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Opinión

  • | 2018/05/09 09:56

    Cuando de lo que se trata es de engañar

    Si algo sabe hacer el uribismo es engañar y decir mentiras. Uribe ha sido un gran político, no tanto porque convence a la gente de sus postulados o ideas, sino porque le dice a la gente lo que ellos quieren oír.

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Tal vez el mejor ejemplo de esto sea la destrucción que causó Álvaro Uribe de las condiciones laborales de decenas de miles de colombianos. El uribismo se ha vendido como el salvador de la clase trabajadora y de los pobres, les ha vendido el discurso de que ellos evitarán que nos volvamos una Venezuela. Pero les quiero mostrar cómo durante sus gobiernos lo que hizo fue desmejorar las condiciones laborales y quitarle garantías a los trabajadores. O en otras palabras, expropió los derechos laborales que durante años de lucha habían conquistado los trabajadores.

El primer ejemplo es la Ley 789 de 2002, esta ley fue la puerta de la flexibilización laboral, según el gobierno Uribe la idea era generar mayores ganancias a la empresa privada y ello, supuestamente, crearía nuevos puestos laborales mediante la inversión de los recursos ahorrados. Al final, esto no pasó, pero lo que sí sucedió es que las garantías laborales desmejoraron. La lógica de fondo es terrible, y es que según este modelo entre peores condiciones laborales mejor la economía, a eso le llaman mejoras en la competitividad.

Pero en el largo plazo e incluso en el mediano plazo, si bien mejorar la competitividad es importante, con reducir el bienestar laboral lo que se causa es una contracción en la economía nacional, ya que los trabajadores pierden capacidad adquisitiva, pues no aumentan ingresos y no tiene tiempo libre para gastar dinero, es decir, no hay consumo. Esta ley en el artículo 25 amplió el horario de la jornada laboral diurna de 6 a.m. hasta la 10 p.m., a esto se llamó horario ordinario y eliminó el pago de horas extras para todos aquellos que se quedaran en su trabajo más allá de las 6 de la tarde y hasta las 10 de la noche.

Además, el artículo 26 de la misma ley redujo los pagos adicionales por trabajos en domingos y festivos. Por último, el artículo 28 configuró una disminución frente a los pagos que los empleadores deben dar a los empleados por los despidos sin justa causa. En todo caso la ley no contenía ningún tipo de incentivo u obligación para que las empresas utilizaran los nuevos recursos sobrantes para generar mayor empleo. De tal manera que el desempleo no disminuyó, los trabajadores ganaron menos y las empresas más.

Luego vino la Ley 797 de 2003, que fue la reforma pensional, en la cual en vez de mejorar la formalización laboral, lo que hizo fue aumentar las edades para pensionarse y las semanas que se debían cotizar. Además se endurecieron las medidas para conseguir pensiones de invalidez y de sobreviviente. Al final la ley, en la medida que no generaba ningún incentivo para contrarrestar la carga impositiva en los sueldos de los trabajadores, lo que hizo fue dificultar la entrada de la mano de obra al sistema pensional por el costo que suponía para ellos e incluso surgieron un montón de mecanismos para evitar el pago de la cotización.  

Lo que hizo Uribe fue pauperizar o lumpenizar las condiciones laborales, expropiar los derechos que había conseguido la lucha sindical, todo ello lo hizo bajo el prepuesto de que empobreciendo a los pobres iba a mejorar la economía, con la lógica de que los ricos entre más ganan más van a redistribuir. Pero la lógica, es diferente si al trabajador se le mejora el sueldo y se le da tiempo libre, ellos van a consumir más y la economía se va dinamizar. Pero todo esto lo hizo, en medio de discursos de guerra y de derrotar a las Farc militarmente, cosa que tampoco logró. Ahora con el discurso del castrochavismo y la evitar volvernos una Venezuela, tiene ideas similares. Nuevamente los pobres serán los paganos pero los distraerá con un  monstruo que no existe. Y como buenos populistas lograrán que los pobres le sigan agradeciendo por haberlos empobrecido.

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