho?   

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Si esto le sucedió sin haberse posesionado, no me imagino qué le puede ocurrir cuando llegue a ocupar el solio de Bolívar y constate que el protagonista de su gobierno no es él, sino su “presidente eterno”.   

No exagero en decir que esta es la primera vez en muchos años que un presidente electo asume el poder sin ser el centro gravitacional de su futuro gobierno. Y también es claro que el desafío que va a enfrentar Duque no lo ha vivido ni el propio Juan Manuel Santos. El Uribe que supuestamente Santos “traicionó” era mucho menos poderoso. Hoy el expresidente es un senador de la república, jefe y fundador del Centro Democrático, la nueva derecha colombiana que además tiene el 30 por ciento de los escaños en el Congreso, es decir, es el “presidente eterno”. Este Uribe, recargado, que tiene sed de venganza y que además enfrenta hoy una investigación en la Corte Suprema de Justicia, es el que le va a respirar en la nuca al presidente Duque todas las mañanas.

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Por el bien del país y de todo lo que está en juego, espero que Iván Duque reencuentre su voz y su luz. Necesita de todo eso y más para resistir lo que se le viene encima. 

Escuche aquí la columna completa:

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