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Infraestructura sostenible: clave para proteger el río Bogotá

Tres expertos del sector se dieron cita en este encuentro digital del Grupo Río Bogotá para hablar del principal afluente de la capital, qué lo afecta y como mitigar los daños.


En el siglo XX, la realidad del río Bogotá cambió totalmente por cuenta del crecimiento poblacional, la urbanización y el desarrollo económico acelerado en el territorio. Estos factores, sumados a la falta de cultura ambiental y de sentido de pertenencia de los habitantes, provocaron una hecatombe ambiental en cuestión de años, que acabó por completo con lo que alguna vez fue el afluente sagrado de los muiscas.

La recuperación del río Bogotá y de todos los ecosistemas de su cuenca se convirtió en un tema clave en la agenda nacional y en una obligación para las industrias, habitantes y los sectores público y privado, que tienen influencia en este territorio.

La cuenca hidrográfica del río Bogotá es una de las más ricas de Colombia, pues concentra el 32 % del PIB y el 26 % de la producción agropecuaria del país. Es por eso que, en lugar de frenar el desarrollo, los diferentes sectores deben promoverlo de manera responsable, sostenible y, sobre todo, de cara a este afluente.

Es por eso que Semana y el Grupo Río Bogotá, con apoyo de Opain, concesionario del aeropuerto El Dorado, llevaron a cabo un encuentro digital para hablar sobre un tema que puede resultar clave a la hora de recuperar el río Bogotá y los ecosistemas de su cuenca: la infraestructura sostenible, aquella que, entre otras cosas, busca lograr un equilibrio entre el desarrollo y la protección del medio ambiente.

La conciencia ambiental y la articulación entre todos los sectores que influyen en la cuenca del río Bogotá es clave para lograr su recuperación. Foto: Nicolás Acevedo
La conciencia ambiental y la articulación entre todos los sectores que influyen en la cuenca del río Bogotá es clave para lograr su recuperación. Foto: Nicolás Acevedo - Foto:

El Facebook Live Infraestructura Sostenible: clave para proteger el río Bogotá, reunió a tres expertos del sector de la infraestructura y la construcción en el país: Mauricio Ossa, presidente de Odinsa, de la junta directiva de Opain y de la junta de la Cámara Colombiana de la Infraestructura; Natalia Arroyave, especialista técnica senior del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), experta en recursos hídricos y en gestión integral de los servicios públicos; y Manuel Felipe Gutiérrez, presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).

La conversación fue de lo general a lo particular, para conocer cómo está, tanto el país como la cuenca hidrográfica del río Bogotá, en materia de infraestructura sostenible.

Mauricio Ossa, por ejemplo, recalcó que la sostenibilidad y la infraestructura deben ir de la mano y aplaudió que el río Bogotá cobre cada vez más importancia en la agenda nacional. “Celebro enormemente que haya una gran conciencia del río Bogotá en la actualidad. Creo que este es el gran eje entre el distrito y Cundinamarca y todos los que estamos a lado y lado del afluente tenemos una gran responsabilidad”, expresó el presidente de Odinsa.

De otro lado, Natalia Arroyave se refirió a la importancia de la infraestructura sostenible para los territorios, especialmente aquellos asentados en una cuenca hidrográfica, como la del río Bogotá. Explicó, además, las consecuencias de la urbanización en una cuenca. Una de ellas es la impermeabilización de suelos, es decir que, por cuenta del cemento, el agua lluvia que cae escurre y causa inundaciones, en lugar de infiltrarse de forma natural en el suelo.

“La infraestructura verde incorpora en todos estos componentes urbanos como edificios, vías y equipamientos, unos sistemas que simulan las condiciones naturales de esas cuencas que soportan las ciudades. Por ejemplo, aporta una mayor capacidad de infiltración de las aguas en el subsuelo de manera que se mitiguen un poco los impactos con sistemas urbanos de drenaje sostenible, jardines de lluvias, techos verdes, entre otros”, explicó la especialista técnica senior del CCCS.

