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Opinión

  • | 2019/02/11 10:42

    Expresidente Uribe: ¿De nuevo a las armas?

    … armar a los ciudadanos es una trampa, un dulce envenenado para la inmadurez nacional.

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Con la idea de que los civiles se armen, pretendiendo que haya libertad de comercialización y porte de armas, llegaremos a tener tiendas que promocionen las últimas tendencias de pistolas, ofertas de dos x uno y desde luego mercancía importada.

Eso, es sobretodo abrir la puerta del horror.

Al cierre del 2018 y durante la sesión del Consejo nacional de Paz y Reconciliación CNPR, en nombre de la Campaña Colombiana Contra las Minas Antipersonal CCCM, entregué al presidente Iván Duque una solicitud escrita para que prorrogará el decreto que prohíbe el porte de armas para los civiles en el territorio nacional.

Se hizo así. La solicitud y el llamado hecho desde diferentes ONG y sectores políticos fue atendida.

El objetivo no era sólo dar continuidad a una decisión exitosa del gobierno Santos, sino enfrentar la iniciativa parlamentaria que, desde el Centro Democrático, promueve la idea de que en Colombia se pueda comercializar armas por particulares.

Ahora luego de que el jefe político del gobierno, Álvaro Uribe, dijera que el ministro de Defensa debe hacer una reglamentación flexible de ese decreto, atendiendo el reclamo de personas del Cesar que han manifestado cómo al salir desde Valledupar a Bosconia vienen siendo asaltadas e incluso algunas asesinadas, a muchos les puede parecer razonable.

Pero armar a los ciudadanos es una trampa, un dulce envenenado para la inmadurez nacional.

Antes que flexibilizar el decreto lo que debe reclamarse es que las fuerzas armadas actúen en ejercicio de su monopolio constitucional de la fuerza, y controlen el área para que los valduparenses no piensen en defenderse con mano propia o alquilada, como si viviéramos los tiempos del viejo oeste norteamericano, o del paramilitarismo criollo.

Desde fines de los 70s e inicios de los 80s el argumento con el que una parte del liderazgo político nacional y de departamentos como Antioquia, Boyacá, Caldas, Cundinamarca y Tolima impulsaron a la brigada XIV en Puerto Berrio, para armar a los ciudadanos que integraban la asociación de campesinos y ganaderos del Magdalena medio ACDEGAM, era que debían defenderse de las FARC y ayudar a los miembros del ejército y policía a destruirlas.

Así se crearon los paramilitares del Magdalena Medio. El resultado de esa decisión institucional lo conocemos todos.  

Sólo para recordar, escribo las palabras: masacre, desplazamiento, violaciones, prostitución, decapitación, robo de tierras, oficiales de ejército, policía, DAS, jueces y alcaldes corruptos, corrompidos, Luis Carlos Galán, dolor y más dolor y un largo etcétera que parece olvidar hoy en su condición de ex presidente, el senador Álvaro Uribe.

Debería ser suficiente pensar en ello para no repetir una historia que muchos colombianos de esas generaciones conocemos bastante bien.

Como producto de los vientos de paz que airearon brevemente al país en los 90s, las Autodefensas del Magdalena Medio desaparecieron por un proceso de sometimiento que impulsamos durante el gobierno Gaviria, violencias a su interior por las disputas entre los carteles de Cali y Medellín.

Al tiempo que esto ocurría, con apoyo del cartel del norte del valle, empresarios rurales y de nuevo políticos regionales y nacionales, tomó cuerpo al norte del país la autodefensa de Córdoba y Urabá ACCU, en articulación con miembros de las FFAA como se ha probado por parte de la justicia.

Esas ACCU luego de otro horror repetido, llegaron a su fin cuando el presidente Uribe y Luis Carlos Restrepo abrieron el escenario de negociación que les puso fin bajo el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia AUC.

No terminó la violencia con esas negociaciones, orientadas personalmente por Álvaro Uribe, pero se alivió en mucho el dolor de nuestro país.

Alivio semejante viven hoy comunidades enteras a lo largo de la geografía nacional, luego del acuerdo firmado por el presidente Santos con las FARC EP que también llegaron a su fin.

¿Porque reeditar el desenfreno que producen las armas en manos de civiles que se sienten o están amenazados?

¿Por qué abrir la puerta a que regrese la violencia de las presunciones?

Convierta este reclamo en oportunidad para fortalecer con su liderazgo el poder institucional. Facilite que las distintas líneas de mando de las fuerzas armadas se ajusten al estado de derecho garantizando el monopolio de las mismas en sus manos y no intermediadas por civiles independiente de la catadura moral o calificación económica que tengan.

El vecindario está inundado de armas en manos de civiles. No puede ser bueno aquí lo que lamentamos allá.

Nadie más que Álvaro Uribe mismo para convencerse de su equivocación.

El ex presidente hoy senador debe actuar en justicia con el futuro y no reeditando el pasado.

@alvarojimenezmi

ajimillan@gmail.com

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