Según expertos, los suelos de la cuenca del río Bogotá son los más cultivables del país.
La impermeabilización de suelos, por cuenta de la urbanización, impide que el agua se infiltre naturalmente a los suelos y, en su lugar, puede causar inundaciones. - Foto: Mariana Estrada

Manuel Gutiérrez, presidente de la ANI, por su lado, anotó que “los proyectos se pueden desarrollar de manera tal que coexistan y convivan con la protección del medio ambiente”. Agregó, además, que la sostenibilidad es uno de los principales pilares en los proyectos de quinta generación, no solo la ambiental, sino la sostenibilidad social y financiera.

Para ello mencionó diferentes megaproyectos como el viaducto de la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena, el cual se construyó sobre un manglar y que utilizó nuevas tecnologías para que el impacto del proyecto fuera mínimo. Este, según explicó, además de desembotellar el norte de Cartagena, permitió que las aguas circularan mejor.

Así mismo, habló sobre la segunda fase de Accesos Norte, proyecto ubicado en la cuenca del río Bogotá, con el cual van a hacer un gran viaducto que levantará la autopista norte y ayudará a reconectar el humedal Torca Guaymaral, muy afectado por la construcción de esta vía en los años 50, cuando la protección del medio ambiente no era primordial. “Vamos a desembotellar el norte de Bogotá y permitir el desarrollo en la autopista norte sin afectar el medio ambiente. De hecho, vamos a generar impactos positivos en este”, explicó el presidente de la ANI.

Y finalmente, se refirió al proyecto de quinta generación del Canal del Dique en el que, según afirmó, son más los beneficios ambientales que en la movilidad. “Es enorme la inversión para que justamente el proyecto ayude a restaurar los ecosistemas. Apenas se construya la infraestructura allí, el agua en la bahía de Cartagena va a empezar a cambiar de color y vamos a tener un impacto, por ejemplo, en los parques nacionales cercanos porque al contener la sedimentación van a cambiar las condiciones para bien”, explicó Gutiérrez.

Accesos Norte II ayudará a reconectar el humedal Torca Guaymaral, muy afectado por la construcción de esta vía en los años 50, cuando la protección del medio ambiente no era primordial.
Accesos Norte II ayudará a reconectar el humedal Torca Guaymaral, muy afectado por la construcción de esta vía en los años 50, cuando la protección del medio ambiente no era primordial. - Foto: Cortesía Agencia Nacional de Infraestructura

Por otro lado, Ossa afirmó que “no hay ningún territorio colombiano vedado para que se pueda dar una infraestructura sostenible”, y que cada vez son más los proyectos que buscan proteger el entorno, como el caso del aeropuerto El Dorado que es vecino del río Bogotá y cuya infraestructura ayuda a la preservación del agua y la biodiversidad.

Esto lo hacen a través de recolección de aguas lluvias para reusarlas en los baños, el tratamiento del recurso hídrico en su Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, el manejo integral de residuos sólidos, la identificación de ecosistemas vecinos y manejo de fauna. La energía renovable también es clave, pues el 12 % de esta proviene de más de 10.000 paneles solares instalados en la cubierta de la terminal aérea.

De igual forma, comentó que en los próximos meses van a controlar el consumo de plásticos en el aeropuerto y, a través de la metodología ACDM, articularán a las aerolíneas, los itinerarios de vuelo y la plataforma, para reducir el tiempo de espera de los aviones en las pistas y así mitigar la contaminación derivada de los aviones en el proceso de carreteo.

Ptar de El Dorado transforma el agua
La Ptar de El Dorado contribuye al saneamiento del río Bogotá pues permite que las aguas que llegan a este afluente hídrico sean previamente tratadas. Foto: Aeropuerto El Dorado. - Foto: Aeropuerto El Dorado

“Queremos motivar a todos aquellos que están en la ribera del río Bogotá a que se sumen a esta iniciativa. Este afluente es de todos, tenemos que trabajar por él, devolverle la calidad que nos aporta y pensar en un trabajo de largo aliento que nos asegure que este cuerpo de agua y el ecosistema se restablezca como debe ser”, agregó Ossa.

La pandemia y su impacto en este sector también fue un tema de conversación en el encuentro digital. Natalia Arroyave, por ejemplo, explicó que esta situación evidenció la brecha que existe entre la construcción informal y formal del país y las consecuencias que esto tiene para los recursos naturales.

“Un 40 y 50 % de viviendas se realizan de manera informal con todos los impactos y los efectos que esto puede traer sobre la calidad de vida de las poblaciones. Esto pone de relieve la necesidad de implementar medidas de construcción sostenible en todos los entornos, sobre todo en las poblaciones más vulnerables”.

Agregó, por ejemplo, que de cada 100 viviendas construidas en 2019 y 2020, 44 fueron de interés social (VIS) o prioritario, para las cuales es optativo incorporar medidas de eficiencia en el consumo de agua y en el consumo energético, lo cual fomenta la construcción tradicional que poco contempla la protección del medio ambiente.

“No puede ser que las políticas públicas que mejoran los entornos urbanos, que aumentan el rendimiento y ahorro en consumo de agua y energía estén orientadas solamente a la construcción formal, porque es claro que la construcción informal en Colombia tiene un peso considerable”, dijo Arroyave.

El 70 % del agua que abastece a Bogotá y municipios aledaños viene del embalse de Chuza, ubicado en Chingaza.
El 70 % del agua que abastece a Bogotá y municipios aledaños viene del embalse de Chuza, ubicado en Chingaza. - Foto: Cortesía CAR

Gutiérrez, por su lado, explicó que los mayores retos están al momento de corregir construcciones existentes, con una antigüedad de más de 50 años, que justamente se realizaron de manera artesanal y sin tener en cuenta el cuidado del entorno. “Este es un país donde el desarrollo de infraestructura hace décadas se hacía de manera bastante artesanal, muchas veces por falta de recursos, entonces hay unos impactos grandes que debemos mitigar y corregir. Es ahí donde nuestros proyectos tienen un impacto transformacional”, explicó.

De otro lado, Arroyvae explicó que lo ideal es que las ciudades asentadas en una cuenca hidrográfica, como Bogotá, puedan abastecerse de sus servicios ecosistémicos. Sin embargo, en algunos casos, por cuenta de los impactos ambientales esto no es posible y es necesario recurrir a otra cuenca.

La capital y municipios aledaños como Cajicá, Chía, Cogua, Cota, Gachancipá, Nemocón Sopó, Tabio, Tenjo y Zipaquirá, reciben aproximadamente el 70 % de su agua potable de los embalses de Chuza y San Rafael, ubicados en el páramo de Chingaza, una zona compartida con la Orinoquia.

“Lo que hacemos es un trasvase de cuenca, pues traemos cerca del 70 % del agua de la cuenca de la Orinoquia. El problema es que no retornamos el recurso hídrico usado a su fuente de origen, sino que va a parar al río Bogotá sin ningún tratamiento llevándolo prácticamente a la muerte. Cuando entre en funcionamiento la PTAR Canoas tendremos un alivio a la criticidad”, explicó la experta en el uso del agua.

Si bien los panelistas coincidieron en que aun hay muchos aspectos por mencionar en materia de infraestructura sostenible, también afirmaron que el país va por buen camino y la sostenibilidad es un aspecto cada vez más importante en los pilares de un proyecto o planeación del territorio.

Así mismo, quedó en evidencia la relevancia que tiene el recurso hídrico en el desarrollo de una territorio y la necesidad inminente de mejorar las políticas públicas para garantizar su protección a la hora de construir en una cuenca, como la del río Bogotá.